Un órgano de gobierno posbélico que no cuenta con el apoyo de Arabia Saudita e ignora el poder en la sombra de Hamás es poco probable que logre estabilidad o seguridad.
Itongadol/Agencia AJN.- (The Times of Israel – Shaike Komornik*) La propuesta de Donald Trump de crear un “Board of Peace” (Consejo de Paz) internacional para supervisar el futuro de la Franja de Gaza después de la guerra es audaz, llamativa y profundamente problemática.
Si bien la idea pretende llenar el vacío de gobernanza que surgirá tras el cese de los combates, su viabilidad es cuestionable dada la política regional, las líneas rojas de Israel y las duras lecciones de experimentos previos en Medio Oriente.
En el corazón del plan está un marco multinacional, que según los informes involucraría a actores regionales e internacionales, encargado de estabilizar Gaza, gestionar la reconstrucción y prevenir el regreso de Hamás.
En teoría, responde a una necesidad real: ni Israel ni la Autoridad Palestina (AP) están dispuestos o son capaces de gobernar la Franja por sí solos, y la comunidad internacional desconfía de una tutela abierta e indefinida. Sin embargo, la composición de dicho consejo podría determinar si se convierte en una solución o en otro fracaso.
La objeción clara de Israel a la participación de Turquía y Qatar no es un detalle menor; afecta el núcleo de la propuesta. Ambos países mantuvieron estrechos vínculos políticos con Hamás a lo largo de los años. Doha acogió a líderes de Hamás y proporcionó asistencia financiera a Gaza, mientras que Ankara brindó apoyo ideológico y diplomático.
Desde la perspectiva israelí, involucrar a cualquiera de estos Estados corre el riesgo de legitimar indirectamente a Hamás y permitir que sobreviva políticamente, incluso si su poder militar se ve reducido. Ningún gobierno israelí, y mucho menos en la realidad posterior al 7 de octubre, puede aceptar un marco que permita que actores favorables a Hamás determinen el futuro de la Franja.
Igualmente revelador es quién no está en la mesa: Arabia Saudita. La ausencia de Riad no es accidental. El Reino mostró poco interés en asumir la responsabilidad sobre el enclave costero palestino, un territorio sinónimo de conflicto intratable, crisis humanitarias y fracaso político. Más importante aún, Arabia Saudita no desea verse involucrada en un proyecto que podría colapsar y dañar su posición regional.
A diferencia de Egipto o Jordania, Gaza no ofrece a Riad profundidad estratégica, y a diferencia de la normalización con Israel, no presenta beneficios diplomáticos claros. Sin el peso político y el músculo financiero saudí, cualquier consejo internacional tendrá dificultades para ganar legitimidad en el mundo árabe.
No obstante, quizás la preocupación más seria es el riesgo de replicar el modelo libanés. En Líbano, Hezbollah no gobierna formalmente, pero ejerce un poder decisivo tras bambalinas, militar, político y social, socavando al Estado y cualquier esfuerzo internacional de estabilización.
Un Consejo de Paz en Gaza que se concentre únicamente en la gobernanza superficial sin desmantelar las redes de Hamás podría producir un resultado similar: Hamás ausente de los ministerios, pero presente en todos los lugares que realmente importan. Tal arreglo cumpliría con la apariencia internacional mientras consolida la inestabilidad a largo plazo y representa una amenaza renovada para el Estado judío.
El instinto de Trump de pensar a lo grande es característico, y la idea de un mecanismo regional no es inherentemente errónea. Pero sin actores creíbles y neutrales, sin participación saudí y sin garantías absolutas de que Hamás no mantendrá el control en la sombra, el Consejo de Paz corre el riesgo de convertirse en otra iniciativa bienintencionada que ignora las realidades de Medio Oriente.
En Gaza, el peligro no es solo el caos, sino el caos gestionado, donde el antiguo poder sobrevive bajo un nuevo nombre. Cualquier plan que no confronte esta verdad probablemente no traerá paz.
*: Shaike Komornik es el exeditor de noticias en la radio IBA en árabe y editor jefe de plataformas digitales en árabe en IBA e IPBC. Es miembro de la presidencia del Consejo de Prensa de Israel, miembro del consejo directivo de la Asociación de Periodistas de Jerusalem y del consejo directivo de la Asociación de Traductores de Israel.

