Inicio Opinión Israel y la Junta por la Paz: cuando la flexibilidad es más fuerte que la rigidez. Por León Halac

Israel y la Junta por la Paz: cuando la flexibilidad es más fuerte que la rigidez. Por León Halac

Por M S
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Itongadol/Agencia AJN.- La nueva iniciativa de Trump no reforma la ONU: la desplaza. Y la decisión de Netanyahu de entrar no fue una concesión, sino un movimiento estratégico para cambiar el lugar donde se decide el futuro.

Durante décadas, Israel habló en una sala llena de gente, pero vacía de poder.

La ONU se transformó en un ritual predecible: mayorías automáticas, condenas automáticas, resoluciones sin consecuencias y una narrativa siempre inclinada en la misma dirección. Allí se vota, pero no se decide.

Por eso, la creación de la Junta por la Paz, impulsada por Donald Trump, no es un gesto simbólico. Es un cambio de arquitectura política. Y la decisión de Netanyahu de aceptar la invitación —aun sabiendo quiénes son Qatar y Turquía— fue correcta.

No por ingenuidad. Por realismo. Israel entra en la Junta para correr el centro de gravedad de las decisiones.

La ONU seguirá existiendo, pero su capacidad de imponer marcos se debilita cuando surgen foros alternativos donde el poder real se ejerce. En política internacional, lo decisivo no es quién habla, sino dónde se decide.

El sesgo estructural que la Junta elimina desde el origen

La ONU no está sesgada por accidente, sino por diseño. En la Asamblea General, países sin peso político, económico ni estratégico votan con el mismo valor que democracias consolidadas, formando bloques que responden a alineamientos ideológicos, religiosos o financieros.

Israel enfrenta allí una mayoría construida de antemano: más de 50 países con mayoría islámica, bloques africanos dependientes, países presionados por intereses económicos, los bloques chino y soviéticos más las democracias occidentales condicionadas por sus propias disputas internas.

No es un error del sistema. Es su fundamento. La Junta evita ese vicio desde el inicio: no hay bloques automáticos, no hay votos sin responsabilidad. Solo actores con poder real y consecuencias reales.

Enemigos sentados en la mesa, bajo control

Qatar y Turquía son enemigos de Israel. Pero enemigos sentados bajo liderazgo estadounidense son más previsibles que enemigos libres operando desde afuera. Trump no los invita por ingenuidad. Los encuadra. Los expone. Los obliga a elegir.

La decisión correcta de Netanyahu

Rechazar la Junta habría significado aislamiento y autoexclusión. Aceptar fue entrar en el espacio donde se construyen los marcos futuros. Netanyahu no cedió. Se movió. Y en política, moverse a tiempo es poder.

Trump no reforma: desplaza

Trump no intenta corregir sistemas fallidos. Los reemplaza por otros funcionales. Si la Junta crece, la ONU seguirá existiendo, pero perderá relevancia como escenario de hostigamiento automático contra Israel.

De Gaza al eje civilizatorio

Si el control se consolida y el terror se erradica, Gaza puede dejar de ser un símbolo de guerra para convertirse en el núcleo de un corredor turístico y civilizatorio sin precedentes:

Mediterráneo + Pirámides + Nilo + Esfinges + Vía Dolorosa + Jerusalem + Monte del Templo + reliquias arqueológicas + Hebrón + Galilea + Petra + Mar Muerto…

Una suma que ningún otro lugar del mundo puede ofrecer en un solo eje geográfico. El centro turístico más completo del planeta. Solo posible cuando el terror deja de ser la economía dominante.

En política internacional, la rigidez suele ser una forma elegante de perder. La flexibilidad, bien usada, es poder. Bibi Netanyahu ha demostrado sus condiciones de estadista con la suma de flexibilidad + poder.

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