Itongadol.- El presidente de la Organización Latinoamericana, España y Portugal en Israel (OLEI), Mario Lev, mantuvo una entrevista con ItonGadol para dialogar sobre el trabajo de la institución, los desafíos para 2026 y cómo transitaron estos dos años de guerra a partir del 7 de octubre.
“Hemos mandado a imprimir afiches de los rehenes, proyectamos la película sobre la familia Bibas, recaudamos fondos para ayudar a la familia Horn. Muchos de los compañeros de las comisiones directivas participaron en las manifestaciones y otros tal vez no. Nosotros no hacemos política, nosotros apoyamos todo tipo de actividad de ayuda y que sabemos que es importante para Israel”, destacó.
—¿Cómo se encontraba la OLEI cuando comenzó la guerra hace dos años?
—Como a todo el mundo también a nosotros la guerra nos sorprendió el 7 de octubre, pero si hay algo, yo viéndolo en perspectiva de lo que sucedió en la OLEI, nosotros habíamos pasado la pandemia, cuando tuvimos los años que teníamos que estar encerrados por todo el problema del virus, y en ese momento se hicieron muchísimas actividades, había que ayudar a muchísima gente, y eso creo que nos dio una base muy fuerte para esta época, para lo que es ahora la situación que está pasando Israel.
—Si bien los motivos son distintos, encontró a una OLEI preparada
—Preparada en todo lo que se refería a la ayuda, a tener que atender a muchos olim en estados muy difíciles, familias que el esposo o el hijo no estaba por meses porque estaba movilizado, un montón de cosas que teníamos que enfrentar como la OLEI. La OLEI tiene varios aspectos en la función que cumple. Tenemos más de 70 años, más de 23 filiales en Israel y la verdad que la función fundamental es promover la aliá y facilitar la absorción en Israel, para que le sea más fácil a Olé Jadash. Esa es la función principal. Pero, por otro lado, tenemos todo lo que son actividades culturales, conferencias, paseos, una serie de encuentros para gente mayor, que tiene interés de sentarse a jugar un Burako o a charlar y tomar un café en la sede de la OLEI. Es decir, ese es un aspecto que mucha gente conoce, porque cada vez que hacemos una actividad, que pasamos una película, que hacemos una cena de Rosh Hashaná, la gente ve porque sale la publicidad para que la gente participe. Pero hay otra actividad de la OLEI, que es la que no se ve, porque la hacemos en silencio, la hace cada voluntario de la OLEI, la hace cada comisión directiva de cada filial, que es la que día a día ayuda a los olim, los atienden, le dan fuerza para seguir adelante, se les busca de trabajo o se les hacen ulpanim, una serie de cosas que son muy importantes para la absorción del Olé Jadash.

—¿Cómo fue la aliá en estos dos años de guerra?
—Ya es un cambio dejar a las familias, dejar a los amigos e inmigrar a Israel. Ya es un paso bastante importante. Un muchacho que viene solo de Israel y de golpe va a ser un soldado de Israel solo y se integra al ejército. Pero la aliá en números era seguro que tenía que bajar, porque no es nada agradable llegar a un país en guerra, cuando uno busca tranquilidad, cuando busca nuevos horizontes, pero sí hubo aliá. Yo calculo que más o menos llegaron más de 35.000 olim en el último año durante la guerra, pero de Latinoamérica sí bajó un poco. En general, donde sube la aliá es en los países donde se despertó el antisemitismo. Se está trabajando fuerte para darles la opción de que se integren a Israel y no busquen otros caminos.
—La atención a los olim en tiempos de guerra no es lo que hacía la OLEI hasta antes de la guerra.
—En tiempos de guerra te tenés que adaptar un poco. Primero, hay gente que está en situaciones delicadas. En muchos casos, se comunicaron con nosotros. Llevamos adelante varios proyectos. Uno de los proyectos interesantes que hicimos es que acá en Israel había un poco de problemas con personas que necesitan una atención psicológica, que necesitan un profesional que los escuche, que los asesore, que los tranquilice. Para eso, pudimos lograr un acuerdo con la Wizo de México. Ellos juntaron profesionales. Nosotros nos juntamos con la gente que se dirigía a nosotros y nos pedía tener charlas con el psicólogo. Fue algo muy bueno y no tenía ningún costo. No era solo una entrevista, sino el tiempo que necesitara, la persona estaba atendida. Y nos pasó en algunos casos con gente joven que llegó y empezó la guerra. Todavía no se habían ubicado. Todavía no tenían una dirección fija para vivir y tenían que también enfrentar el problema este. Y con distintas ayudas, logramos atender a mucha gente.

—Tengo una imagen tuya viendo tu auto cargado, yendo a resolver problemas porque no alcanza el recurso humano a veces. Supongo que en tiempos de guerra, movilizarse no habrá sido tampoco sencillo llegar a ciertos lugares, cuando caían los misiles y los 12 días de la guerra de Irán.
—Por supuesto, no teníamos otro remedio que continuar. Nosotros recibimos donaciones para ciertos casos. Y se siguió entregando productos alimenticios a familias donde, el esposo y en algunos casos, también las mujeres, estaban movilizados. Entonces seguimos repartiendo comestibles, cosas para la casa y muebles. El trabajo fue intenso y quizás un poco más difícil que en tiempos comunes. Pero bueno, hay que superarlo y atender a la gente.
—¿Se amplió el recurso humano en la OLEI?
—Sí, nosotros logramos el año pasado contratar algo más de personal. El personal nuestro lo hace en gran parte en forma voluntaria, porque no se les paga un sueldo normal y le dedican muchísimas horas. Entonces le agregamos una persona que se dedica a la parte de trabajo, para poder ubicar a los olim en trabajos. Toda la parte de audio, de publicidad, de publicaciones, vimos que teníamos en eso un poco de falla, de que la gente no sabía lo que hace la OLEI. Entonces también se tomó una persona de comunicación. Pero el cambio grande está en que logramos acercar a gente de segunda generación, gente más joven. Yo siempre digo que no es fácil conseguir voluntarios. Hay gente que critica, que dice que la OLEI es gente mayor. Ser voluntario en la OLEI no es fácil. Los viajes que hacemos a distintas filiales los pagamos cada uno de nosotros. Hay que recibir llamadas de teléfono de olim, acompañarlos a hospitales… hay mucha gente mayor que no tiene el idioma y tenemos que ver cómo los ayudamos y cómo los acompañamos a hacer trámites al Seguro Nacional, a abrir una cuenta en un banco… Entonces, no es fácil ser voluntario cuando tenés una familia. Pero, de todas formas, estamos logrando un grupo nuevo de gente joven que se está integrando. Yo calculo que a la próxima comisión directiva se va a integrar mucha gente joven. En varias ciudades ya se cambiaron las comisiones directivas, se integró gente joven con gente que está en la OLEI en los últimos años. Pero estamos tratando de pasar a la nueva generación a la dirección de la institución y lo estamos logrando. La gente que estamos viendo son jóvenes de 40 o 50 años, que están en actividades muy importantes en Israel, en seguridad, en empresas importantes, gente muy capaz.
—¿Se sigue y se está trabajando con la Agencia Judía, con la OSM, con Keren Leyedidut?
—Sí, nosotros trabajamos en equipo. Yo soy el presidente de la OLEI, pero aparte soy el presidente de la confederación de organizaciones de Olim, donde hay casi 30 organizaciones de todo el mundo. Es una ONG, donde tratamos de fijar la política para la inmigración, los derechos del olé y actuamos permanente en la Knéset con la Agencia Judía, con la OSM, con Keren Hayesod, con todas las instituciones que tienen algo que ver con el mundo judío, con la aliá, con la absorción.
Cuando queremos hacer un encuentro, lo hacemos en el Ministerio de Absorción o lo hacemos en el Salón de la OLEI de Tel Aviv.
—¿Cómo es la relación de la OLEI con las familias de los rehenes de origen latinoamericano?
—En las filiales se hicieron muchas actividades. Hay que destacar las conferencias, las charlas, las familias que venían a contar su historia, cuando se liberaba un secuestrado, también se hacían conferencias, se hacían charlas, hubo esclarecimiento todo el tiempo. Ahora, nosotros no hacemos política, nosotros apoyamos todo tipo de actividad de ayuda y que sabemos que es importante para Israel. Muchos de los compañeros nuestros de las comisiones directivas participaron en las manifestaciones, participaron en la plaza de los rehenes, estaban presentes y con carteles. Y otros tal vez no. Hay gente que me dice “esto es político, no voy a ir”.

—¿Y se pudo preservar la apolítica dentro de la OLEI?
—Sí. Está muy claro. Me llamó una persona los primeros días de la guerra, que empezaron a aparecer afiches de la gente que fue secuestrada. Me dijo “yo sé que vos no estás en mi línea, pero tenemos un problema, necesitaríamos imprimir afiches y no contamos con fondos. Y pensamos que quizás la OLEI nos pueda ayudar”. Yo le digo “¿Qué tiene que ver cuál es mi posición política y la tuya en este caso, en esta situación?” Yo lo llevé a una imprenta y me dijeron “acá hay más de 500”. Necesitaban como 20 de cada persona… Y hicimos los afiches en color, en 48 horas tenían los afiches hechos. No pregunto de qué lado está o no. Era muy importante que estemos presentes.
—Sin embargo, vi alguna crítica en las redes de Itzik Horn, no sé si tuvieron alguna tensión con la mamá de los chicos o con los chicos…
—Al contrario. Te voy a dar un ejemplo. Me llaman de Argentina y me dicen que quieren traer la película de la familia Bibas a Israel, que hizo Leuco, y que quieren ver cómo se puede hacer para pasarla en distintas ciudades. Es un trabajo, no fácil, porque hay que ir a contratar las salas, hay que hacer un montón de cosas para poder llevarlo adelante. En el momento les dije que sí, que la OLEI se hacía cargo. Se pasó en nueve salas, las salas estaban llenas. En las primeras funciones venía Leuco, y fue algo extraordinario la repercusión que tuvo y ver lo importante de la creación de esa película que se logró por medio del Keren Hayesod. Es un ejemplo de lo que hicimos, por ejemplo. Pero con la familia Horn, Amos, el hijo que no fue secuestrado, me llamó para agradecer todo lo que hicimos por la familia. Quiso agradecer especialmente a la filial de Kfar Saba por la gran actividad que se llevó a cabo, por la presencia de los latinos, dirigentes o compañeros voluntarios de la OLEI que estaban presentes en los actos. Pero lo más importante fue que también, por una necesidad que tienen, se hizo hacer una campaña para recaudar fondos. Pidieron si la OLEI la podía llevar adelante. Por supuesto que en el momento dijimos que sí. Las donaciones llegaron a la OLEI. En el momento se las pasaba al fondo que se creó para la ayuda a los dos muchachos de la familia Horn. Y me contaron que si no hubiera sido de la OLEI no lo hubieran podido hacer, porque hay empresas israelíes grandes que donan, pero quieren el recibo para que les bajen los impuestos. La OLEI tiene una autorización para bajar el impuesto de las donaciones. Entonces también hicimos esto. Y lo último que hablamos fue sobre cómo se va a poder seguir con la campaña y ellos están pensando en dar conferencias. Y que en lugar de que paguen a un conferencista, hagan una donación para el fondo de la recuperación de todo lo que perdieron, para poder volver a la normalidad. Y ahora estamos programando en todas las filiales una conferencia, alguien de la familia viene a hablar, y se va a cobrar la entrada, que va a ser para ese fondo, no para la OLEI. Lo que se pudo hacer, se hizo. No rechazamos a nadie. A la señora Horn, nosotros le hicimos una entrevista y la publicamos en el sitio de la OLEI, que fue vista por miles de personas. Así que, en ese sentido, nosotros no tenemos problemas, no tenemos con nadie un conflicto.
—Se termina el año en pocos días, ¿cuál es el desafío para 2026?
—Hay dos etapas. Nosotros estamos tratando de llevar adelante un proyecto de promover la aliá. Queremos organizar grupos de gente que tiene pensada la posibilidad de hacer aliá, pero que quieren ver antes cuáles son las posibilidades de ellos para tener una empresa, para poner un pequeño comercio o lo que sea. Estamos tratando de ver si podemos empezar a organizar en Latinoamérica grupos de gente que venga por una semana, 15 días, cada uno en reuniones con sus pares en la profesión o en la parte comercial. Y por supuesto, seguir con todo el tema de la absorción. Pero lo más importante es la renovación de muchas filiales, donde va a entrar gente con nuevas fuerzas. Después de tantos años, uno se acostumbra a un sistema de trabajo y las cosas cambian. Yo lo veo también en las comunidades de Latinoamérica. Yo me crié en Argentina y fui muy activo políticamente dentro de la comunidad, en las instituciones, y yo me acuerdo de que cada uno era representante de un partido de Israel. Cuando había elecciones, por ejemplo, a la AMIA o a la OSA, decían “vote Golda Meir, vote por Israel”. Se hablaba de votar a Ben Gurión, de votar a Begin. Hoy cambió. A nadie se le va a ocurrir poner un cartel así. Y acá se dio también ese proceso. En su momento venían olim que estaban muy identificados en los movimientos juveniles, en los partidos políticos nuestros en el exterior, y hoy cambió. Hoy no se ve la aliá de dirigentes que vienen y se integran como era en su momento. Acá venían dirigentes de las escuelas judías, de los clubes y se integraban a la OLEI. Hoy esa gente no llega porque es otro tipo de aliá. Entonces también ese es un cambio. Eso también es trabajar con los jóvenes, que quieran tomar la responsabilidad, o gente que no tuvo una vida comunitaria de directivo. Esto es lo que puede ser que hoy falta.
Y la otra cosa importante que queremos hacer, es que yo conozco de cerca a las demás instituciones de olim, por ser presidente de la confederación, y hay dos o tres organizaciones que son muy grandes, muy fuertes. Todos nos dicen que nosotros somos los que mejor trabajamos, porque tenemos filiales y tenemos voluntarios. Ellos tienen generalmente una oficina en Jerusalén, y es todo lo que es la organización. Hacen actividades, hacen cosas, pero en una sede sola. Ahora, ¿qué pasa? Ellos crecieron porque los presidentes de las comunidades, vienen en visita en Israel, se reúnen con ellos, presionan, y de ahí salen reuniones con gente del gobierno, de los ministerios, y los dirigentes de Latinoamérica tendrían que hacer lo mismo. Venir, estar junto a nosotros y juntos presionar para llegar a cambios. Tenemos varios problemas. El problema del reconocimiento de los títulos de los médicos en general. Es más fácil hacer aliá de Estados Unidos, que empezás a trabajar al otro día, que de Latinoamérica. Entonces yo pienso que sería muy importante que empiecen a tomar conciencia en Latinoamérica los directivos de las comunidades, de que tenemos que unirnos. Eso sería un logro muy grande si lo conseguimos para el próximo año.

