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Discurso de la Prof. Dvora Kolsky

Mientras arda la vela, hay esperanza.
Discurso de la Prof. Dvora Kolsky

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SHALOM a todos los presentes!
Shalom, el saludo característico del pueblo judío. Shalom, una palabra que significa PAZ.
Lamentablemente hoy no podemos decir que exista paz para los familiares de las víctimas del atentado a la AMIA y a la Embajada de Israel, ni para la sociedad argentina.
Hace 10 años y 11 meses, y 13 años y 3 meses, se marcó un ANTES Y UN DESPUÉS en la historia de nuestro país.
Recuerdo cuando 5 días después de aquel 18/7 nos reunimos en el templo de la escuela. En ese momento les hablé a los alumnos con mucho dolor, y desconcierto.
Hasta ese momento les habíamos enseñado la historia del pueblo judío, con persecuciones que pertenecían al pasado y a lejanos lugares. Estos sucesos habían pasado hacía muchos años, pertenecían a un ANTES.
Nunca pensé que mis alumnos, que nuestros hijos, que toda la comunidad judía y la sociedad Argentina íbamos a ser testigos y víctimas de esta tragedia.
Y comenzó un DESPUÉS, AQUÍ Y AHORA. Muy cerca nuestro.
Lamentablemente nos tuvimos que convertir en «especialistas en seguridad». Convocamos a los papás, se montaron muchos operativos y dispositivos de seguridad para protegernos.
Y llegaron los pilotes… Esos que deberían cuidarnos y TODAVÍA no podemos quitar. Esos pilotes que nos marcan, y que ustedes jóvenes, quizás, y lamentablemente, ni siquiera los registren, porque ya forman parte del escenario de nuestras instituciones.
Cómo explicarles qué pasó?. Cómo entender qué y por qué pasó?.
Existen respuestas racionales, pero no suficientes, para los profundos sentimientos de dolor e impotencia.

Hace 11 años y casi 11 meses una mujer murmuraba versículos de Salmos y lloraba. Era una mujer que había muerto y que por su conducta había llegado al paraíso.
Había allí un alma que no entendía por qué esta mujer lloraba, si el paraíso estaba abierto para ella.
Esta mujer la invitó a mirar debajo de las nubes.
Allí todo era destrucción, familias sin consuelo que lloraban por las víctimas.
Entendió el alma que debía volar a la tierra para traer un regalo, no para los ángeles, sino para consolar a esta mujer.
En la calle Ayacucho la gente esperaba las noticias. El alma vio tres hijas que rezaban porque no sabían si su mamá vivía o no.
Ella trabajaba en el 4º piso de la Amia.
Cerca estaba un hombre, padre de estas hijas. La más chica sostenía entre sus manos un libro de Salmos que pertenecía a su mamá.
El domingo 24 por la noche encontraron el cuerpo. Las hijas comenzaron a llorar y el libro se deslizó al piso.
El alma entendió que ese era el regalo que podía consolar a la mujer que estaba en el paraíso.

Ahora hay una alma pura que tiene su libro y aquí en la tierra 3 hijas y un padre que saben que Shoshana los cuida.

Este relato lo escribió Tzila Kreiman, hija de Susy Volinsky de Kreiman .
Así como ésta podemos encontrar otras 84 historias más de vidas truncadas y familiares y amigos que aunque se sientan cuidados no encuentran consuelo y respuestas.

IBN GABIROL escribió: «En el camino del conocimiento, el primer paso es el silencio, el segundo, prestar atención, el tercero, recordar, el cuarto, practicar y el quinto, enseñar a otros».
Me parece importante recuperar juntos la necesidad de recordar, ejerciendo el legítimo derecho de pedir justicia. Memoria es la posibilidad de tener una biografía.
A veces sentimos que nuestra memoria puede ser frágil y esto nos puede llevar al olvido. Pero olvidar es más peligroso que tener mucho para recordar. Lo opuesto a olvidar es pedir justicia.

Nadie puede recordar por nosotros. No existe la posibilidad de transferir la memoria.
Todos nosotros debemos construir puentes entre lo sucedido y nuestro presente.
Existe una memoria nacional compartida en relación con las experiencias del pasado. Una nación se define tanto por lo que recuerda en común, como también por lo que olvida.
Hay una técnica para olvidar que es la amnistía. Y este camino lo conocemos pero no lo reconocemos como válido y justo.
Ustedes jóvenes y nosotros todos, tenemos que institucionalizar el ejercicio de recordar.

Abraham Jeoshúa Heschel decía: «La verdadera historia de la mente judía no se conserva en volúmenes eruditos sino en el organismo de cada uno. Hay una caja de caudales en nuestra memoria grupal. Nada se ha perdido, salvo la llave de la caja, y aún ésta es posible encontrarla».
Depende de nosotros encontrar caminos para recordar y reclamar justicia. Aún cuando los caminos parezcan cerrados o cercados.
No es fácil, sobre todo en momentos en que se acabaron las certezas y la vulnerabilidad se generalizó.
Desde las escuelas y todas las organizaciones tenemos la fuerte misión de luchar con obstinación por lo deseado, de ejercer acciones concretas que requieren de energía y constancia para lograr nuestro cometido.

Para vivir es necesario que busquemos esa llave de la caja de caudales para encontrar las respuestas que todos necesitamos. Todos somos responsables de luchar para encontrarla.
Quizás así logremos vivir con dignidad.
Me pregunto si será esto posible?

Mientras arda la vela, hay esperanza.
SHALOM!

Prof. Dvora Kolsky

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