Itongadol.- En la previa de las Altas Fiestas judías, el rabino Alejandro Avruj, de la comunidad Amijai, mantuvo una entrevista con el director de la Agencia AJN, Daniel Berliner, en el marco del ciclo “Diálogos”, una entrega semanal transmitida por Dnews que propone un espacio de conversación inteligente, plural y comprometido con la actualidad.
‘‘Si hay un mes de preparación para un evento es que no es solamente una cena, es algo mucho más potente. El preparativo para un evento a veces es mucho más importante que el evento mismo. Entonces, ¿de qué se trata ese evento si el preparativo es tan importante?’’, expresó Avruj, en referencia a Elul, el último mes del año del calendario hebreo.
Además, remarcó que ‘‘Rosh Hashaná por un lado nos viene a hablar de que hay cosas que comienzan. Iom Kippur, por otro lado, nos viene a decir que hay cosas que terminan. Kippur es el cierre, es el balance. Y Rosh Hashaná es el comienzo de un año. Nosotros los judíos somos raros. Empezamos un año y recién diez días después terminamos el otro’’.
Entrevista completa:
-Estamos atravesando Elul, el último mes del año, pero en realidad es un mes de preparación antes de las Altas Fiestas. ¿Cómo nos preparamos?
-Hay dos maneras de encarar las Altas Fiestas. Muchas veces se las encara desde el momento del encuentro familiar, que por supuesto es clave, un evento gastronómico anual ineludible y muy importante. Pero hay un sentido muy profundo, mucho más profundo que solamente el encuentro tan importante y sagrado que tiene cada familia en estas fechas, y es qué es lo que vamos a hacer con estas fechas, o qué es lo que las fechas vienen a hacer con nosotros.
Que haya todo un mes de preparación para el evento es un mensaje muy poderoso. Durante este mes hay varias tradiciones. Hay un salmo particular, el 27, que se lee a la mañana y a la noche. Se toca el shofar durante todas las mañanas, hay servicios especiales de Selijot. Hay un montón de tradiciones, pero me quiero detener en esto que vos decís de la preparación. Si hay un mes de preparación para un evento es que no es solamente una cena, es algo mucho más potente. El preparativo para un evento a veces es mucho más importante que el evento mismo. Entonces, ¿de qué se trata ese evento si el preparativo es tan importante?
-Estamos hablando de Rosh Hashaná y Iom Kippur, que son las Altas Fiestas.
-Exacto. Rosh Hashaná por un lado nos viene a hablar de que hay cosas que comienzan. Iom Kippur, por otro lado, nos viene a decir que hay cosas que terminan. Kippur es el cierre, es el balance. Y Rosh Hashaná es el comienzo de un año. Nosotros los judíos somos raros. Empezamos un año y recién diez días después terminamos el otro. Una de las grandes cosas que venimos a evaluar en las fiestas es qué hacemos con el tiempo. Hay tres cosas que venimos a hacer en las fiestas. Venimos a avalar el espacio, el tiempo y la conciencia. Esas tres dimensiones se ponen arriba de la mesa.
¿Qué estás haciendo con el espacio? Eso es eminentemente Rosh Hashaná, creación del mundo, espacio. ¿Qué estás haciendo con todos tus espacios? Tus espacios son tu cuerpo, tu alimentación, el cuidado de tu cuerpo, de tu salud. ¿Qué estás haciendo con tu casa? ¿Qué estás haciendo con tu con tus bienes, con tu dinero, con tu trabajo? Los tenés como prioridad, los tenés solo como tu prioridad, los tenés solo para vos. Lo que estás consiguiendo y generando en los espacios que vas ganando, ¿cuál es el propósito y el objetivo? Ese es el objetivo. Es una herramienta.
El segundo elemento que venimos a tomar en consideración es el tiempo. Eso venimos a hacer en las fiestas. El tiempo es esos diez días que no sabemos qué son porque tenemos que pensar qué hacemos con el tiempo. ¿Qué prioridades estás dando con tu tiempo? ¿Qué pasa con tu agenda? ¿Cuánto tiempo te das para vos? ¿Cuánto tiempo le das a tu familia? ¿Cuánto tiempo le das a tus hijos? ¿Cuánto tiempo le estás dando a tu hijo que no le estás dando tiempo justo a ese hijo? ¿Cuánto tiempo le estás dando al amor, a la renovación del amor? ¿O cuánto tiempo le estás dando solamente a tu crecimiento económico o laboral? ¿Cuánto tiempo le estás dando a tu tiempo de crecimiento intelectual? ¿Cuánto tiempo le estás dando a tu a tu forma de controlar tus emociones? ¿Cuánto tiempo le estás dando a tu renacimiento espiritual?
Y por último, la conciencia, la neshamá. Iom Kippur, es ver qué estamos haciendo con nuestra alma. Mira Dani, nosotros somos 99% energía y solo 1% materia. Así estamos constituidos. Porque vos fíjate nuestros pensamientos, lo que decimos, lo que sentimos, lo que nos gustó, nuestros silencios, nuestros sueños, nuestras ideas, todo eso es energía. Somos 99% energía y 1% materia. El problema que tenemos con la agenda del espacio del tiempo y de la conciencia es que le damos 99% de interés y preocupación a la materia y a veces, quizás, 1% a nuestra energía y a nuestra neshamá. Y eso es lo que se viene a poner sobre la mesa.
-¿Todo eso se dirime en estos días, que en el medio de todo esto lo llaman días terribles también?
-Todo esto se dirime si tenemos la capacidad personal de aprovechar estos días para al menos ponerlo sobre la mesa. Y por eso es la preparatoria, porque si no, como te dije al principio, Rosh Hashaná puede transformarse simplemente esa mañana en un WhatsApp en donde decimos: ‘¿Dónde se come hoy?’’ Y está bien, está bien. Pero una vez al año la tradición de Israel no nos invita solamente a encontrarnos tradicionalmente con la familia, que es hermoso y sagrado. Nos invita a pensar sobre nosotros, nos invita a pensar qué hay arriba de la mesa, qué hay alrededor de la mesa. Es uno el que lo aprovecha o no. Por eso son tantos días de preparación y tantos días de fiesta.
-Hay una palabra que para mí tiene mucho significado y para vos también, obviamente, que es la Teshuvá, el arrepentimiento. ¿Nos ayudás a entender de qué se trata?
-Está todo está todo unido, por supuesto. Teshuvá es la gran palabra de estos días, que quiere decir por un lado arrepentimiento, es verdad. A mí me gusta la traducción de Teshuvá también en el sentido de una búsqueda interior. Eso es el arrepentimiento. Es un regreso interior porque Teshuvá también viene de la palabra layuv que es volver. Que hace la pregunta de a dónde tengo que volver. Teshuvá también quiere decir respuesta.
Hay una fiesta con la que tenemos exactamente seis meses de diferencia con esta. El calendario hebreo está muy armado, especialmente, no son efemérides puestas así nomás. Exactamente a la mitad del año hay una fiesta muy importante en donde la palabra clave es la pregunta. Es Pésaj, exactamente a los seis meses. Ahí son todas preguntas, las cuatro preguntas, los hijos que preguntan, las cosas en la mesa para preguntar. Es pregunta, pregunta, pregunta. Unos seis meses después Teshuvá, hay que dar respuestas. Porque está muy bien ser buscador, está muy bien preguntarse cosas sobre la vida, sobre la existencia, sobre la muerte, hay que ser un buscador, pero hay que ser un respondedor también.
-¿De uno mismo?
-Con uno mismo, claro que sí. La Teshuvá te viene a decir «bueno, tengo que dar respuestas’’. ¿A qué? ¿Me hice las preguntas acerca de mi agenda, acerca de lo que tengo, acerca de mi alma? ¿Y si me hago las preguntas, voy a tener respuestas? ¿Qué estoy haciendo con todo eso? ¿A dónde es que tengo que volver? Teshuvá es volver, retorno. ¿A dónde tengo que volver? Bueno, hay un montón de lugares a donde volver y cada uno tiene que revisarlo.
Quizás uno tiene que volver un poquito más a casa. Quizás uno tiene que volver a evaluar qué es el amor de pareja, porque pasa el tiempo y uno cree que el amor tiene que ser igual. El amor tiene que ser mejor y distinto. Y quizás uno tiene que volver a reevaluar cuál es el vínculo con los hijos cuando crecen, porque uno piensa que sigue teniendo el mismo lugar. Quizás uno tiene que volver a reevaluar qué es el judaísmo para uno y la espiritualidad, porque durante un gran tiempo, la etapa de la vida de uno, el judaísmo queda reducido. Quizás, a llevar a los chicos al shule, o alguna tradición una vez por año o ir a la casa de la Bobe para Rosh Hashaná. Pero ahora que tengo esta edad, ¿qué tiene que ver eso con mi alma? Ahora en este momento de mi vida, me voy a preguntar qué pasa dentro de mi alma. Uno tiene que volver a preguntarse en qué cree. Puede decir ‘‘creo en Dios o no creo en Dios’’. ¿En qué creo? ¿Por qué no creo? ¿Dónde está? ¿Puedo hablar? ¿Porque no puedo hablar no existe? ¿Porque no lo veo no es? Hay que volver a hacerse esas preguntas.
-Es muy emocionante vivir tus ceremonias, en las cuales he participado mucho con mi familia. Es muy muy conmovedor el final de Kippur. En el medio das un ejemplo todos los años cuando pedís disculpas a tu propia familia porque no tuviste el tiempo para ellos y lo hacés delante de todos, lo que me parece que es ejemplificador, pero también hacés hincapié en que se cierran los cielos. Hay un momento donde se cierran. Es como que en la festividad de Rosh Hashaná hasta Iom Kippur los cielos están abiertos y hay un punto donde vos insistís en eso antes de que termine Neilá. ¿De qué se trata?
-Hay una imagen muy hermosa al final, como vos decís, de todas estas fiestas, la última noche se llama Neilá, que quiere decir el cierre, que es Neilat Sherim, el cierre de las puertas. Originalmente hablaba del cierre de las puertas del gran templo de Jerusalem. Pero también se lo relaciona con el cierre de las puertas del shamaim, del cielo. Es el final donde se cierran las puertas del cielo. Es una imagen muy poderosa. Porque uno dice, ¿cómo puede ser que se cierren las puertas del cielo? ¿Cómo hago para estar conectado o solo me puedo conectar en las fiestas? ¿O en las fiestas Dios aparece y después cierra la puerta y se va? ¿De qué de qué se trata este cierre?
Creo que es una oportunidad para a volver a preguntarnos. Si se me cierran las puertas, ¿cómo hago yo para abrirlas este año? ¿Qué puertas necesito abrir? ¿Qué puertas necesito que se cierren? Después de todo lo que pensé acerca de mi espacio, de mi tiempo, de mi alma, todas esas cosas que puse arriba de la mesa, si yo quiero realmente tener una vida mejor y un año más lindo, hay puertas que tengo que cerrar y hay puertas que tengo que abrir. Y en relación a Dios es algo muy potente. ¿Acaso Dios cierra las puertas y no está más? No. Dios abre las puertas en las fiestas para que te hagas estas preguntas, y las cierra para que lo vuelvas a buscar.
– Escuché alguna vez una metáfora que dice que Dios en estos días es como que está en el campo. No sé dónde nace eso, que hay que aprovechar como si fuese un rey que en general vive adentro de un palacio, que nunca se puede acceder a él, pero resulta que en estas en estos días decide caminar en el campo y la gente tiene acceso a él. Y después él vuelve y tenes que pedirle una audiencia.
-Antes de responder todo eso, tendría que preguntar, en realidad, ¿qué es Dios o dónde está Dios? Y tendrías que quedarte una semana acá. Porque poner a Dios como un señor con una corona que está sentado en un trono, en un palacio adentro del cielo que es donde se cierran las puertas y cada tanto sale a pasear, está bueno desde el simbolismo, es hermoso poéticamente, pero no es efectivo para mí. No es efectivo a la hora de corrernos de la imagen aniñada que tantas veces nos instalaron de lo que es Dios.
Creo que uno de los grandes problemas de la falta de fe en Dios de hoy es que como adultos nos quedamos con esa imagen aniñada de un señor vestido de blanco en un palacio, en una nube, mirando desde arriba qué hacemos y qué no hacemos. Y esa imagen es lo que tantas veces nos impide conectarnos verdaderamente con la fuente verdadera de la vida. Porque de grandes cuando vamos creciendo nos vamos enterando y dando cuenta de que no hay ningún señor vestido de blanco en un palacio, en una nube. Y si eso no existe, entonces no existe Dios. Y ese es el drama de caracterizarlo de una manera que después de grandes nos damos cuenta que era un cuentito de chicos. Entonces nada de eso existe. Y lo que no existe es nuestra forma de entender qué es Dios. Yo te voy a decir dónde queda el palacio. Yo te voy a decir dónde queda el cielo. Yo te voy a decir dónde queda el trono y el campo.

-¿Me lo vas a decir?
-Sí, ahora.
-Dentro de cada uno.
-Adentro de tu neshamá. Ahí está el cielo. Si querés abrís la puerta y charlás. Charlar con dios se puede, pero tenés que cerrar los ojos, irte del espacio, irte de este tiempo y hablar verdaderamente con el único fragmento de lo divino que tenés cerca, que es ahí adentro.
-¿Cuál es tu mensaje para aquellos que no son judíos, para el mundo gentil, que suele dedicar una mirada al mundo judío? En general, no lo digo por los tiempos que estamos corriendo, hay quienes siempre son muy respetuosos y encuentran también una fuente de sabiduría enorme. ¿Cómo podemos compartir este tiempo de las festividades que se viene con ellos?
-Rosh Hashaná y Iom Kippur lo celebramos los judíos, pero son fiestas universales. De hecho, nosotros tenemos una particularidad muy rara, todas raras, pero en Rosh Hashaná celebramos el comienzo del mundo, la creación del universo, la creación del ser humano. Y estamos a punto de celebrar los primeros 5786 años de ese momento histórico que es el comienzo del primer ser humano, que por supuesto coincide con lo que dice la ciencia. Sin dudas, lo digo en serio. La civilización humana para la ciencia comienza con la escritura. La escritura es el comienzo de la civilización humana, y los primeros registros de escritura datan de hace 5500 o 6000 años. Así que coincide con nuestros números.
Hay un montón de calendarios dando vueltas en el mundo. Nosotros estamos acostumbrados que estamos en el año 2025. El calendario cristiano que empieza con Cristo, con Jesús. El Islam está por el año 1400 y pico, que en el calendario musulmán empieza con la historia de Mahoma, cuando Mahoma viaja a La Meca. Y así un montón de calendarios, y cada calendario que hay, que existió, tenía relación con el nacimiento de dicha cultura. Las dinastías chinas comenzaban con el año de tal emperador, lo mismo con los reyes de Inglaterra, tal año de tal rey. Todas las culturas y religiones comenzaron sus calendarios con el inicio de su rey, profeta o referente. Nosotros no. Nosotros no contamos desde Abraham, ni de Jacob ni desde Moisés. Contamos desde el primer ser humano. Nuestra fiesta de comienzo es la fiesta de la creación del universo, del mundo. Rosh Hashaná es una fiesta universal. Y Iom Kippur, el Día del Perdón, no es de los judíos, es de todos. Todo ser humano en estas fiestas está invitado a evaluar su espacio, su tiempo y su alma.
-Te escuché dos términos que me parece van en línea con lo que estás diciendo. Uno es el tiempo dentro del tiempo, que es bien universal, y el otro, con respecto a la Teshuvá, ¿cuándo empieza el arrepentimiento? Yo creo que hay gente que debe arrepentirse de cosas muy difíciles. ¿Cómo empieza ese recorrido? ¿Cuál es el mecanismo para poder tener ese recorrido y realmente encontrar lo que llamamos la Teshuvá?
-El concepto del tiempo dentro del tiempo es algo que trabajamos mucho aquí, de hecho es el nombre de nuestro libro de rezos, que lo implementamos como un concepto para ver de qué manera podemos encontrar esos tiempos dentro del tiempo, porque el tiempo es algo que corre y no lo podemos detener. Hay dos formas de medir el tiempo. Está el tiempo circular de la naturaleza del cual no podemos escapar. Es de día, se va a hacer de tarde, de noche y mañana volverá a salir el sol. No podemos escapar de ese ciclo. Y también está el tiempo lineal, el de la historia, el que se va, el que se escapa y al que no podemos volver. Entonces, estamos atrapados en dos sistemas de tiempo que no podemos manejar. Lo que sí podemos hacer es encontrar tiempos adentro de ese tiempo que nosotros podamos manejar. Por ejemplo, el Shabbat, por ejemplo, estas fiestas. Tenés que encontrarte tiempos y frenar el tiempo. El Shabbat es un buen ejemplo. Estas fiestas son un buen ejemplo. Frenar para ver si podés poner arriba de la mesa todo eso, algo difícil.
Y una vez que encontrás el tiempo, ¿cómo empezar un proceso de arrepentimiento? Como te dije, el arrepentimiento tiene que ver principalmente con un retorno al interior de uno mismo, con una búsqueda personal y espiritual interior de buscar cuáles son las cosas que sí y cuáles son las cosas que no. Primero hay que asumir que nosotros no somos ese problema o ese error que cometimos. No somos ese problema. Nosotros cometimos algo que puede estar afuera nuestro. Es muy distinto que vos le digas a una persona que es un mentiroso, a que le digas a una persona que dijo una mentira. Son dos cosas distintas. Si dijo una mentira a tu hijo, puede dejar de decirla, pero si es un mentiroso, y lo es, es algo existencial. Bueno, eso no somos nosotros. Nada de lo que hiciste sos vos. Vos ahí adentro tenés un fragmento del Kadosh Baruj Hu. Tenés el cielo entero adentro de tu alma, puro, cristalino, esperando a que vuelvas y lo descubras, y ver a qué cosas vas a cerrar la puerta y no las vas a volver a hacer, porque no sos vos. Y cuando descubrís eso, volvés. Volvés a ser vos, el verdadero vos.
¿Y dónde empieza toda esa búsqueda? En la primera palabra que arranca todo este periodo, Rosh Hashaná. ¿Qué quiere decir Rosh Hashaná? Cabeza de año. ¿No es raro? ¿Qué pasa en Rosh Hashaná? Es el comienzo del año, el principio del año, el inicio del año. ¿Por qué cabeza? El año no tiene cabeza. Vos tenés cabeza este año, quizás. ¿Dónde empieza todo? En el rosh. En tu mente. Hablando de puertas, vos tenés la llave de tu mente. El problema es que a veces la llave se le damos a otra gente. A veces permitimos que otras personas estén ahí adentro, otras personas de otras historias, de historias viejas que ya pasaron. Dejamos que ahí adentro haya problemas y traumas de otro tiempo, o miedos y fantasías de lo que puede llegar a venir. Y tampoco sos vos. Son pensamientos que invaden tu mente porque le diste la llave a otro. Si vos permitís y trabajás, a ver qué vas a hacer con tu espacio, tu tiempo y tu conciencia, entonces ahí dentro de tu mente quien va a gobernar vas a volver, Teshuvá, a ser vos, y vas a poder abrir la puerta de lo que tenés que abrir.
-Detrás nuestro la gente estará viendo un espacio muy grande, que en general siempre está lleno. En Shabbat especialmente las puertas que están se abren y ocurre algo multitudinario. Estamos en el barrio de Belgrano, en el corazón de Belgrano. Ale, vos que percibís el alma de la gente desde hace años, ¿qué pasó desde el púlpito después del 7 de octubre? Obviamente lo podés observar con aquellos que dejaron de venir, los que necesitaron venir y los que nunca vinieron y empezaron a venir. ¿Qué pasó con la gente en todo este tiempo?
-Ya van casi dos años. Es, por supuesto, agotador seguir pidiendo, seguir explicando, seguir teniendo que dar explicaciones de lo que somos. Pasaron muchas cosas muy tristes. Primero el desastre de la masacre, la cacería por las calles. Asistimos al primer pogrom judío del milenio. Eso lo veíamos en documentales y en libros de historia. Y después pasaron más cosas. Pasaron cientos y cientos de días con gente que todavía está secuestrada y de la que nadie habla. Hablamos nosotros en los templos, en algún acto. Vos no escuchás a ningún organismo internacional hablar de eso. No escuchás a los organismos de defensa de la mujer. Todavía hay una mujer que no han devuelto su cuerpo ni siquiera. No escuchás a ningún organismo de defensa de los derechos humanos reclamar para ir a visitar a decenas de personas que están cautivas por un grupo de fanáticos.
Al único al que se le reclama es a Israel, un país que todavía está buscando a su gente e intentando demostrar que, lamentablemente, durante añares, todos nosotros estuvimos buscando la solución a dos Estados, viendo de qué manera finalmente en algún momento a través de todas las tratativas de paz y ofertas de tantísimas ofertas para que se establezca un Estado palestino o la retirada de judíos de los territorios, ¿no es cierto? Tantísimas veces que se hizo y quizás nunca se detectó que del otro lado nunca quisieron dos Estados. Ese es el problema. Solo querían un Estado y que no sea Israel. Y entonces desde aquí a la distancia es tan doloroso. Tenemos tantísimas familias y queridos, tenemos tantísimos papás de jaialim que están allá, tenemos tantos queridos y secuestrados argentinos allí. El judío se sintió se sintió olvidado por muchos amigos, por muchos espacios de la sociedad.
-Tu vida te permitió pararte aquí inmediatamente después del 7 de octubre. Toda tu vida dedicada a esto te permitió pararte y enfrentar la situación. Se me ocurre que había gente que vino a encontrar, no sé si una respuesta, pero tal vez algún alivio.
-Sí, un poco es lo que te decía, creo que el judío se sintió se sintió un poco olvidado, se sintió solo, otra vez frente al mundo, desnudo, otra vez acusado con el dedo de cosas ridículas, imposibles de entender o de creer. Otra vez teniendo que asumir que nosotros tenemos que tener una vara de ética en la que se nos mide diferente que al resto de la humanidad.
Se pretenden cosas de Israel y del judío que no se esperan de nadie. Y en esa soledad creo que mucha, muchísima gente, encontró ese abrazo y esa contención en estos refugios. En volver a encontrarse, en volver a sus tradiciones, volver a estudiar, volver a donar, volver a ayudar, volver a su templo, volver a su familia, volver a pensar en todas las cosas que estuvimos hablando antes. Y creo que esa forma resiliente del judío es algo que venimos heredando desde hace milenios. Fíjate que si hay algo que pasó en cada exilio y en cada en cada masacre judía es el renacimiento de su literatura, de sus textos, de sus sabios, de su de su coraje y de su inventiva.
-Ale, Shaná Tová.
-Que tengamos un gran año, y cierro con algo que siempre digo y recomiendo. El saludo de las fiestas es Shaná Tová Umetuká. Pedimos que el año sea bueno y dulce. Y la realidad es que el año no va a ser ni bueno ni dulce. El año por sí mismo va a ser igual al que pasó con las mismas situaciones, conflictos y cosas difíciles. Cosas hermosas, oportunidades, belleza, con las mismas bendiciones y con los mismos problemas. Hay una sola forma de que el año sea más bueno y más dulce. Si vos arrancás la mañana siendo un poco más bueno y más dulce, ese día, esa semana, ese año, sin dudas será más bueno y más dulce.

