Inicio ISRAEL Yarden Bibas y el emotivo homenaje a su familia: kibutz Tze’elim, donde se casó con su novia, Shiri Silberman

Yarden Bibas y el emotivo homenaje a su familia: kibutz Tze’elim, donde se casó con su novia, Shiri Silberman

Por Gustavo Beron
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Itongadol/Agencia AJN.- Hace poco más de un mes, Eli Bibas regresó a su casa en el kibutz Tze’elim, en el norte del Néguev, después de meses recorriendo Israel. Desde el 7 de octubre, había dedicado todo su tiempo a la lucha para traer de vuelta a los rehenes, entre ellos su hijo, Yarden Bibas.

Cuando Yarden fue liberado tras 484 días en cautiverio de Hamás, Eli se instaló cerca de él y permaneció en una habitación del complejo hotelero de Kfar Maccabiah. Ahora Yarden está empezando el difícil proceso de reconstruir su vida sin su esposa Shiri y sus dos hijos pequeños, Ariel y Kfir, que fueron secuestrados en su casa en el kibutz Nir Oz y asesinados en cautiverio. Pronto se mudará a un nuevo hogar.

Eli, por su parte, está iniciando un capítulo nuevo pero familiar: regresar a su kibutz y readaptarse lentamente. Divide su tiempo entre amigos de toda la vida en Tze’elim y nuevas relaciones surgidas desde que comenzó la guerra.

Casi todos los días, Eli camina desde su casa hasta un bosquecillo cercano, donde el memorial “Bibas Footprints” acaba de ser terminado y se revela por primera vez. Cuando llega, se para frente a la instalación y observa la losa de concreto donde están grabadas las huellas de su nuera y sus nietos: dos huellas adultas de Shiri, dos más pequeñas de Ariel y las marcas de manos y rodillas del bebé Kfir, como si estuviera gateando. Alrededor, círculos concéntricos evocan el eco de su presencia.

El sitio abrirá pronto al público. “Es increíblemente conmovedor pararse aquí sobre sus huellas”, dice Eli. “Es tan tangible, como si hubieran pasado por aquí y seguido camino. Me parece una idea brillante”.

“Hay muchos memoriales para la familia Bibas. En Ramla, por ejemplo, están construyendo una plaza en su honor, y hay otra en Ma’ale Adumim. Pero este es mucho más profundo. Ojalá este lugar sea más que un memorial; también un punto de visita para quienes recorren la zona. Que vengan, escuchen la historia y sientan lo que nosotros sentimos. Solo espero que lo respeten. Que nadie estacione sobre el concreto ni haga un picnic y deje basura”.

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“Lamentablemente, nos convertimos en un símbolo”

Yarden nació y creció en el kibutz Tze’elim, donde aún viven sus padres, Eli y Edna. En 2018 se casó con su novia de la secundaria, Shiri Silberman, y la pareja se mudó a Nir Oz, donde ella había nacido. Pero Tze’elim siempre permaneció como un punto de unión.

La semana pasada, Yarden visitó el recién terminado memorial “Bibas Footprints” y dio su aprobación final a la instalación.

“Por un lado, es profundamente emocionante ver una iniciativa así, especialmente las huellas”, dijo Yarden. “Por otro lado, todavía es incomprensible para mí. Solo pasaron ocho meses desde que fui liberado del cautiverio. Antes de eso nadie sabía quién era, y ahora la gente me reconoce en todas partes. Éramos una familia completamente anónima antes del 7 de octubre. Gente común. Ahora ‘Bibas’ es uno de los nombres más conocidos de Israel, y también del mundo, especialmente en las comunidades judías”.

“Es conmovedor ver cuánto cariño hay hacia nuestra familia, tanto aquí como afuera. La gente crea memoriales para Shiri, Ariel y Kfir, y estoy agradecido por ello. Reconforta el corazón”.

Cuando le preguntaron si conectaba con el lugar y la idea detrás del memorial, Yarden respondió con una sonrisa modesta: “No soy una persona muy artística, pero las huellas son algo destinado a permanecer, y eso es muy especial. También que hayan tomado un lugar donde no había nada y lo hayan convertido en un memorial para mi familia. No soy el único afectado del 7 de octubre, pero lamentablemente nos convertimos en un símbolo. Aún me cuesta comprender que estén creando un memorial para mi familia. Supongo que todavía no entiendo del todo lo grande que se volvió la historia de los Bibas”.

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Eli Bibas en el lugar del homenaje.

Aunque la familia vivía en Nir Oz, Yarden dice que su vínculo con Tze’elim es profundo: “Para mí tiene un significado enorme que el monumento haya sido construido cerca de Tze’elim. Nuestra familia está muy unida a este lugar. Nací y crecí aquí y mis padres aún viven aquí. Nuestra boda fue en la piscina del kibutz. Las ceremonias del brit milá de Ariel y Kfir se hicieron en la sinagoga de acá. Íbamos al menos una vez por semana a visitar a mis abuelos. E incluso más seguido, porque yo trabajaba cerca mientras vivíamos en Nir Oz”.

“Para los chicos, Tze’elim era la casa de los abuelos. Los fines de semana caminábamos por la zona. Había un lugar donde nos encontrábamos con mi hermana, mi cuñado y sus hijos; poníamos una manta y hacíamos un picnic. Justo frente al sitio del memorial es donde mis compañeros y yo celebramos nuestra ceremonia de bar mitzvá: construimos un puente de cuerdas e hicimos una fogata tradicional. Tze’elim es el origen y es el hogar. Por eso tiene sentido que el memorial esté aquí”.

Sobre lo que siente al pararse sobre las huellas de su esposa e hijos, Yarden explicó: “Es duro y abrumador, pero también muy conmovedor. Depende del día. Hay días en los que no puedo mirar nada, y otros en los que estoy más fuerte. Cuando vine sabía qué esperar porque participé del proceso y me mantuvieron al tanto del trabajo. Solo espero que quienes vengan respeten el lugar y honren su significado”.

Círculos sin salida

El memorial fue iniciado por Boaz Kratchmer, del kibutz Tze’elim y presidente de la Autoridad del Arroyo Besor. “El día que Shiri y los niños fueron devueltos y enterrados, mientras estaba en el funeral en el cementerio regional de Tzohar, me surgió la idea: teníamos que hacer algo poderoso en su memoria”, cuenta.

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“Integré a la familia en el proyecto, abrimos un grupo de WhatsApp y empezamos a intercambiar ideas creativas. Pensé que lo más apropiado era establecer el memorial en Tze’elim, donde la familia comenzó y donde nació y creció Yarden. Había un pequeño bosquecillo de árboles junto al kibutz, a lo largo del ‘Sendero del Campo’. Los veteranos del kibutz habían plantado esos árboles hace 50 años. El lugar estaba abandonado, los árboles necesitaban agua y cuidado. Al comenzar la construcción encontramos, bajo tierra, restos de viejas tuberías que pertenecieron al histórico sistema de agua del Néguev”.

Kratchmer contactó al arquitecto paisajista Tzvika Pasternak, cuyo equipo también diseñó el memorial “Letra y Nombre” en Kibbutz Kfar Aza.

La idea de las huellas surgió por casualidad, durante una práctica de artes marciales. Pasternak lleva años entrenando Meihuaquan, un arte marcial chino. En una sesión, su instructor le dijo que “llevara la energía hacia abajo” en sus huellas para mantener el equilibrio. Allí surgió la inspiración.

“Las huellas son profundamente personales”, explica. “Son la marca de alguien que estuvo aquí y caminó. Pero en este caso, no llevan a ningún lado: están atrapadas y rodeadas por círculos sin salida, reflejando a Shiri y los niños, encerrados en los túneles de Hamás. Un día, mientras caminaba por la playa con mi hija, le conté la idea y ella me recordó que el pequeño Kfir, con solo nueve meses, aún gateaba. Por eso añadimos las marcas de manos y rodillas”.

“El proyecto refleja la brutalidad de su secuestro y el rastro que dejaron atrás. Pero también transmite un mensaje: seguimos aquí. Permanecemos. En la memoria y en la vida. Siento que todo lo que hice en mis 30 años de carrera me preparó para crear tanto el memorial ‘Letra y Nombre’ como este”.

Kratchmer destaca que todo se hizo en total coordinación con Yarden, su hermana Ofri y los padres. “Después de que Yarden visitó el sitio, me dio la señal de aprobación. No necesitó decir mucho. Hay momentos en los que no hay nada que decir, solo mirar”.

Negro como Batman

En la entrada del memorial, una frase está grabada en la pared de concreto:
“Quienes caminaron hacia el tiempo, aquellos a quienes nuestras almas amaron, dejan sus huellas en nuestros corazones”.

Las letras amarillas del nombre “Bibas Footprints” evocan los pines amarillos usados en solidaridad con los rehenes. El color negro que rodea la instalación fue elegido como homenaje a Batman, el personaje favorito de Ariel.

Alrededor del sitio se plantaron eucaliptos y tamariscos, y pronto se instalarán bancos para los visitantes. El memorial, que costó aproximadamente 300.000 shekels (unos 93.000 dólares), abrirá al público tras una ceremonia de dedicación prevista para principios de diciembre. Su mantenimiento estará a cargo de miembros del kibutz Tze’elim y del Consejo Regional de Eshkol.

Mientras tanto, Kratchmer sigue visitando el lugar cada día, revisando los sistemas de riego y cuidando los árboles jóvenes. La autoridad regional de drenaje, que cofinanció el proyecto, está completando los preparativos finales.

“Este será un lugar donde la gente pueda detenerse, descansar, recordar y reflexionar”, dijo Nehemia Shachaf, director de la Autoridad de Drenaje. “La fuerza de este sitio está en su simplicidad. Se integra de forma natural en el paisaje”.

En la entrada se encuentra un eucalipto adulto, reseco y torcido. Simbólicamente, tres ramas gruesas crecen desde su tronco. “Cuando miré el árbol, justo después de que terminamos el sitio, de repente me cayó la ficha”, dijo Kratchmer. “Esas tres ramas son como Shiri, Ariel y Kfir: profundamente arraigadas en nuestros corazones”.

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