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Conociendo a Gal Gadot, el orgullo israelí de Hollywood

Por Gustavo Beron
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Itongadol (por Nancy Jo Sales, para Vanity Fair).- Gal Gadot se está relajando en el patio trasero de su casa en Tel Aviv. Ese, un espacio al aire libre rodeado por un muro de piedra y árboles colgantes, es el lugar donde dice que le gusta ir a pasar un poco de “tiempo para mí” después de que sus hijos, Alma, de ocho años, y Maya, de tres, se duerman. El año pasado, cuando Gadot y su marido, Jaron Varsano, pensaron que Alma ya era lo suficientemente mayor, le mostraron la película que convirtió a su madre en una estrella: La Mujer Maravilla.

“Estaba muy emocionada”, dice Gadot, “pero tampoco podía soportar ver a Ima (Madre, en hebreo) luchando contra los malos”. “No pudo soportarlo. Así que nos saltamos las partes que le daban miedo. Pero el resto le encantaba, y está orgullosa”, agrega.

Sin embargo, Alma no es fan de la Bella Durmiente. “Ella dijo que no le gusta la Bella Durmiente. Le pregunté por qué, porque es una princesa de Disney; ¿a quién no le gusta una princesa de Disney? Y ella contestó: ‘Porque todo lo que hace es dormirse y el príncipe viene y la besa y listo. Ella no hizo nada’”. “Tanto Jaron como yo la mirábamos sorprendidos por su punto de vista tan saludable. Y es cierto… ella no hizo nada”, afirma la actriz.

Recuerdo que, cuando fui a ver Mujer Maravilla en el teatro de la ciudad de Nueva York justo después de que se inaugurara en junio de 2017, todos los gritos y vítores que salían eran de las mujeres y niñas del público. En un momento dado, una mujer sentada a mi lado me agarró la mano, en un impulso de hermandad. Pronto se supo de reacciones similares en todo el país y el mundo: el público aplaudía, lloraba, se ponía sus brazaletes y blandían sus lazos dorados en público y en redes sociales.

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Un post viral de Tumblr de una maestra de jardín de infantes, que Gadot retweeteó, informaba de una lista de cosas inspiradoras que habían sucedido en su clase desde el estreno de la película: tanto niños como niñas queriendo emular la fuerza y la bondad de la Mujer Maravilla, y salvar el mundo, como ella lo hizo.

La Mujer Maravilla fue un verdadero un fenómeno. Al llegar, como lo hizo, meses después de la elección que llevó a un misógino a la presidencia de los Estados Unidos, se sentía como un bálsamo. Y Gadot parecía la encarnación perfecta de una amada superheroína, llegando a tiempo para una ola feminista (su nombre de pila, Gal, significa ola en hebreo), iniciada por la histórica Marcha Internacional de las Mujeres en enero de 2017.

Hoy, con Mujer Maravilla 1984 a punto de llegar a los cines en diciembre, Gadot está entusiasmada para que el público se ponga al día con la próxima entrega de la historia. “Creo que la primera película fue el nacimiento de una heroína”, dice, hablándome por Zoom, “y esta vez queríamos profundizar en cierto modo”. “Trata más sobre el peligro de la codicia, y creo que es muy relevante para la época que vivimos. Parece que todo el mundo está en una carrera por más, y cuando obtienes lo que querías hay una nueva ambición, ¿y cuál es el precio?”, reflexiona.

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Lleva un vestido negro sin mangas de Helmut Lang con cuello asimétrico, y tachuelas de diamantes, sin maquillaje. En una conversación sobre temas feministas, es difícil saber cómo o si corresponde decir lo hermosa que es. Ella misma no parece estar interesada en ello. En su adolescencia, trabajó en Burger King en lugar de aceptar los trabajos de modelo que le ofrecían. Se sorprendió cuando ganó el concurso de Miss Israel en 2004 (su madre y una amiga la inscribieron sin su consentimiento) y decidió que los concursos de belleza no eran para ella. Participó del concurso Miss Universo de 2004, ha dicho en entrevistas, actuando poco cooperativa y usando ropa terrible.

En la escena de apertura de Mujer Maravilla 1984, la versión infantil de la princesa guerrera Diana Prince (interpretada por la niña de 12 años Lilly Aspell), quien se convertiría en la heroína de la ficción, se involucra en un largo concurso físico, una especie de olimpiada amazónica. Tiene lugar en Themyscira, la mágica isla y ciudad-estado donde nacieron todas las mujeres de la ficción. Es una secuencia deslumbrante desde una perspectiva técnica, con muchas hazañas de aspecto imposible ejecutadas a gran escala, pero lo que se mantiene es el puro atletismo por parte de una niña de aspecto muy decidido.

“Cada vez que veo esta parte de la película, me salen lágrimas”, dice Gadot, de 35 años. “Una de las cosas más importantes que creo es que sólo puedes soñar con convertirte en alguien o algo después de haberlo visto. Y los chicos, afortunados, desde el principio de las películas, eran los protagonistas, los fuertes, los que salvaban el día. Nosotras no conseguimos esa representación. Y creo que es tan importante, y por supuesto que lo es para mí como madre de dos niñas, mostrarles el potencial de lo que pueden ser. Y no significa necesariamente que tengan que ser atléticas o físicamente fuertes, sino que pueden ser más que lo que la vida les brinda”.

La estrella habla también de la necesidad de educación, y menciona la horrible noticia que sacudió Israel, cuando una chica de 16 años fue violada por varios hombres en la ciudad turística de Eilat, en el Mar Rojo, en agosto. “¿Cómo es posible que había varios hombres en la habitación y ninguno dijo: ‘esto está mal, paren, que alguien llame a la policía’?”, se pregunta. “Tenemos que ser un modelo a seguir para nuestros hijos y tenemos que educarlos para la igualdad. Hay un largo camino por recorrer porque todavía no hay una verdadera igualdad. Si centramos nuestros recursos en este tipo de cosas, entonces el verdadero cambio se producirá”, asegura.

Ella sonríe. Sonríe mucho. “Espero que no haya sido un discurso demasiado extenso”, añade.

“Nunca he conocido a nadie que tenga tantos dones -belleza, inteligencia y fuerza- y que sea tan buena”, dice Patty Jenkins, directora de Mujer Maravilla 2017, que fue la película más taquillera de una sola directora, con una recaudación de más de 820 millones de dólares en todo el mundo, y su secuela.

El éxito de la primera película de la Mujer Maravilla, por la que Gadot recibió sólo 300.000 dólares, una cifra que causó indignación en algunos círculos al compararlo con lo que ganan muchas estrellas de acción masculinas, ayudó a catapultarla a la lista de las actrices mejor pagadas de Hollywood. Según se informa, por Mujer Maravilla 1984 ganó 10 millones de dólares, una suma considerable que de todas formas sigue siendo menos de la mitad de lo que reciben algunas de las principales estrellas hombres, otra señal de que en Hollywood, como en otros lugares, la brecha salarial entre los géneros todavía tiene mucho camino por recorrer para cerrarse.

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“Gal es alguien cuyo principal objetivo es hacer el bien con su personaje. Por eso es tan especial tener a una Mujer Maravilla como ella”, dice Jenkins, que llama a Gadot su mejor amiga. “No busca la gloria o la fama, siempre se pregunta: ¿Qué podemos hacer con esto que sea bueno para el mundo?”.

Cuando le envié un correo electrónico a Chris Pine, que interpreta al amor de la Mujer Maravilla en ambas películas, el oficial de inteligencia Steve Trevor, preguntándole por qué pensaba que el público quería tanto a Gadot, respondió: “Mi comprensión de la Mujer Maravilla es que ella es el amor encarnado: feroz, fuerte, compasivo e inflexible. Esa es Gal”.

Gadot creció en Rosh Ha’ayin, una pequeña ciudad en el centro de Israel que un amigo israelí describe como “un típico suburbio de clase media de California”. Su padre, Michael, era ingeniero, y su madre, Irit, era una profesora de gimnasia que enseñaba deportes a Gadot y a su hermana menor, Dana, insistiendo en que corrieran fuera en vez de quedarse dentro y ver la televisión.

Pueden imaginarse a Gadot siendo muy parecida a esa niña activa en el estreno de Mujer Maravilla 1984, corriendo, saltando, preparándose física y mentalmente para su futuro. Su propio atletismo puede verse en ambas películas de la Mujer Maravilla, en las que es famosa por realizar muchas de sus propias acrobacias. “Tratamos de evitar en la medida de lo posible el uso de CGI en las peleas”, dice. Uno de los momentos más extraordinarios de Mujer Maravilla 1984 es una escena en la que combate a varios malos con su lazo dorado mientras da una patada alta de flexión hacia atrás, que consigue ser a la vez fuerte y elegante.

Después de la escuela secundaria, Gadot pasó dos años haciendo su servicio obligatorio en las Fuerzas de Defensa de Israel, donde fue instructora de gimnasia y de preparación para el combate, antes de entrar en la universidad. A menudo ha sido criticada por su servicio en las FDI, así como por un post en Facebook apoyando a las tropas durante los ataques aéreos del ejército israelí a Gaza en 2014.

“Vengo de un hogar donde ser actriz no era ni siquiera una opción”, me dice. “Siempre amé las artes y fui bailarina y amé las películas, pero ser actriz nunca fue una discusión. Mis padres decían que tenía que graduarme en la universidad y obtener un título”. Ella había planeado convertirse en abogada.

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Pero “dadadada”, como suele decir cuando pasa por alto detalles complicados o innecesarios, fue elegida como Gisele Yashar, la sensual experta en armas en Rápido y Furioso de 2009, y así comenzó su carrera en Hollywood.

“Jaron fue el que me dijo: puedes hacer lo que quieras”, dice. “Él es el que realmente me dio la fuerza para seguir este sueño”.

Gadot conoció a Varsano en un retiro de yoga y en una “fiesta muy extraña” en el desierto israelí en 2006, cuando ella tenía 20 años y él 30; ambos habían sido invitados por amigos comunes. Se llevaron bien inmediatamente y empezaron a salir. “En nuestra segunda cita, anunció que iba a romper con todas las demás chicas con las que salía y que me iba a pedir que me cases con él dentro de dos años, y lo hizo. Es un hombre de palabra”, dice Gadot, sonriendo. En 2008, se casaron en una pequeña ceremonia en Tel Aviv.

Conectarse con él resultó ser un punto de inflexión en su vida personal y, en cierto modo, en su incipiente carrera. Ella había encontrado un unicornio: un hombre verdaderamente feminista. “Somos realmente socios por igual”, dice. “Tenemos un grupo de amigos aquí y todas las esposas tienen carreras, y siempre bromeamos con que los maridos son el ‘nuevo hombre’, muy involucrados en el hogar y en el cuidado de los niños y demás”. “Jaron es literalmente el viento bajo mis alas”, sostiene.

Después de todo, es el tipo de hombre que honró el Día Internacional de la Mujer en 2018 publicando en Instagram: “Tengo tanta suerte de estar casado con una mujer fuerte e independiente. Aprendo de ella a diario, me da poder y me ayuda a ser una mejor versión de mí mismo. Nuestra relación se basa en la igualdad y el respeto mutuo. Sus objetivos son tan importantes como los míos. Sus sueños son tan importantes como los míos”.

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Él la apoyó en su carrera a medida que se hacía más grande y cada vez más exigente, dice, animándola a seguir trabajando a través de la crianza de dos hijas, incluso cuando ella misma se sentía insegura de cómo iba a hacer malabarismos para ser madre con todas sus oportunidades profesionales. Cuando se puso ansiosa por viajar a los sets de cine con su primogénita, Alma, fue Varsano quien le aseguró que podrían hacerlo funcionar. “Viajamos juntos”, dice Gadot. “Somos la familia del circo. Me encanta lo que hago, pero ante todo es mi familia y no viajaré durante mucho tiempo sin ellos”.

Ella llama a ser madre “lo mejor que he hecho, el proyecto de mi vida”. Cuando le pregunto qué tipo de madre es, sonríe y dice: “Soy todo tipo de madres. Depende de los días que les preguntes. Estoy muy conectada con ellas y soy muy cálida, y me aseguro de mantener los canales de comunicación abiertos y siempre hablamos de sentimientos y cosas así. Y a veces me corro y no las molesto porque he aprendido que cuando te involucras demasiado puedes crear problemas”.

“Puedo ser histérica a veces”, confiesa. “Puedo ser tonta. Nos reímos mucho. Puedo tener mucha paciencia, pero cuando la pierdo, no es lindo”, dice, y se ríe. “Creo que todas las mamás pueden identificarse con esto, que una vez que tienes un bebé, recibes un enorme saco de culpa, que es algo con lo que estoy lidiando todo el tiempo. Pero me di cuenta de que sólo puedo intentar ser la mejor versión de una madre que pueda ser. Así que trato de hacer lo mejor y darles todo lo que puedo”.

Sus hijas saben que interpreta a la Mujer Maravilla, por supuesto, pero “no es un problema en nuestra casa”, dice. “Soy la madre que las molesta y les pide que hagan cosas y las despierta por la mañana”.

En Mujer Maravilla 1984, que se rodó en Londres, Washington y partes de España, la protagonista hace mucho, incluyendo la lucha contra su némesis, Cheetah, interpretado por Kristen Wiig. Los personajes empiezan como colegas y amigos, cuando Chita es todavía la torpe geóloga Barbara Minerva, que aún no se ha transformado en su malvado alter ego. La escena en la que se encuentran por primera vez, en el Instituto Smithsonian, es notable por la actitud de bienvenida de Diana Prince hacia sus compañeras científicas; se siente como otro momento de poder femenino, mostrando la apertura y vulnerabilidad de Gadot en la pantalla.

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“Gal fue un tremendo talento desde el principio, pero tengo que decir que sus habilidades de actuación han explotado”, dice Jenkins. “Es una de las mejores actrices que trabajan ahora. Es tan asombrosa, es como si hubiera salido de un cómic, de la página, como si no pudieras imaginar nada más hermoso, y sin embargo, emana una compleja sabiduría”.

Annette Bening, que comparte cartel con Gadot en la película Muerte en el Nilo, dirigida por Kenneth Branagh, está de acuerdo en que Gadot tiene un talento interpretativo indiscutido. “Se ha convertido en una estrella gracias a la Mujer Maravilla, pero es una actriz muy buena”, dice Bening. “Por supuesto que en la Mujer Maravilla es encantadora, y tiene toda la fuerza, pero Gal también tiene muchas otras cosas en ella, y es capaz de hacer muchos papeles diferentes, lo cual estoy seguro que hará. Cuando una persona es tan bella, la gente a menudo la subestima, especialmente cuando se trata de una mujer; la gente no puede concebir que pueda ser tan inteligente como guapa y a la gente la pone celosa y competitiva”.

En Muerte en el Nilo, que sale en diciembre, Gadot interpreta a la mujer fatal más glamurosa de Agatha Christie, Linnet Ridgeway Doyle. La película es una suntuosa fuga, rodada en Inglaterra y Egipto. “Hicieron tan buen trabajo con los decorados y los trajes que literalmente te sentías como si fueras una mujer de los años 40”, dice Gadot, que aparece en una sucesión de vestidos mortales adornados con joyas.

“Soy una persona sociable”, dice Gadot. “Puedo hablar hasta con una pared. Quiero aprender; quiero oír historias. Así que para mí, trabajar con tanta gente fue encantador. Y tenía a Annette [Bening] allí conmigo, a quien ya conocía. Ella fue la que nos empujó a mí y a Jaron a fundar nuestra productora”, que se llama Pilot Wave.

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El primer proyecto de la compañía, una serie para Apple sobre Hedy Lamarr, será protagonizada por Gadot como la magnífica actriz de Hollywood y una genio científica que fue pionera en la tecnología y que sentó las bases para el WiFi, el GPS y el Bluetooth. “Ooh, Hedy Lamarr”, dice Bening cuando se lo menciono. “Gal es perfecta para eso”.

Hermosa, talentosa, bendecida con dos hijos y un esposo que la apoya, que se asocia con ella en proyectos exitosos, como el desarrollo del Hotel Varsano de Tel Aviv, que en 2015 Gadot y Varsano vendieron al multimillonario ruso-israelí Roman Abramovich por 25 millones de dólares, volando por todo el mundo, haciendo grandes películas con otras personas hermosas y talentosas…. La vida de Gadot mira más allá de los privilegios.

Y por eso no es una sorpresa que Internet se haya vuelto contra ella después de que publicó el video de ella misma y otras celebridades cantando “Imagine” de John Lennon, en marzo, en un momento en que muchas personas, incluida ella misma, acababan de empezar la cuarentena debido al COVID-19. El momento no era el adecuado, la gente se sentía desesperada, asustada y necesitada de recursos, no celebridades arrullándolas desde su lujoso entorno.

Cuando lo menciono con Gadot, no se disculpa. “A veces, intentas hacer una buena acción y no es la buena acción correcta”, dice con una sonrisa y un encogimiento de hombros. “No tenía nada más que buenas intenciones y venía del mejor lugar, y sólo quería enviar luz y amor al mundo”.

Su actitud de “tómame como soy” es refrescante, pero me pregunto cómo se lleva esto en Hollywood, que es famoso por ser un lugar donde la gente rara vez dice lo que realmente piensa. “A veces me puede meter en problemas”, dice. “Hay algo que he aprendido a decir, que es, ‘No estoy en desacuerdo contigo, pero’ – así que básicamente estoy en desacuerdo contigo.” Ella sonríe de nuevo. “Así que me adapté. Llegué a la conclusión: cada uno hace lo suyo a su modo”.

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Le tomo una foto en mi pantalla para asegurarme de que recuerdo cómo se veía durante nuestra conversación. En esta foto, ella está sonriendo la sonrisa más feliz que creo haber visto en alguien desde el comienzo de la pandemia. Me pregunto acerca de esa sonrisa, y cómo Gadot se las arregla para mantenerse tan feliz. Me pregunto si es porque parece muy consciente de lo afortunada que es.

La palabra “suerte” aparece una y otra vez mientras hablamos. Gadot se siente afortunada, dice, de estar sana y salva y con sus hijos durante el COVID. Se siente afortunada de haber sido elegida como la Mujer Maravilla y de ser parte de ese mundo, que dice que se siente “como si fueran una gran familia feliz viviendo en comunidad; ha sido un viaje increíble, increíble”. Se siente afortunada de tener a Varsano como su compañero.

“Soy afortunada”, me dice. “Doy las gracias todas las mañanas. En la cultura judía hay una oración que se supone que debes decir cada vez que te levantas por la mañana para agradecer a Dios por, ya sabes, mantenerte vivo y dadadada.

“Dices ‘modeh ani’, que significa ‘doy gracias’”, dice. “Así que cada mañana me despierto y salgo de la cama y digo, ‘Gracias por todo, gracias, gracias, gracias, gracias’”. “Ella cierra los ojos un momento, como si dijera la oración de nuevo. “Nada debe darse por sentado.”

Nota original publicada por Vanity Fair.
Traducción: AJN

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