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Hubo un tiempo en el que el pueblo judío tuvo que rogarle al mundo por protección. Un silencio global que nos costó más de 6 millones de vidas.
La mayor diferencia entre nuestro pasado y nuestro presente… es mirar al cielo.
Hoy, la historia es diferente. Ya no rogamos por nuestro derecho a existir. Lo defendemos.
Hombres y mujeres de la Fuerza Aérea y de nuestras defensas antimisiles están allá arriba… siendo el escudo de nuestro futuro, de nuestros hijos y de nuestros nietos.
Son nuestros héroes.
Que Dios bendiga y proteja a cada piloto y soldado que arriesga su vida para que Israel siga respirando.

