Itongadol/Agencia AJN.- Una manifestante iraní de 28 años, Negin Ghadimi, fue asesinada de un disparo de arma de fuego durante una protesta antigubernamental en la ciudad de Tonekabon (Shahsavar), en la provincia de Mazandaran, en el norte de Irán, informaron organizaciones de derechos humanos y medios internacionales.
Según relatos de testigos y familiares, Ghadimi —quien tenía formación universitaria en biotecnología y era descrita por sus allegados como una joven vital, amante del arte y el deporte— participó en las movilizaciones que estallaron en todo el país desde fines de diciembre pasado. Las protestas, que inicialmente se centraron en la crisis económica, se convirtieron en un movimiento más amplio contra el régimen iraní.
El 9 de enero, en medio de un clima de creciente violencia, las fuerzas de seguridad —según informes de organizaciones como Iran Human Rights— comenzaron a disparar munición real contra los manifestantes. Ghadimi fue alcanzada en el costado, y aunque fue auxiliada por quienes estaban cerca y trasladada a una vivienda para intentar salvarle la vida, murió finalmente en el abrazo de su padre, incapaz de ser llevada a un hospital debido al constante fuego en las calles.
Familiares y amigos relatan que, pese a la oposición de su familia, Negin decidió unirse a las protestas “por libertad” y por expresar su voz junto al pueblo iraní. Un amigo citado por medios que cubren el caso señaló que, cuando su padre le pidió que regresaran a un lugar seguro, ella respondió: “No tenemos nada que perder”.
La muerte de Ghadimi ha generado reacciones en redes sociales con la etiqueta #Negin_Ghadimi, donde se ha difundido su historia como representación del costo humano de la represión. Sin embargo, parte del material gráfico que circuló en redes atribuido a ella ha sido verificado como falso: una imagen compartida en redes corresponde a la actriz turca Tuba Büyüküstün, no a Ghadimi.
El contexto de su muerte forma parte de un patrón más amplio de violencia estatal. Grupos de derechos humanos señalan que miles de manifestantes han sido asesinados y decenas de miles arrestados desde el inicio de las protestas a finales de 2025, aunque el acceso a información verificada dentro de Irán se ha visto dificultado por el corte prolongado del servicio de internet.
Las protestas han sido reprimidas con gases lacrimógenos, disparos directos y detenciones masivas, mientras que el régimen iraní ha acusado a manifestantes de provocar disturbios y a menudo ha mostrado imágenes de funerales por sus propias fuerzas de seguridad.
La historia de Ghadimi ha sido relatada por su familia como la de una joven que aspiraba a estudiar y trabajar en el extranjero y que, como muchos de su generación, decidió alzar la voz en un momento de convulsión social. Su muerte se ha convertido en un símbolo de las tensiones en Irán y del alto precio que están pagando quienes protestan contra el poder establecido.

