Itongadol/Agencia AJN.- El Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel volvió a elevar este jueves su denuncia pública contra la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF), al afirmar que uno de los terroristas abatidos por las Fuerzas de Defensa de Israel en 2024, y que MSF había presentado como miembro de su equipo, era un alto mando de la Yihad Islámica Palestina.
En un comunicado oficial difundido en redes sociales, la cancillería israelí recordó que Fadi al-Wadiya fue eliminado por Israel en junio de 2024 durante una operación en Gaza, y señaló que el grupo armado publicó recientemente un póster en el que lo identifica como “comandante martirizado”. Ese reconocimiento, según la postura israelí, valida acusaciones previas de que al-Wadiya no solo tenía vínculos con la estructura militar de la Yihad Islámica, sino que desempeñaba un rol estratégico en su unidad de fabricación de armas.
Las autoridades acusaron a al-Wadiya de usar su posición en MSF como cobertura mientras, paralelamente, operaba como subdirector de la unidad militar del grupo islamista que desarrolla cohetes y sistemas de armas. Israel presentó fotografías del hombre vistiendo uniforme del grupo armado como parte de lo que describió como “prueba” de sus vínculos con organizaciones terroristas.
La denuncia fue acompañada por un reclamo directo a MSF, al afirmar que la organización “no puede negar que contrató a un terrorista” y exigiendo una rendición de cuentas pública. La postura israelí se inscribe en un contexto de tensiones crecientes entre el Estado judío y diversas ONG que operan en zonas de conflicto, donde Israel ha endurecido requisitos de registro y transparencia para las entidades internacionales que trabajan en Gaza y Cisjordania.
MSF, por su parte, ha rechazado estas acusaciones en múltiples ocasiones, sosteniendo que no tenía indicios previos de que al-Wadiya estuviera involucrado en actividades armadas y que nunca contrataría a personas implicadas en grupos terroristas, y ha pedido investigaciones independientes sobre el incidente.
El caso reaviva el debate sobre la interacción entre actores humanitarios y grupos armados en zonas de guerra, y plantea interrogantes sobre la seguridad, la neutralidad de las organizaciones de ayuda y los mecanismos de verificación en contextos de conflicto prolongado.

