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Opinión: Primero Israel debería atacar los misiles de Hezbollah

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Casi todo el mundo parece estar de acuerdo en que el proyecto de armas nucleares iraní debería ser detenido. Preferentemente a través de sanciones económicas contra Irán, pero si eso no funciona, entonces tendrán que ser utilizados medios militares. Pero si se requiere una operación militar, ¿deberían llevarla a cabo los Estados Unidos o Israel? Todos en Israel parecen preferir que la operación sea efectuada por los Estados Unidos pero, ¿qué pasa si los estadounidenses se demoran en tomar una decisión?
Ahí es donde comienza el desacuerdo: ¿Israel debería seguir adelante por su cuenta, sin la aprobación de los Estados Unidos; debería esperar la aprobación de los Estados Unidos antes de actuar; o debería simplemente dejarles las cosas a los Estados Unidos, confiando en que los estadounidenses tomarán las medidas necesarias en el tiempo apropiado?
Sorprendentemente, hay un área en la cual los partidarios de cualquiera de estas tres opciones pueden coincidir: en cualquier caso, la población civil de Israel será sometida a decenas de miles de misiles disparados desde el Líbano por Hezbollah, en represalia a un ataque militar contra Irán. Esto sucederá independientemente de quién ataque: los Estados Unidos, Israel con el apoyo de los Estados Unidos o Israel solo.
Una respuesta de Hezbollah -por órdenes de Teherán- se puede dar por sentada, y el Comando de la Retaguardia está ocupado preparándose para esa eventualidad. Sin embargo, la magnitud del daño que se causará a la vida, la integridad física y la propiedad en Israel es completamente incierta.
Nuestro ministro de Defensa dice que si todos corren a resguardarse durante un ataque, no morirán más de 500 civiles. Esto es extremadamente difícil de estimar. Es probabilística pura, y ninguna estimación resultará precisa. Por supuesto, uno puede extrapolar a partir de la primera Guerra del Golfo, cuando Irak lanzó 39 misiles contra Israel durante un período de cinco semanas, resultando en la muerte de un civil. Si 39 cohetes causaron la muerte de un civil, entonces 39.000 cohetes podrían causar 1.000 muertes de civiles. Con el factor (del sistema antimisiles) “Cúpula de Hierro” y el (misil interceptor) “Flecha” y los preparativos realizados por el Comando de la Retaguardia, la estimación de 400 muerte en caso de un ataque puede ser una suposición razonable. Pero no es más que una suposición.
Lo cierto es que estamos enfrentando un peligro real e inminente para nuestra población civil. Los misiles de Hezbollah son la primera línea de defensa del proyecto nuclear iraní. ¿No es razonable atacar esa primera línea de defensa antes de hacer cualquier otra cosa? ¿No debería quedarles claro a todos que el arsenal de misiles de Hezbollah en el Líbano debe ser desmantelado? Son una simple y pura arma del terrorismo, y ahora montan guardia alrededor de la preparación de la peor arma terrorista de todas: una bomba nuclear iraní. Si todos están de acuerdo en que el mundo no aceptará la existencia de un arma nuclear iraní, ¿coincidirán con la continua existencia de la primera línea de defensa que protege esa arma?
Y así, ya sea que los Estados Unidos terminen emprendiendo una acción militar contra Irán, que lo haga Israel con el apoyo de los Estados Unidos o que lo haga Israel por su cuenta, será Israel el que lidie con los misiles de Hezbollah en el Líbano. Nadie hará el trabajo por nosotros. Sería bueno tener el apoyo de los Estados Unidos, pero no es esencial.
Aquí también, como en el caso del proyecto nuclear iraní, sería preferible hacer esto sin recurrir a la acción militar. La mayoría de los ciudadanos del Líbano está casi tan interesada en desmantelar el arsenal de cohetes de Hezbollah como Israel. Y Hezbollah, una organización terrorista partidaria de Bashar Assad en Siria, tiene pocos amigos en el mundo además de Irán. Puede lanzarse una campaña pública para enviarles el mensaje de que deben desmantelar su arsenal misilístico. Eso ejercería presión sobre ellos desde otros barrios del mundo. Y si eso no funciona, siempre queda la opción militar. Va a requerir un poco de preparación, pero puede hacerse. Necesita hacerse. Lo primero es lo primero.

* Canciller israelí entre 1988 y 1990 y ministro de Defensa en 1983-84, 1990-92 y 1999, siempre por Likud.

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