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Entrevista. El Colegio Tarbut destacó su crecimiento y presentó su futuro Secundario en Núñez

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Itongadol.- El director del Colegio Tarbut, Roberto Dvoskin, recibió a la Agencia Judía de Noticias (AJN) para hacer un recorrido por las importantes instalaciones del nuevo edificio de ocho mil quinientos metros en Núñez. “Este proyecto es una construcción colectiva, donde hay una muy buena institucionalidad. Eso permite que las cosas salgan con otro nivel de planificación, de profesionalismo”. El proyecto arquitectónico fue desarrollado por el reconocido Estudio de arquitectura ABV. (Acceda a la galería de fotos).
 
Ante su continuo crecimiento, el Colegio Tarbut, tradicional de Olivos, se prepara para inaugurar este año su colegio secundario en Núñez. Ante este proyecto, Roberto Dvoskin reveló los desafíos que enfrentan y la tranquilidad con la que llevan adelante la nueva propuesta.

La construcción de un nuevo edificio para el colegio secundario es el mayor emprendimiento de Tarbut como institución desde su creación. Luego de 50 años de crecimiento y consolidación de su proyecto  educativo integral, Tarbut emprende el desarrollo de una sede específica para el colegio secundario con el objetivo principal de fortalecer y expandir el área de enseñanza media y ampliar su proyecto educativo integral desde el jardín hasta la secundaria.
 
El edificio, diseñado a la medida de la propuesta educativa de Tarbut, contará con 30 aulas, con capacidad para 650 alumnos, una biblioteca, pileta de natación y un auditorio. El proyecto arquitectónico fue desarrollado por el reconocido Estudio de arquitectura ABV, que también realiza la dirección de obra,  bajo la supervisión de la comisión directiva del colegio.

El terreno ya ha sido adquirido por el Colegio con fondos propios y en la sede Tarbut Olivos está en exposición la maqueta de la futura construcción.  Se encuentra en una excelente ubicación en el barrio de Núñez, en la Av. Cramer  3240.

En la visita de AJN al nuevo edificio estuvo presente también el integrante del Consejo Consultivo, Fabián Galante.

P- ¿Cómo llega Tarbut a esta actualidad?

 
RD- Trabajando todos los días con unidad de criterios. Hay una muy buena organización que establece qué debe hacer cada uno, con planes a largo plazo y sin improvisar, en la cual uno puede lanzar un gran proyecto, como el del Jardín hace 11 años o el de ahora del Secundario, sin interrumpir las actividades cotidianas. Desde el primer momento hubo una decisión del Consejo Consultivo y la Comisión Directiva de que cualquier inversión no podía afectar el normal desenvolvimiento del colegio. Esto es planificar.
 
P- ¿Cuándo fue la “puesta de la piedra fundamental intelectual” de este proyecto?

 
RD- En 2004 y tras la crisis de 3 años antes, la Comisión Directiva, el Consultivo y los directores decidimos adoptar una estrategia determinada de crecimiento, que implicaba una mayor estructura edilicia. Se fue avanzando por partes y llegó un momento en que no alcanzaba con lo que teníamos. Por muchas razones, algunas de las cuales ni siquiera tenían que ver con decisiones propias; por ejemplo, está prohibido por la municipalidad construir más en Olivos. Ante la necesidad de tener un Secundario mucho más “importante” que el que tenía, después de 30 años, en 2008/9 se decidió hacerlo en un lugar distinto, sin perder la “característica Tarbut”.
 
P- Pusieron la mirada en una educación judía que crecería…
 
RD- Hay dos maneras de ver un crecimiento de la educación judía: el número de personas que van a educar judaicamente a sus hijos, que está limitado por el mercado que tenés. No tenemos un condicionamiento de que una persona tiene que ser judía o se tiene que convertir. En ese sentido somos abiertos. Y en base a eso, igualmente hay un mercado. Por más de que tengamos las puertas abiertas, no viene cualquiera. Entonces eso te da un límite. Lo cierto es que hay muchos chicos que son judíos, que querrían educación judía, pero no encontraron en el mercado una educación que le sea acorde a sus propios intereses, ya sea porque la calidad o el tipo de educación que hay no los satisface, por el volumen del colegio de 10 mil alumnos, hay muchos condicionamientos. Nosotros los encontramos, los estudiamos, los trabajamos, los discutimos. Había un segmento del mercado que no venía a colegios judíos, que habían hecho su escolaridad en colegios no judíos o en colegios judíos y después se iban a otros, que podían ser tomados por nosotros y esto fue lo que ocurrió. Nosotros hemos pasado a aumentar la retención, teníamos una retención del 50 por ciento y ahora estamos en una retención del 70 por ciento (del primario al secundario). Lo que nunca había ocurrido en el Tarbut es que ingresaran muchos chicos de fuera del colegio a la secundaria. Viniendo no de una escuela judía Además, hicimos acuerdos con colegios primarios judíos que no tuvieran secundario y encontraron en el Tarbut una muy buena formación. Los chicos que vienen de otros colegios también son muy buenos alumnos. 
 
P- O sea que convergen aquellos alumnos de escuelas judías y no judías en el colegio secundario.
 
RD. Sí, más los chicos nuestros. Y en este momento, para 2017, estamos teniendo una demanda de 120 chicos.
 
P- Este edificio, ¿cuántos metros tiene?

 
RD- Ocho mil quinientos metros. Podemos construir hasta diez mil, que lo tenemos como reserva. Este proyecto es una construcción colectiva, donde hay una muy buena institucionalidad, esto creo que es algo diferencial respecto de muchas de las organizaciones judías. Entonces, esa institucionalidad que es muy fuerte, sobre la que se trabaja mucho, sobre la que hoy tenemos una madurez, porque fue una construcción de muchísimos años. Eso permite que las cosas salgan con otro nivel de planificación, de profesionalismo. Por supuesto que hay ansiedades, todo el mundo quiere ver el edificio inaugurado, porque es un esfuerzo de mucho tiempo y dinero. Pero en este tema aprendí dos cosas: en primer lugar, uno no puede mirar en términos de lo que le pasa a un hijo, porque de repente, uno organiza un hecho muy importante, que fue el viaje a Marcha por la Vida, y había gente que terminaba ese año y nunca pudo hacer ese viaje. Pero así es la educación. Nadie se acuerda cuando inauguramos el edificio de Olivos. Nosotros pensamos que este edificio tiene que estar inaugurado después de Pesaj. Pero hay otros temas que están por fuera de nuestra órbita de decisión.
 
P- ¿De qué se va a tratar la educación que se va a ofrecer aquí?
 
RD-No vamos a cambiar nada de lo que estamos haciendo ahora en términos de nuestra ideología. Está claro que la ideología está definida desde la fundación, con las modificaciones que las diferentes comisiones directivas hicieron a lo largo de la historia del colegio. Lo que hicimos nosotros en los últimos 10 años es establecer y definir con mayor prioridad de qué estamos hablando. Con un programa de formación y de profesionalización de todo el equipo de conducción. Con cuatro grandes ejes, es un colegio judío y todo lo que tenga que ver con la educación tiene que pasar por un filtro judaico. Por eso las autoridades del área de Estudios Judaicos te hablan de esa decisión. Les consultamos cualquier cosa que hacemos, porque si no hablamos de judaísmo los martes y no los jueves. Esto pasa por todo, por historia, geografía, matemática, por la manera de encarar las cosas. El segundo tema es que es un colegio que tiene que pensar que el chico que ingresa tiene que estar preparado para la universidad. El estudio universitario es un paso obligado a seguir para un chico que viene al colegio Tarbut. No lo preparamos para ir a trabajar cuando termina el secundario, sino para ir a la universidad. Tiene que ser un colegio que además contenga. No mejora su calidad por la expulsión de los que no se adaptan rápidamente al proceso, tiene que adaptarse él al alumno y, por lo tanto, cada alumno es único e irrepetible. Hay que aprovecharlo en su integridad. La cuarta, es un colegio articulado, no es un colegio que piensa en ciclos. Tiene jardín, primario, secundario. Intenta que todas las materias de todos los años se articulen. Todo eso implica una organización demasiada compleja.
 
P- ¿Qué educación, aparte de la judía, recibe el alumno?
 
RD- Es una formación humanista, no técnica, en donde hace hincapié en las cosas centrales de la formación de un chico en su adolescencia, que tiene que ver, a mi entender con la matemática, la historia, la filosofía en su sentido más amplio, la lengua y el manejo del idioma y el arte. Cualquier colegio en la Argentina tiene un socio mayoritario que es el Estado, que determina qué tipo de enseñanza tenés que dar. Dentro de esa enseñanza, nosotros tenemos orientaciones en la secundaria que son Ciencia y matemática, Biología, Medios o arte, Negocios y Humanidades. Pero más que en las orientaciones, yo creo en el tronco fundamental. Cuando hablo de formación judía, me refiero a aquellos que estudian historia los martes y los miércoles historia del pueblo judío, pero nunca se juntan. Entonces hay que ver cómo das la historia universal desde una perspectiva judaica.
 
P- ¿Por qué tanto compromiso con lo judío, cuando en general en la educación judía, hay lugares donde eso se diluye un poco?
 
RD-Me pongo en el lugar de un hombre de negocios. Si hay un mercado diferencial, ¿cuál da ventaja competitiva? Un colegio inglés. Por eso hablo de lo ideológico. No competimos con San Andrés. Este colegio nació con miembros de la comunidad judía de Vicente López y de Olivos, muy preocupados por tener una educación de excelencia para sus hijos, que mandaban a sus hijos al San Andrés. Cuando llevan a sus chicos al colegio inglés y empiezan a tener alguna duda de que ellos por ser judíos no les gustaba y dijeron ‘tengamos un colegio’. Es un colegio con la mejor calidad educativa, pero que es un colegio judío. De hecho, estamos a tres cuadras del San Andrés.
 
P- Esto no es moneda corriente en todas las escuelas judías…
 
RD- No es algo fundamental, sino algo fundacional. Esto permite saber cuál es la diferencia. Algunos dicen ‘en San Andrés saben más inglés’, pero no tienen formación judaica. Cada cual define su propia organización. Lo importante es que cuando vos definas tu organización, en primer lugar haya un compromiso en conducción. El manejo de los límites y cuál es el encuadre siempre es difícil. La escuela se fundó en el ’61 y la idea fundacional está presente a través del consejo consultivo. Hay una comisión directiva que gestiona, que maneja el día a día, que son los verdaderos dueños del colegio. Para poder ser socio de la asociación civil, tenés que tener a alguno de tus hijos en la escuela. Eso te da el derecho a ser socio, cosa que vas a perder automáticamente el día que tu hijo egresa. Mientras sos socio, podés votar y ser votado como miembro de la comisión directiva. Ahora, hay otro organismo, que es el consejo consultivo, que está formado por socios honorarios, que fueron invitados especialmente a cumplir esta función, que es esa reserva institucional, un organismo formado por ex presidentes y ex vicepresidentes de la escuela que tiene el poder de veto sobre ciertas decisiones y evita que haya cualquier corrimiento de lo que es la idea fundacional.
 
P- ¿Cómo vivió la expectativa de este proyecto en Núñez?
 
RD- Yo estoy muy emocionado. Creo que es el trabajo de todos y que me tocó, por suerte, estar en un lugar de conducción de los profesionales, pero todo el mundo ha puesto más que un granito de arena para que funcione. En una obra que ha duplicado el patrimonio del colegio, que va a aumentar la cantidad de alumnos en casi un 80 por ciento en 10 años, es fabuloso. Hay que mirarlo con tranquilidad. Esto es natural y así debería seguir siéndolo. Así deberían ser la mayoría de las instituciones del país.

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