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Un argentino en el gabinete de Hitler

Por Gustavo Beron
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Itongadol.- (por Luciana Sabina).- Como muchos de los jerarcas nazis -comenzando por Adolf Hitler-, Ricardo Walther Óscar Darré nació fuera de Alemania. Para ser exactos en el barrio porteño de Belgrano, el 14 de julio de 1895.

Su padre se desempeñó durante mucho tiempo como director de la exportadora alemana Engelbert Hardt & Co., con mucha presencia en Argentina. Esto lo llevó a emigrar hacia nuestro país en 1876. Aquí conoció a la argentina descendiente de suizos Eleanor Lagergren y tuvieron cuatro hijos, entre ellos nuestro protagonista.

Cuando Ricardo tenía diez años todos se trasladaron a Alemania. Estudió en diversos colegios, incluyendo un colegio ubicado en Inglaterra. Mientras su cultura crecía en Europa, sus padres y hermanos regresaron a Buenos Aires. Participó de la Primera Guerra Mundial, ganando sólo una serie de heridas.

Con 34 años se doctoró en filosofía, aunque la verdadera pasión de Darré fue el mundo agropecuario, que vivenció como pocos siendo un niño argentino. En 1928 publicó su primer libro al respecto. Una vez dentro del naciente Partido Nazi, la confianza que depositó en él Hitler lo llevó a ocupar el cardo de ministro de Agricultura en la Alemania nazi durante nueve años. Pero su actuación no se limitó a ese ámbito.

El argentino fue además uno de los ideólogos del nazismo. Desarrolló la famosa teoría de “Sangre y Tierra” -”Blut und Boden”, en alemán-, que aseguraba la existencia de una fuerte relación entre cualquier pueblo con la tierra que ocupa y cultiva. Esta idea, unida al concepto de “raza superior”, fue utilizada para menospreciar a los judíos pues aún no tenían territorio propio, hecho que terminó con la creación de Israel en 1948. El “aporte” de Darré tuvo gran relevancia para Hitler y sus seguidores a la hora de justificar el asesinato de a millones en nombre de la “raza”.

Según la historiadora Anna Bramwell, el argentino influyó al Partido Nazi en cuanto a la selección de políticas de eugenesia y control de natalidad, que apuntaban al desarrollo de una “raza perfecta”. Planteaba, por ejemplo, que los hijos ilegítimos no eran los nacidos fuera del matrimonio, sino los de “menor calidad racial” y debían ser eliminados. Por esto, estableció parámetros raciales para elegir esposas “genéticamente aptas”.

Su enemistad con Heinrich Himmler -líder de las SS- y una serie de malas decisiones ministeriales en tiempo de guerra, lo obligaron a abandonar el gobierno en 1942. A pesar de esto, durante los famosos juicios de Nüremberg, fue condenado a siete años en prisión. Cumplió aproximadamente el 85% de la pena antes de ser liberado. Poco después, con 58 años, falleció de cáncer en Múnich sin regresar jamás a Argentina.
Fuente: Diario Los Andes de Mendoza

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