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Maradona. Embajada argentina en Israel arría la bandera a media asta y abre un memorial

Por IG
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Itongadol/AJN.- «El fallecimiento de nuestro ídolo, Diego Armando Maradona, es un golpe durísimo», admitió hoy, jueves, el embajador argentino en Israel, Sergio Urribarri.

Ayer, «apenas me enteré, vine bajo la lluvia y puse la bandera a media asta», contó.

«Hoy abrimos este humilde memorial para que la comunidad argentina y todos aquellos que así lo sientan puedan sumarse a la distancia a la despedida que el pueblo le brindará a Diego en Casa Rosada», anunció el diplomático en una página del libro de condolencias.

«¡Diego no se va a morir nunca!», enfatizó.

«El mejor de la historia del fútbol mundial, el que más alegrías nos dio, el que nunca se calló… ¡el más correcto de los políticamente incorrectos!», lo recordó Urribarri.

«¡Diego vive en nuestro pueblo argentino!», subrayó.

«¡Gracias por tanta felicidad!», reconoció el embajador.

«Descansa en paz», cerró.

El memorial está instalado en la sede de la Embajada Argentina en Israel, en Medinat HaYehudim 85 (Herzliya Pituaj). La representación argentina en el exterior esta abierta de lunes a jueves de 9 a 15 y el viernes de 9 a 13.

Ayer, el mundo se estremeció con la noticia del fallecimiento de Diego Armando Maradona, uno de los deportistas más importantes de la historia. El ex futbolista y entrenador sufrió un paro cardiorespiratorio al mediodía tras descompensarse en su residencia en el partido de Tigre, en la Provincia de Buenos Aires.

Rápidamente, la noticia llegó a Israel, que recuerda con cariño cuando el mejor jugador de fútbol del mundo visitó el Estado judío. Antes de las tres Copas del Mundo que disputó, Maradona jugó amistosos en Israel contra la Selección local, a modo de preparación para la contienda. En los dos primeros mundiales llegaría a la final, consagrándose campeón en el primero de ellos.

Maradona visitó Israel en tres oportunidades, entre 1986 y 1994. La primera vez fue el 4 de mayo de 1986 en el estadio nacional de Ramat Gan, un mes antes de la Copa Mundial de la que se consagraría campeón. En aquella oportunidad, Argentina venció por 7 a 2, con dos goles del diez.

A partir de allí, los amistosos en Israel se transformaron en un amuleto para la selección nacional, que volvió a jugar allí antes del Mundial de 1990, nuevamente con un triunfo por 2 a 1, con gol de Maradona incluido. La tercera y última vez fue en mayo de 1994, antes del último mundial que disputó como futbolista. El conjunto argentino triunfó por 3 a 0.

En esos viajes, Maradona visitó el Muro de los Lamentos y hasta se reunió con el por entonces primer ministro israelí Itzjak Rabin en 1994.

Maradona estaba recuperándose de una internación por un hematoma subdural en el barrio de Tigre, donde sufrió una descompensación. Tras ser trasladado de urgencia al hospital, y varios intentos fallidos de reanimarlo, se constató la muerte del ex capitán y entrenador de la Selección Argentina.

Reconocido a nivel mundial por sus logros deportivos, y dueño de una personalidad extravagante, Maradona es reconocido en todo el mundo por su atrevimiento, su talento y su carisma. Brilló en equipos argentinos como Argentinos Juniors, Boca Juniors y Newell’s All Boys de Rosario, y también en Europa, defendiendo los colores del Barcelona de España y del Napoli de Italia, al que sacó campeón siendo la figura indiscutida.

En el último año, Maradona volvió a trabajar como entrenador en Argentina tras un paso por Dorados de Sinaloa en México, asumiendo como director técnico de Gimnasia y Esgrima de La Plata. Sin embargo, los últimos meses sus apariciones en los campos de juego se hicieron cada vez más esporádicas, evidenciando cada vez más el deterioro de su estado de salud y sus capacidades cognitivas.

Maradona representó un símbolo para la identidad argentina desde 1986 cuando condujo a la Selección nacional al triunfo en la Copa del Mundo. Miles de historias se han contado sobre él y su familia, incluyendo un sinfín de polémicas que incluyeron la adicción a la cocaína y algunos hijos no reconocidos, además de Dalma y Giannina, sus dos hijas mayores, quienes lo acompañaron hasta su último día.

En las sucesivas internaciones y momentos delicados de salud que debió atravesar, una marea de hinchas siempre lo acompañó dándole aliento, incluso en la más reciente internación que tuvo lugar durante la pandemia. Los fieles, conocidos como la «Iglesia maradoniana», lo siguieron en cada momento difícil que debió pasar.

Valorado por parte de la sociedad por su postura de enfrentarse a los poderosos, como la FIFA, se convirtió en un ícono. A pesar de su muerte, «Pelusa» es una leyenda que vivirá por siempre.

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