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La Universidad de Tel Aviv busca lograr la seguridad alimentaria a nivel mundial

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 Itongadol.- La importancia de la Universidad de Tel Aviv en el campo de la seguridad alimentaria fue reconocida a nivel nacional en mayo de 2013; cuando el gobierno israelí ha seleccionado al Prof. Hillel Fromm para liderar el nuevo Centro de Excelencia de Investigación (I-CORE) en  Adaptación de cultivos en ambientes variables.” Este grupo de investigación apoya el trabajo conjunto de científicos de cuatro universidades israelíes, junto con investigadores de la Universidad de Tel Aviv.

 
“Hace cincuenta años, la población mundial era de tres mil millones de personas, actualmente ascendemos a los siete mil millones. En el año 2050 la población mundial llegará a nueve mil millones. Tendremos que alimentar a estas personas en una época clave de disminución de los recursos –  incluyendo la tierra, el agua y los fertilizantes – mientras que es posible que también se deba lidiar con el desafío del cambio climático. Para producir una nutrición suficientemente adecuada para todos, tenemos que crear una   estrategia integrada junto a la investigación agrícola, con la economía, el derecho, las ciencias políticas y humanidades “, afirma el Prof. Chamovitz quien fue Director del “Manna Program in Food Safety and Security” de la Universidad de Tel Aviv (TAU)
 
Este enfoque interdisciplinario está en el corazón del Programa de “Manna Program in Food Safety and Security”, en donde convergen una amplia gama de  expertos para trabajar en la formación de la próxima generación de académicos y profesionales centrados en cuestiones relacionadas con alimentos. El programa ofrece MA / MSc y estudios de doctorado y una escuela internacional de verano – todo dictado en idioma Inglés. Las becas otorgadas por el “Manna Center for Plant Biosciences” están ayudando a llevar a estudiantes de todas partes del mundo al campus. A su vez, el capital inicial para proyectos especiales está permitiendo a los estudiantes de posgrado de Israel, llevar a cabo investigaciones relacionadas con la seguridad alimentaria en el extranjero. El objetivo, con mayúsculas: paso a paso hasta lograr la cobertura alimentaria total – y agregamos – con el liderazgo de la seguridad alimentaria israelí.
 
Maná del cielo: La conexión con Bill Gates 
 
Alcanzar esta meta se volvió un poco más fácil, gracias a una nueva asociación con la Fundación “Bill & Melinda Gates”, la mayor fundación benéfica privada   del mundo. Actualmente apoya la investigación en trigo en el Instituto para la Mejora del Cultivo “ Institute for Crop Improvement”. La Fundación Gates también está ayudando a conectar la universidad con personas y organizaciones que trabajan para mejorar la seguridad alimentaria en África. Un especialista en trigo de Uganda que está siendo patrocinado por Gates está por unirse a un laboratorio de la TAU  en breve.
 
“La Universidad de Tel Aviv es la única universidad en Israel, y una de las pocas en el mundo, que promueve la creación y difusión de estrategias prácticas para la seguridad alimentaria basada en un enfoque académico  verdaderamente integral”, dice Chamovitz. “La investigación se realiza en muchos de los departamentos de TAU – no sólo las ciencias agrícolas – esta fue una de las cosas que inspiraron a Bill Gates a involucrarse con nosotros.” 
 
La ciencia de la seguridad alimentaria 
 
La importancia de la Universidad de Tel Aviv en el campo de la seguridad alimentaria fue reconocida a nivel nacional en mayo de 2013; cuando el gobierno israelí ha seleccionado al Prof. Hillel Fromm para liderar el nuevo Centro de Excelencia de Investigación (I-CORE) en  Adaptación de cultivos en ambientes variables.” Este grupo de investigación apoya el trabajo conjunto de científicos de cuatro universidades israelíes, junto con investigadores de la Universidad de Tel Aviv.
 
Según Fromm, gran parte del trabajo del I-CORE implicará una nueva visión en la vieja cuestión sionista. En lugar de “hacer florecer el desierto”, estos científicos se centrarán en “desarrollar alimentos en el desierto.” “Con las tierras agrícolas del mundo mayormente explotadas, es vital promover el cultivo en entornos marginales”, dice. “El I-CORE ofrece cinco años de financiación   muy necesaria para que los investigadores puedan trabajar en aclarar los principios científicos básicos que rigen la adaptación de las plantas – principios que más tarde pueden ser incorporados en las nuevas técnicas de biotecnología para aumentar la producción de alimentos.”
 
El largo camino ha recorrido el Prof. Fromm en el examen de cómo las plantas se adaptan a condiciones agrestes, lo convirtieron en la elección natural para dirigir el I-CORE. “La auto-regulación de una planta es compleja porque se produce en respuesta a un gran número de factores, entre ellos los de longitud de onda de la luz, la temperatura y oxígeno, la presencia de agentes patógenos” a modo de ejemplo explica que las plantas ajustan dinámicamente su arquitectura para que sus raíces crezcan en la dirección de las fuentes de agua. “Charles Darwin dijo que las raíces de las plantas son como un pequeño cerebro, y tenía razón. Hoy, el desafío es utilizar herramientas genéticas modernas para aclarar cómo este pequeño cerebro hace que las “decisiones” tomadas por las plantas garanticen su supervivencia”, comenta Fromm. 
 
La sabiduría de la tierra
 
En la Universidad de Tel Aviv, la ciencia agrícola no se centra sólo en el descubrimiento de nuevas técnicas de cultivo. También intenta desenterrar secretos agrícolas de un pasado lejano. “A lo largo de la historia, los agricultores y los ganaderos han combinado y seleccionado variedades de cultivos, con la esperanza de que esta hibridación produzca mejores cosechas de calidad y rendimientos más altos”, comienza el Dr. Assaf Distelfeld, experto en genética de trigo y la genómica en el “Departamento de Biología Molecular y Ecología de Plantas” y el “Instituto para el Mejoramiento de Cultivos”. “Pero hay un problema; la selección reduce la reserva genética. Con cada intervención genética, otro gen puede perderse. Nuestro trabajo consiste en ir de lo nuevo a lo más antiguo, trabajando con trigo no modificado genéticamente para encontrar los genes que intervienen directamente en la calidad y el rendimiento, y luego sí reintroducirlos en el trigo que cultivamos para nuestra comida”.
 
Distelfeld tiene una trayectoria en este campo; cuando todavía era un estudiante de doctorado, aisló un gen que controla el contenido de proteína
del grano. “Comparando el trigo moderno con trigo salvaje, descubrimos una mutación que resultó en un bajo contenido de proteínas”, dice. “A partir de ahí, hemos patentado un proceso para tomar el gen no mutado – que promueve el alto contenido de proteínas y un mayor valor nutricional – y reintroducirlo en las variedades modernas.”
 
Actualmente, Distelfeld utiliza métodos de hibridación tradicionales, así como el mapeo de genes computarizado para perseguir otro factor cuantitativo: aumentar el peso del grano. “Hemos identificado una región cromosómica ligada a dimensiones del grano tales como la longitud y el volumen”, dice. “En el futuro, esperamos poder aumentar el peso del grano transfiriendo los genes específicos que se encuentran en los cultivos. Esto puede no resolver el hambre mundial, pero es un pequeño paso en la dirección correcta.” 
 
Otras iniciativas del departamento de Biología Molecular y Ecologia Vegetal de la Universidad de Tel Aviv, van más allá de la optimización de los cultivos, para hacer frente a lo que en términos del director de I- CORE el Prof. Fromm llama el “trilema” de equilibrar la alimentación, la energía y el medio ambiente. Intensificar el cultivo requiere mucha energía, por lo que se necesitan nuevas fuentes de energía”, dice Fromm. “Sin embargo, una solución podría venir a partir del bio-combustible encontrando en los propios campos agrícolas la energía  necesaria para la producción de alimentos”.
 
“Uno de nuestros estudios se realizó junto con expertos en agricultura en el desierto de Aravá. Estamos explorando el cultivo de los árboles del desierto regados con agua obtenida de plantas de desalinización para producir biocombustible. Este es un ejemplo de cómo la investigación multidisciplinaria puede conducir a soluciones creativas y sostenibles, para la producción de más alimentos“, señala Fromm entusiasmado. 
 
Legislación y Derechos Alimentarios
 
Para cambiar la sociedad, primero es necesario entenderla. Ahí es donde los expertos del programa de seguridad alimentaria en el derecho, humanidades
y ciencias sociales cumplen un papel importante. El Prof. Aeyal Gross, miembro de la Facultad Buchmann de Derecho de la Universidad de Tel Aviv, cree que “la seguridad alimentaria es es el derecho humano reconocido a la alimentación y una nutrición adecuada, y está a su vez inextricablemente ligado a la compra de energía, un poder que, en muchos casos, está en manos de los Estados. “En Israel, los ciudadanos más pobres reciben bonos de asistencia social los cuales actúan como una especie de red de seguridad alimentaria, pero no garantizan una nutrición adecuada”, dice Gross. “Al mismo tiempo, no queremos que el gobierno sea el responsable de proveer directamente la comida, o decirnos qué comer.”
 
“La legislación alimentaria”, dice, “es un trabajo en curso en todo el mundo
porque las sociedades individuales – a través de sus legislaturas, tribunales y
grupos de defensa – están negociando su camino hacia el objetivo final: Poder generar comida para todos, pero con la menor intervención gubernamental posible”
 
Un colega del profesor Gross en la Facultad de Derecho, el Dr. Yofi Tirosh,
afirma que “al igual que la legislación fiscal promueve la equidad tributaria,
la legislación alimentaria es una cuestión de justicia.” Pero dice, más allá de
la promoción de la igualdad económica, “la ley tiene que pensar en cómo define y regula nuestra relación, y opciones, sobre la comida.”
 
“Por ejemplo”, dice ella, “las demandas actuales del mercado de trabajo hacen que sea más difícil para los padres encontrar tiempo para comprar productos, preparar la comida en casa y comer con sus hijos. ¿Cómo podría la ley contribuir a mejorar con la familia los hábitos alimenticios? “
 
Tirosh cita otro ejemplo, nota que los EE.UU. y otros gobiernos exigen que los productores de alimentos especifiquen el valor calórico de los alimentos que venden. “Este paso dirige nuestra atención hacia el consumidor individual como jugador racional e informado, mientras la desvía de los cambios estructurales que tanto se necesitan en el mercado de alimentos. En lugar de centrarse sólo en la información, los Estados se deben asegurar de que los alimentos saludables sean asequibles para todos” sugiere Tirosh.
 
Una perspectiva histórica de la alimentación 
 
Prof. Amy Singer historiador de la Universidad de Tel Aviv, cree que para alcanzar los objetivos de seguridad alimentaria en necesaria la comprensión del pasado de una sociedad, en particular de sus actitudes hacia el reparto adecuado de alimentos y otros recursos. “La gran pregunta es siempre: ¿Quién recibe qué, y en qué nivel – el hogar, la ciudad, el estado o el imperio?” Singer cree que la respuesta a esta pregunta cambia con el tiempo y depende de múltiples factores, desde el clima y densidad de población, a la acumulación o pérdida de la riqueza. La propia investigación de Singer – en comedores públicos que fomentaron la política social en el Imperio Otomano – es instructiva. “Tenemos que preguntarnos: ¿es la seguridad alimentaria de una herramienta para adquirir capital político? ¿Es un método para mantener la paz? ¿Es un valor ético o moral? Si entendemos las actitudes y procesos históricos que dieron forma a una sociedad particular, nos encontramos con una mejor oportunidad de tomar las decisiones políticas e institucionales que funcionarán dentro de esa cultura”.
 
(*) Extracto de un artículo de Sandy Cash publicado por la Cámara de Comercio Israel-Latinoamérica
 
 
 
 

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