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Academia de Liderazgo Sionista | Daniela Nemirovsky: Hay capítulos que, cuando terminan, en realidad parecen abrir algo nuevo

Por M S
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Itongadol.- (Daniela Nemirovsky) Hay capítulos que, cuando terminan, en realidad parecen abrir algo nuevo. El horizonte se despeja: sabés hacia dónde vas y con quiénes.

Me enteré de la existencia de ZLA gracias a KKL Argentina, que me nominó para participar en la camada (tzevet) 2025. En tiempos en los que el concepto de sionismo es tan malentendido y bastardeado, abrace el nombre apenas lo escuché, fue in SI rotundo: ZLA significa Zionist Leadership Academy (Academia de Liderazgo Sionista), y mientras hoy las masas llevan con orgullo las banderas “antisionistas”, poder ser parte de este programa es, para mí, una forma simbólica de reafirmar el verdadero sentido del término y de llevarlo con la frente bien en alto. Porque sabemos que el sionismo no es lo que dicen quienes odian, sino el movimiento de autodeterminación del pueblo judío: un proyecto de vida, de dignidad y de continuidad de un pueblo ancestral que tiene su origen, sus raíces, en lo que hoy es Israel. Es la convicción de que tenemos derecho a existir, a tener un hogar seguro en la tierra a la que pertenecemos, y a construir futuro, derechos que deberían ser igual de válidos para todos. En un mundo que muchas veces intenta borrarnos o silenciarnos, este programa fue un recordatorio de que alzar la bandera del sionismo con amor y orgullo también es un acto de resistencia.

Pero, ¿qué es ZLA? Podría darles la respuesta corta: “Es un programa de liderazgo”. O simplemente: “Es una academia”, como dice su nombre.

Podría contarles que durante 10 meses tuvimos clases online desde 17 husos horarios distintos; que aprendimos sobre demografía judía, guerra, fundraising y activismo; que nos conocimos personalmente por primera vez en un summit soñado en Costa Rica, que trabajamos sobre proyectos para encarar los mayores desafíos que enfrenta nuestra comunidad, que conocimos el increíble trabajo de KKL en Israel y en la diáspora, que visitamos el Instituto Weizmann, que escuchamos a especialistas como Ohad Hemo, visitamos el Alma Center y conocimos a la enormemente humana Rachel Goldberg Polin, que fuimos testigos del horror en el kibutz Kfar Aza, que compartimos un almuerzo en la casa de una familia drusa, que plantamos olivos y que fuimos voluntarios en Home Front para ayudar a quienes lo perdieron todo por la guerra y muchos etcéteras.

Pero todo eso no alcanza a reflejar lo que realmente vivimos. Desde afuera, ZLA es un programa que busca a los futuros líderes de la comunidad judía en la diáspora: desde Argentina hasta Australia, pasando por Ecuador, México, Bélgica, Serbia, Georgia y más. Que los empodera con una red sólida, con información y recursos. Que nos alienta a hacer lo que siempre supimos hacer como pueblo: proyectar hacia el futuro, incluso en los momentos más oscuros, y construir luz en el horizonte. En este contexto, tuve el honor de representar a la Argentina en esta camada junto a Martín Izcovich, vicepresidente de la Kehilá de Bahía Blanca. También de Argentina nos acompañaron mentores de camadas anteriores: Magali Lansky, Briana Dobry y en el summit de Costa Rica, Agustina Ossona.

Desde adentro, ZLA se siente como una familia. Una “ZLAmily” que no deja de crecer: mi tzevet, llamado Tikvah (esperanza), es el cuarto, y la expectativa es que esta red siga ampliándose.

Vivimos tiempos sumamente desafiantes, tanto en la diáspora como en Israel. Tiempos en los que es fácil sentirnos solos, aislados, desesperanzados, como si remáramos contra la corriente, mientras las masas borran nuestra historia en un intento de anular nuestro futuro, mientras el gaslighting colectivo nos hace dudar de nuestra propia percepción. Pero ZLA me dejó claro que no estamos solos. Que, más allá de nuestras diferencias (dos judíos, tres opiniones), compartimos valores, un horizonte común, un entramado que nos sostiene cuando lo necesitamos.

Para mí, ZLA fue un refugio frente a la soledad en la lucha contra el antisemitismo y por el futuro del pueblo judío y de Israel. Un espacio donde habitar y explorar matices sin caer en lo binario ni en lo radicalizado. Un lugar seguro para expresar ideas, desacuerdos, emociones, lágrimas y risas… todo al mismo tiempo.

Gracias ZLA por abrirme un horizonte y recordarme que nunca estamos solos.

Gracias a todos los que hicieron posible este hermoso proyecto: KKL-JNF, WIZO, Ariel Goldgewicht, Dikla Stanger, Esti Goldwasser, y a Rocío Karo y Esteban Lasry de KKL Argentina por confiar en mí al postularme y abrirme las puertas a esta oportunidad única.

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