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Hatzad Hasheni. Entre la amenaza Iraní y la del Estado Palestino

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 RESUMEN: En su reciente visita a Washington y su discurso en la ONU, el Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu centró sus esfuerzos diplomáticos en la amenaza iraní. Entre tanto, mientras el Presidente Trump busca avanzar el tema palestino, se ha creado nuevamente un vínculo tácito, si no explícitamente expresado, entre el apoyo de la Casa Blanca a las demandas de Israel dentro del tema sirio-iraní y lo que se pide de Israel en la arena palestina. Este vínculo es sumamente peligroso para Israel.

La mayor amenaza para la existencia de Israel no son ni las milicias chiitas en la frontera del Golán ni la amenaza nuclear iraní, que son de naturaleza física y militar. En cambio… la amenaza es la amenaza de un estado palestino dentro de los parámetros Clinton, lo que implicaría dividir Jerusalén y retirarse a las líneas de 1967. La renuencia del gobierno de Netanyahu de construir en partes claves de Jerusalén como Guivat Hamatos, que se encuentra dentro de la línea divisoria entre Jerusalén Oriental y el vecindario de Beit Safafa, muestra cuánto, a pesar de los cambios en la Casa Blanca, se ve aún la división de Jerusalén como algo esencial para alcanzar un acuerdo palestino-israelí.

Una dinámica de cambio

Una mirada crítica a los recientes desarrollos en Siria revela cuán impredecible puede cambiar la realidad. Hace solo dos años, el sistema de defensa israelí evaluó que el colapso del ejército sirio, que eliminó el escenario de un ataque sirio sobre la frontera norte de Israel, significó que las FDI pudieran reducir su orden de batalla. Sin embargo hoy día, con nuevas amenazas que emergen, el Ministro de Defensa Avigdor Lieberman está pidiendo por un suplemento presupuestario.

Tener en cuenta la dinámica del cambio también significa reconsiderar las premisas del concepto de seguridad de Israel respecto a la amenaza de un estado palestino. Durante años, los expertos en el área de seguridad han afirmado que en la nueva era, la profundidad estratégica territorial ya no es necesaria para defender los centros de población en la zona de la costa de Israel. Pero los medios de comunicación informan sobre el reciente ejercicio a gran escala de las FDI en la zona norte, el cual tenía como objetivo la amenaza de las fuerzas de Hezbollah que invadían a las comunidades israelíes, lo que pone en entredicho tal premisa.

El nuevo desafío planteado por Hezbollah y Hamás, junto al advenimiento de las milicias chiitas en la arena siria sin ninguna promesa de su eliminación a través de la intervención de las superpotencias, requiere de un replanteamiento del riesgo potencial de un estado palestino. Si, en realidad este se está desarrollando, Israel se encontrará que ya no controla el Valle del Jordán, las fuerzas de la milicia pudieran pasar desapercibidas bajo el radar de los monitores internacionales y alcanzar las líneas urbanas de Jerusalén, Kfar Saba y Netanya.

Una concepción para el 2017

La Comisión Agranat atribuyó la sorpresa en la Guerra de Yom Kippur a una concepción defectuosa. Pero una concepción es indispensable para captar la realidad y funcionar dentro de esta. La lección, por lo tanto, no es evitar por completo una concepción, sino estar conscientes de la necesidad de someterla a un escrutinio altamente crítico.

Los expertos que apoyan un retiro de Cisjordania en el contexto de una solución de dos estados mantienen una concepción casi inquebrantable basada en tres suposiciones:

Si Israel se retira de los territorios y la comunidad internacional acepta reconocer esta acción como el fin de la ocupación, w Israel se le otorgará legitimidad para actuar en defensa propia ante una amenaza seria, el liderazgo israelí podrá tomar la decisión necesaria en el momento adecuado: una ofensiva de las FDI en Cisjordania; y dada su superioridad operativa y tecnológica, las fuerzas del Tzáhal podrán lograr la victoria en unos pocos días. No son solo los cambios en el fenómeno de la guerra los que ponen en duda esta concepción. Su validez también debe ser cuestionada en una realidad que bien puede obligar a Israel a combatir en más de un frente de batalla.

Un cambio en la arena internacional

Desde que comenzó el proceso de Oslo en el otoño de 1993, también se han producido cambios dramáticos en la arena internacional. Para el Primer Ministro Rabin, Oslo tuvo como base el estatus de superpotencia de los Estados Unidos. La Unión Soviética y con este el Pacto de Varsovia, colapsó. La amenaza de la Guerra Fría había terminado en Europa. El mundo parecía avanzar hacia la estabilidad y la prosperidad, un orden global bajo la hegemonía estadounidense.

En ese momento, los árabes se encontraban en un estado de crisis y muy conscientes de su debilidad, sobre todo después de que Estados Unidos venciera a Irak en la Primera Guerra del Golfo en el invierno de 1991. La superioridad estadounidense fue evidente en términos tecnológicos y también en términos de su capacidad para dirigir al ejército de la coalición, que incluyo a las fuerzas expedicionarias árabes de Egipto, Arabia Saudita y Siria. Fue tal conciencia de debilidad, junto al estado de inadecuación estratégica de los líderes de la OLP, lo que allanó el camino para que se creara el proceso de Oslo.

Entre tanto, durante años, el poder hegemónico de los Estados Unidos ha disminuido, mientras Rusia ha vuelto a desempeñar un papel activo y muy influyente. Ha surgido un fenómeno de pequeñas guerras prolongadas junto a una nueva lógica. Europa occidental está ahora amenazada por una intervención rusa en Ucrania. Desde Afganistán hasta Yemen, Siria y Libia, las fuerzas islámicas radicales han aprendido cómo, a pesar de su inferioridad y de hecho en virtud a ello, pueden participar en una guerra que está socavando constantemente la estabilidad que tanto necesita Occidente.

Algo esencial también ha cambiado respecto a las expectativas en la esfera palestina-israelí. Al principio, en los primeros días de Oslo, las expectativas eran de una buena voluntad mutua y de reconciliación. Durante años, sin embargo, a medida que el ciclo de sangre ha continuado, la creencia en la aceptación palestina de Israel a cambio de concesiones israelíes se ha ido transformando dentro del discurso israelí en nada más que una necesidad de separarse de los palestinos: “Ellos están allí, nosotros estamos aquí” – solo por nuestra propia parte.

Mientras los proponentes a la separación perfeccionen más sus esfuerzos para explicarle a la sociedad israelí que la separación es un mandato de la realidad, permitiéndole a Israel preservar su identidad como un estado judío y democrático, más crece el poder de negociación de los palestinos. Si un retiro de Cisjordania y el establecimiento de un estado palestino es de un claro interés israelí, si los israelíes deben retirarse en cualquier caso por el bien de su propio futuro, ¿por qué deberían los palestinos dar algo a cambio? Desde su punto de vista, no existe necesidad alguna de reciprocidad. Estos solo obtienen lo que les está llegando en términos a su derecho nacional a la auto-determinación.

Por lo tanto, aumenta el riesgo de que un retiro de Cisjordania no solo no pondrá fin al conflicto sino que de hecho conducirá a su intensificación. Aquí es importante reconsiderar de, si Israel regresa a las fronteras de 1967 con ajustes menores para los bloques de asentamientos (que no constituyen más del 3% de Cisjordania), conservará aún las condiciones necesarias para su auto-defensa. Más allá de los aspectos físicos de seguridad, vale la pena prestarle atención a las palabras del alto funcionario de Fatah Abbas Zaki sobre el por qué este apoya la solución de dos estados: “En mi opinión, la solución de dos estados provocará el colapso de Israel. Si estos abandonan Jerusalén, ¿qué valdrán todas las conversaciones sobre la Tierra Prometida y el Pueblo Elegido? ¿Qué valdrán los sacrificios que han hecho? Estos acordaron un estado espiritual en Jerusalén. Los judíos ven a Judea y Samaria como su sueño histórico. Si los judíos abandonan esos lugares, la idea sionista comenzará a colapsar… comenzará a implosionar. Entonces podremos seguir adelante… (ANB/TV, 7 de mayo, 2009)”.

Abbas Zaki entiende muy bien, mejor que muchos israelíes, la importancia de la dimensión espiritual judía como una condición para la continua existencia del estado de Israel. El potencial de implosión que conlleva esta amenaza es mucho más peligroso que la amenaza iraní, incluso incluyendo sus aspectos en materia nuclear. Dado que los cambios en la región, el orden de prioridades nacionales israelíes ordena repensar ahora y revisar la lógica del discurso sobre el tema de seguridad.

Este artículo fue publicado por primera vez en el diario Israel Hayom el 8 de octubre, 2017. El Mayor General (ret) Gershon Hacohen es antiguo investigador en el Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat. Sirvió en el ejército israelí durante 42 años. Comandó tropas en batallas con Egipto y Siria. Anteriormente fue comandante de cuerpos y comandante de las Fuerzas Armadas de las FDI.

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