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Opinión: El deporte debe ser un puente de acercamiento intercultural. Por Sergio Pikholtz

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 Itongadol.- Llevar a la Selección Argentina al Estado de Israel a disputar un partido de fútbol amistoso frente a la selección local es una vez más un inconmensurable aporte de nuestro país para impulsar la paz con acciones concretas.

El encuentro, que se jugará en el Teddy Stadium de la ciudad de Jerusalén, se llevará a cabo en una zona que lejos está de ser un territorio en disputa y, mucho menos, reclamado como ocupado por los palestinos.

Este partido constituye la materialización de la amistad de dos países con enormes y añejos vínculos y la ratificación de que el deporte puede y debe ser un puente de acercamiento intercultural y de hermandad.

Lamentablemente en Buenos Aires, el Movimiento Socialista de los Trabajadores, el BDS, un movimiento judeofóbico de Boicot y Desinversiones contra el Estado de Israel, líderes de la colectividad palestina y otros movimientos políticos abiertamente anti-israelíes decidieron vincular a los gobiernos de Argentina e Israel en lo que suponen un intento de sometimiento neoliberal de imposición a sus políticas en lugar de denunciar el accionar de la banda terrorista Hamás, que lleva a la muerte y el martirio a miles de gazatíes.

Quienes somos militantes de la paz y la autodeterminación de los pueblos, consideramos que las oportunidades se construyen sobre hechos concretos y que la visita del seleccionado nacional a la ciudad santa de Jerusalén, capital del Estado de Israel, es un mensaje claro sobre lo que el deporte canaliza.

En el Estado de Israel viven millones de ciudadanos de origen islámico en absoluta libertad y pleno uso de derechos civiles al igual que los judíos, cristianos o persona de cualquier religión.

Si pudieron sacar su entrada podrán disfrutar de los tacos y las chilenas del mejor jugador del mundo. Sí, el mismo Messi que en 2013 participó del Peace Tour junto al Barcelona jugando un partido en el país judío y visitando el Kotel, Muro de los Lamentos.

En el estadio nadie preguntará de dónde vienen, qué religión profesan ni se los discriminará por su vestimenta. Tampoco serán destinados a un sector especial y mucho menos se les prohibirá la entrada como sí sucedería si ciudadanos israelíes judíos quisieran asistir a un evento deportivo en Gaza o en cualquier teocracia misógina y racista de las que abundan en Medio Oriente.

Esto se ve reflejado en los cientos de deportistas islámicos que son obligados a desertar en competencias olímpicas si es que deben enfrentarse con israelíes.

Las particularidades del conflicto entre Israel y los palestinos poco les importan a quienes se han manifestado en contra del partido. Alcanza con escucharlos para entender que los argumentos son absurdos y lejanos a la realidad y sólo pretenden instalar en la sociedad argentina un odio judeofóbico que los habita a ellos mismos.

Mientras tanto, Messi, Di María, Armani, Pavón y Mascherano, con sus goles y su fútbol, harán mucho por la paz porque la paz en Medio Oriente sólo se alcanzará el día que la democracia triunfe sobre el terrorismo.

Por si el lector no lo sabe, Israel es la única democracia liberal de Medio Oriente frente una banda terrorista llamada Hamás que sólo sabe de destrucción

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