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Helena Rubinstein: “La belleza es poder”

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Itongadol.- (Por Alicia Benmergui) Esta es la historia de una judía nacida en Polonia que cambió el concepto de belleza de la mujer en el Siglo XX , que transformó a la crema que creó en la base de un imperio mundial, al servicio de la mujer, con una mente abierta y desprejuiciada, el mismo que utilizó para crear una notable colección de arte. Es la historia de Helena Rubinstein.

Jaya Rubenstein nació en una familia ortodoxa en un pequeño pueblo cerca de Cracovia en 1872, la hermana mayor de 12 hijos, cambió su nombre hebreo a su equivalente griego más cercano, Helena, el icono de la belleza eterna. Pero, a diferencia de muchos judíos de su tiempo, ella se quedó con Rubinstein.

De hecho, su judeidad era central en su concepto ferozmente original de la belleza. A la edad de 18 años, Helena se rebeló contra la posibilidad de casarse mediante un arreglo matrimonial -"papàe estaba furioso" – y cerca de tres años más tarde se embarcó para Australia. Ella no podía haber elegido un mejor lugar para lanzar la panacea de su crema de belleza,Valazé. Desarrollada por su amigo el Dr. Jacob Lykuski, pronto se vendió en toda Australia donde el calor feroz afectaba la piel clara de las mujeres de los colonos.

Tenía su salón de belleza en Melbourne atestado de clientes gracias a la promesa de embellecimiento que era el signo distintivo de su marca. Lo suyo también era una búsqueda de autonomía, un camino a la libertad de expresión y por eso incluyó un llamamiento a las mujeres progresistas. Promovió la belleza como un bien alcanzable para todas, que se resume en su brillante axioma, "no hay mujeres
feas, sólo perezosas”.

Helena estaba lista para trasladarse a Europa y, en sus salones de Londres y París, desarrolló su instinto empresarial paralelamente con los movimientos de arte modernistas de principios del siglo XX. Logró reunir una colección de arte deslumbrante. Aparte de su impresionante colección de retratos – todo el mundo de Picasso (al que se le apareció por sorpresa en su casa provenzal) y de Andy Warhol, que la pintó – en el mejor momento de su vida. Guiada por su marido, Edward Tito, se dedicó con gran pasión a acumular obras de arte. Ilustraciones de Brancusi, Miró y Matisse, junto con obras de arte de África y Oceanía. Entre estos tesoros atemporales se cuentan las creaciones de Schiaparelli y Chanel, así como los anuncios más sorprendentes de sus productos.

Cuando abrió su salón en Londres, colgó una tela blanca. Pero, después de ver una producción de los Ballet Russes de Diaghilev, volvió al salón y lo cambió por otro que tenía los anaranjados vivos, azures y negros del "nuevo arte".

Utilizaba para hacer negocios su capacidad e inteligencia, y una mente abierta con una interpretación sutil de la belleza. Helena promovió su estilo de maquillaje y peinado con la figura de la exótica bailarina negra Josephine Baker. Sus ideas acerca de lo bello y hermoso carecían de prejuicios y estereotipos raciales.

En 1929, llegó a Estados Unidos. Allí, sus puntos de vista europeos – y su judeidad – estaban bajo cuestionamiento. Su rival era Elizabeth Arden, una WASP (blanca, anglosajona y protestante) que producía para un círculo cerrado que incluía a los duques de Windsor. La mirada de Arden era excluyentemente anglosajona y ella y su "corte" se deleitaban con un antisemitismo informal pero manifiesto.

Como admiradora del arte africano y de la imaginación audaz de los desnudos modernistas, Helena los desafió. Sus productos eran para todas las pieles y todos los tipos. Cuando se encontró con que se le prohibió comprar un departamento en Park Avenue porque era judía, compró el edificio.

Rubinstein era una celebridad que se construyó a sí misma. Con una estrategia de marketing basada en su inspiración, relacionó sus productos con el mundo del arte y creó la imagen que le hizo vender millones y transformó al sospechoso mundo de los cosméticos en un gran negocio internacional. Graham Sutherland, que pintó su retrato en 1957, la describió como "-Magnífica emperatriz, menuda y monosilábica, con el poder de un faraón egipcio. "

Su creación más grande fue ella misma, trasmitió su carisma a sus productos y proyectó en ellos su propia cara y su filosofía del mundo.
Sus hermanas participaron en su colosal imperio mundial –la única que se quedó en Polonia murió en el Holocausto. Para Helena Rubenstein, la belleza era de hecho, poder – por eso también coleccionó y difundió el modernismo en el siglo XX.

No está nada mal para una chica judía de Cracovia que se construyó a sí misma.

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