Inicio Keren Hayesod (CUJA) Llegó a Israel la segunda camada de Aliá Protegida

Llegó a Israel la segunda camada de Aliá Protegida

Por Iton Gadol
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ItonGadol.- La semana pasada ocurrió un hecho esperado y preparado desde hace muchos meses. Finalmente llegó a Israel la segunda camada de Aliá Protegida, el programa de CUJA-Keren Hayesod para que jóvenes judíos que atravesaron situaciones de vulnerabilidad puedan comenzar una nueva vida. En una entrevista con ItonGadol, Laura Lichtenstein, coordinadora del proyecto, contó todos los detalles de este logro: cómo se prepararon los chicos para viajar, cómo los acompañaron desde la institución, cuáles son los objetivos de aquí en más y el desafío de empezar a conformar la tercera camada.

-Luego de la salida de este nuevo grupo de Aliá Protegida, creo que vamos a arrancar hablando de emociones. Más allá del estrés y el trabajo que hay detrás de todo esto, tanto tuyo como del equipo de CUJA, creo que al ver las imágenes de la partida y la llegada solo queda la emoción.
-Estamos de acuerdo y acompaño cada una de tus palabras. Las últimas semanas son siempre muy estresantes, hay mucho para hacer, como traslados, porque hay gente que viene desde el interior. También hay trámites a último momento para hacer, gestiones, aéreos, seguros por sacar, valijas y demás. Y acompañar a los chicos, que están a punto de dejar a su familia, dejar su lugar de origen, y nosotros también… saber que se acerca la despedida de un grupo de personas con las que generamos vínculo, que los queremos, que los acompañamos. A nivel personal, además de nivel laboral y programa, también un poco es una despedida personal, es muy movilizante en muchos planos.

-¿Esta nueva camada tuvo diferencias con respecto a la gente que viajó o preserva la idea original de aquellos que necesitan tener este viaje por falta de oportunidades?¿Ustedes percibieron que va cambiando la gente porque se va mejorando lo que hace falta lograr o finalmente arrancó con un objetivo y se cumplió?
-Diría que sí a ambas cosas, porque por un lado, el objetivo sigue intacto y a medida que pasa el tiempo vamos aprendiendo con las camadas. Trabajamos más en conjunto, más en equipo con Israel. Estamos entendiendo que sí, que es el camino, que los objetivos propuestos estaban bien diseñados y pensados, pero lo que se aprendió desde la primera a la segunda camada es muchísimo y entonces con el objetivo de base intacto vamos mejorando, modificando y cambiando un montón de cosas que nos damos cuenta que les van sirviendo. Nosotros siempre decimos que no tenemos miedo a cambiar, a hacer cambios y modificaciones al programa, siempre y cuando son para mejor. Para nosotros, nuestro faro es que cada participante pueda tener lo mejor que podemos darle.

-Para aquel que lee por primera vez una nota respecto de Aliá Protegida, ¿cuál es el fin y de qué estamos hablando? ¿Quiénes son los jóvenes que viajan?
-Aliá Protegida es un programa específicamente para personas judías de 20 a 30 años con secundario completo y que atraviesan o hayan atravesado situaciones de vulnerabilidad a nivel social y económico. Es decir, jóvenes de 20 años, que no tengan apoyo familiar, que hayan atravesado situaciones complicadas económicamente, que hayan tenido que remar o que ahora mismo están remando. Nuestro objetivo es que no tienen por qué estar remando. Ninguna persona tendría que remar. Las personas tendrían que poder vivir, disfrutar y proyectar, acompañadas, como algunos tienen la suerte de hacerlo, no debería ser suerte. Esto debería ser un derecho y nosotros trabajamos para que así sea. Aquel que no accede a información completa sobre aliá, que no sabe que tiene esta posibilidad u oportunidad, aquellos que saben que la tienen pero no se animan, o no tienen los medios económicos, o no tienen el apoyo o el acompañamiento, nosotros queremos ser ese acompañamiento ese apoyo, esa familia que de alguna manera que lo acompaña. Ese es el objetivo, que llegue la información, que todos conozcan sus derechos. Y que aquellos que deciden avanzar con este derecho lo hagan acompañados y lleguen a Israel en igualdad de condiciones que cualquier otra persona que hace aliá. Generamos un programa con mucha formación previa a la aliá, tanto en el idioma, en lo que tienen que ver con las costumbres, la idiosincrasia israelí, la historia, para que entiendan y para que sepan a dónde van a llegar. Qué pueden esperar, qué no, qué se espera de ellos. Que lleguen con la seguridad y la tranquilidad que saben exactamente a dónde, por qué y para qué están yendo. Que lleguen con una base buena de hebreo para que puedan comunicarse, estén tranquilos que van a entender cuando les hablan, que pueden pedir lo que necesitan. Que van a llegar acompañados emocionalmente, tanto del grupo como del staff profesional. Durante el programa, durante la previa, hay muchos talleres, muchos espacios individuales para desarrollar herramientas emocionales para todo lo que implica la aliá, todo lo que implica el desarraigo y para enriquecerse uno como persona, porque todos esos recursos los van a poner en juego en diferentes momentos de su vida, ante cada desafío, ante cada alegría, ante cada decisión que tomen. Nuestra idea es llegar a Israel fortalecido, para la vida, con un grupo de amigos, con un grupo de personas que comparten objetivos, que comparten ideales, y con una institución que tiene un grupo humano que realmente acompañe, que se preocupa, que los piensa, que va construyendo caminos para facilitarles el camino a ellos.

La segunda camada de Aliá Protegida en Ezeiza

-¿Por qué creés que CUJA toma y crea este proyecto?
-Si bien CUJA hasta este momento nunca había generado, gestionado, experimentado programas propiamente desde CUJA, siempre lo hacía por medio de otras instituciones. La realidad es que se dio la necesidad muy concreta de que los jóvenes que atraviesan estas situaciones necesitaban un acompañamiento extra. Notamos que no había un programa así, estaba la necesidad y básicamente se no pudo mirar para el costado, viendo la necesidad y viendo que había gente que lo necesitaba. CUJA tiene un lema que lo representa, que es ‘cada judío es responsable el uno por el otro’. Creo que ese lema realmente se vive y se siente. Y fue eso básicamente. Si había que hacerlo, se hizo.

-¿Cuántos jóvenes viajaron en esta oportunidad y cuántos habían sido en el primer viaje?
-En el primer viaje 19 personas llegaron a Israel de la mano de Aliá Protegida, en la segunda camada fueron 11. En la primera camada los 19 que viajaron, todos están en Israel, todos están trabajando, todos ya terminaron la segunda etapa del programa.

-¿Salieron del ulpam hace pocos días?
-Claro, los de la primera camada hicieron los 8 meses de preparación en Argentina, hicieron 11 meses de acompañamiento con el programa en Israel, todos ya salieron del ulpam y se fueron a vivir por su cuenta. Algunos solos, algunos con amigos de Aliá Protegida, algunos con nuevos amigos que se hicieron en Israel este año. Todos están bien, algunos ya empezaron en el ejército, otros están por empezarlo, algunos se están preparando para estudiar en la universidad. Estos 19 jóvenes que están en Israel, están felices y ninguno volvió. Por el momento dicen que ninguno tiene la idea de volver. Hoy le están dando la bienvenida y están recibiendo a los 11 jóvenes de la segunda camada. Ellos tienen un chat compartido, minuto a minuto hay ofrecimientos de acompañarlos al supermercado, a la farmacia, hacerles un tour por el barrio. Desde cosas chiquitas hasta cosas grandes.

-Hablemos del futuro, ¿va a haber una tercera camada?
-¡Claro que sí! La tercera camada ya está en marcha, ya hay interesados, ya estamos abriendo la convocatoria. De hecho estamos en este momento en plena convocatoria. Toda persona interesada me puede escribir, sin ningún tipo de compromiso. El primer paso siempre es informarse sobre los derechos que uno tiene. Puede ser que una persona quiera hacer aliá, puede que no, puede que quiera hacerlo más adelante. Lo importante es saber de qué se trata, saber todas las opciones que tiene. Son por suerte varios interesados, así que bueno, nuestras redes también están súper activas.

-En los comienzos del proyecto, en charlas compartidas con Karina Pincever, con Paul Rozenberg y contigo también, se trataba de localizar realmente a jóvenes que no estaban realmente tan cerca. Esto se logró en el primer viaje, ¿en este segundo viaje se pudo también localizar personas que ni siquiera imaginaron que podrían ser parte de una Aliá Protegida y viajar?
-Sí, lo digo con orgullo, pero también es verdad que es un desafío muy grande y es un desafío que recién ahora comenzamos a recorrer. Yo creo que no solo es un desafío de Aliá Protegida o de Cuja-Keren Hayesod, es un desafío de toda la comunidad judía argentina. Hay muchos jóvenes que lamentablemente se fueron dispersando, que no están en contacto con la comunidad. La crisis económica argentina y la pandemia incrementó mucho la cantidad de familias y más aún la cantidad de jóvenes que ya no están dentro de un marco comunitario, un marco judío, y que de a poquito empiezan a alejarse, pierden contacto. Por lo tanto pierden información, pierden pertenencia, tienen este derecho y no es solo un derecho de aliá, de mejorar condiciones y calidad de vida, es el derecho de vivir una experiencia enriquecedora a nivel personal, a nivel humano, a nivel judío. Es la posibilidad de vivir en una sociedad que tira para el mismo lado, es la posibilidad de sentirse parte, que muchas veces es difícil en estos contextos en los que vivimos. Recientemente hablaba con una chica que me llamó para participar de la tercera camada. Decía que tuvo la posibilidad de ir a Israel y caminó por la calle y sintió algo que nunca había sentido. Sentía que era parte de ese otro que caminaba en la calle, aunque no lo conocía, y quería volver a sentirlo. Hacer aliá es mucho más que emigrar, eso es lo que buscamos, es un derecho que estos jóvenes tienen y nosotros queremos acompañarlos en este camino.

-¿Cómo se está conduciendo la gente que debe o puede apoyar este proyecto? ¿Va creciendo, se sostiene, hay gente nueva que económicamente colabora?
-Sí, por suerte es un proyecto que convoca. Creo que todos los que vivimos en Argentina lo vemos, lo palpamos, y yo creo que también por eso es un proyecto que atrae y que a muchos nos convoca desde muchos lugares. Por suerte hay apoyo económico, se necesita más porque también es un programa que acompaña en todo sentido a los participantes, en lo que tiene que ver con aliá y en lo que tiene que ver con los participantes como personas. Aquel que no tiene una computadora para poder hacer los talleres, se le facilita, dinero para los trámites, dinero para el médico, tratamiento psicológico. La verdad es que tenemos una mirada integral sobre la persona más allá de la aliá, es un programa que requiere mucho, en todo sentido, a nivel económico, a nivel recursos humanos, a nivel gestión, así que todos bienvenidos. Seguimos sumando a esta familia de Aliá Protegida tanto donantes como personas que ponen a disposición todo tipo de recursos que tienen, desde un médico que ofrece su consultorio privado para atender para aquel que no tiene una prepaga, hasta apoyo económico, hasta personas que nos abren su agenda y nos brindan contactos que pueden ser útiles, así que todo es bienvenido.

-En muy pocos días se va de Argentina alguien que rotuló el proyecto, lo imaginó, lo llevó a cabo, y se está volviendo a Israel. Me refiero a Paul Rozenberg, que deja una marca para todos. ¿Cuáles son tus palabras respecto a esto?
-Nosotros en Aliá Protegida destacamos la calidad humana que hay por detrás. Uno de nuestros lemas es “Somos personas acompañando personas”, y yo creo que en gran parte por eso es el éxito del programa. Hay un compromiso que trasciende lo institucional, que trasciende lo laboral y claramente se ve encarnado en Paul, que es director que está terminando su gestión en CUJA. Esto se ve encarnado en la directora del programa, en el staff de CUJA, en todas las instituciones que nos acompañan, los directivos… yo creo que es un programa que hoy es lo que es gracias a que realmente hubo un compromiso mucho más allá de lo laboral del puesto, de lo institucional, que realmente vibrábamos, palpitábamos con cada participante.

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