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HATZAD HASHENI. Coronavirus en Medio Oriente: Lecciones no-aprendidas y oportunidades perdidas

Por MD
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Itongadol.- Existen muy pocos indicios de que los gobernantes en el Medio Oriente estén aprendiendo alguna lección del devastador brote del coronavirus. Tampoco existen sugerencias de que estén dispuestos a ver la pandemia como una oportunidad para negociar nuevos contratos sociales en un momento en que el virus ha disminuido temporalmente el entusiasmo de las masivas protestas anti-gubernamentales. Por Dr. James M. Dorsey

Imagen de portada: Desinfección en Sadeghiyeh, Irán, contra el brote del coronavirus, fotografía vía Wikipedia

Irán se ha convertido en el ente que personifica o representa lo que sucede cuando la población desconfía de un gobierno que posee un historial en no ser nada transparente desde el propio comienzo de una crisis y limita la libertad de expresión que a menudo crea sistemas de alerta temprana que pudieran haberle permitido a las autoridades tomar medidas oportunas y preventivas para evitar o limitar el daño y además es percibido de corrupto.

El líder espiritual iraní, el Ayatolá Ali Jamenei, se vio obligado la semana pasada a llamar al ejército para limpiar las calles luego que los iraníes, que ya lidiaban ante el impacto de las duras sanciones económicas impuestas por los Estados Unidos, se negó a adherirse a las advertencias de salubridad pública respecto a las concentraciones masivas, el distanciamiento social y el consejo de quedarse en casa.

Jamenei le asignó la tarea a las fuerzas armadas regulares luego que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria CGRI no lograra persuadir a los iraníes a que prestaran atención al consejo dado por el gobierno en referencia a la epidemia que, al escribir estas líneas, ha infectado ya a unas 14.000 personas y ha causado 724 muertes convirtiendo a Irán en uno de los países más afectados del mundo.

La desconfianza ha alimentado informes y rumores de que las fatalidades superan con creces las cifras del gobierno y que se están preparando fosas comunes para hacer frente a un número de muertos mucho mayor a lo declarado.

El régimen iraní tardó en reconocer la gravedad de la situación, que golpeó justo unas semanas después de que un gran número de ciudadanos salió a las calles en las ciudades iraníes para denunciar a Jamenei y al CGRI en protesta contra la renuencia inicial del gobierno de cumplir con su responsabilidad por el fatal error de derribar un avión ucraniano que acabó con la vida de 176 personas.

Múltiples estados en el Medio Oriente, incluyendo a Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Jordania e Israel, han ordenado el cierre de sus instalaciones educativas, emitieron instrucciones de cumplir una cuarentena y han tomado medidas para reducir o detener por completo los viajes hacia y desde países asiáticos y europeos ya gravemente afectados por el virus. En algunos casos, interrumpen temporalmente todos los viajes a sus costas, independientemente del país de origen.

No obstante, una propagación exponencial del virus pudiera poner a prueba los sistemas nacionales de salud de los países ricos en energía que han invertido en lo último y más novedoso en instalaciones médicas y en naciones devastadas por la guerra como Siria, Yemen y Libia, donde los hospitales han sido objetivos principales de devastadores ataques aéreos.

Las pruebas de esfuerzo que dan resultados negativos pudieran resultar ser muy peligrosas.

Países tales como Irak, que se encuentra particularmente expuesto vía sus estrechos vínculos con su vecino Irán, así como también Argelia y el Líbano, donde muchos (como en Irán) desafían la recomendación de quedarse en casa, han sido testigos de meses de continuas protestas masivas anti-gobierno que exigen una total revisión de un sistema político percibido como corrupto e incapaz de proveer bienes públicos tales como trabajo, atención médica adecuada y demás servicios.

En países donde estas protestas han disminuido, los gobiernos han mostrado poca inclinación a capitalizar las pausas con el fin de forjar nuevos contratos sociales. Esto pudiera hacerse utilizando la necesidad de confrontar la amenaza del virus a nivel nacional como cuñete.

El temor al virus, junto a la represión del gobierno, ha visto la cifra de manifestantes en plaza Tahrir de Bagdad, donde los manifestantes inicialmente insistieron en que la élite política de Irak era un virus incluso peor que el corona, se redujo de miles a varios cientos en el mejor de los casos.

Lo mismo es cierto para Argelia y el Líbano (que está siendo afectado no solo por el virus sino también por una crisis financiera que lo obliga a incumplir con sus pagos de la deuda). “No será de mucha ayuda para Argelia si uno está muerto”, bromeó alguien en Twitter.

Los gobiernos en conflicto ven el virus como una oportunidad para reducir las protestas a través de sus propios fines, pero el hacerlo es como jugar con fuego. Estas pudiesen estallar nuevamente una vez termine la crisis, posiblemente con una venganza aún mayor si el coronavirus expone la incapacidad de las autoridades y los sistemas de salud en hacerle frente.

“En Argelia, los llamados del gobierno a cancelar las protestas no están motivados por preocupaciones sanitarias, tal como es el caso en Francia, Estados Unidos o en otros lugares” dijo Riad Kaced, activista estadounidense quien cada dos semanas volaba a Argelia para tomar parte en las protestas.

“El régimen argelino desea aprovechar esta oportunidad para estrangular al Hirak y destruirlo totalmente”, dijo Kaced, refiriéndose al movimiento de protesta por su nombre en árabe.

El virus, que hasta ahora ha infectado a 62 personas en Arabia Saudita, no detuvo al Príncipe Heredero a la Corona Muhammad bin Salman en reunir posibles oponentes de quienes sospechaba conspiraban contra su persona y lanzar una guerra petrolera con Rusia que ha causado estragos en un momento en que la economía global menos puede permitirse.

Los autócratas del Medio Oriente y las desacreditadas élites no parecen interesados ​​en utilizar la crisis del virus como punto de apoyo para reducir las tensiones regionales y crear estructuras políticas y sociales que harían que sus sociedades fuesen más tenaces. Un claro indicador de esta falta de interés es su incapacidad en tomar medidas enérgicas contra aquellos formadores de opinión, influyentes y contra los traficantes de rumores que buscan equipar con armas al coronavirus en los medios convencionales y nuevos que de otro modo se encuentran fuertemente controlados.

Los gobiernos de Arabia Saudita y de los Emiratos Árabes Unidos permanecieron en silencio mientras voces pro-gobierno salían en defensa de la periodista Noura al-Moteari en Arabia Saudita, quien tuiteó que el virus y su propagación habían sido financiados por Qatar para socavar los planes sociales y de reformas económicas del Príncipe Muhammad y la próxima Expo 2020 en los Emiratos Árabes Unidos.

Estos también voltearon la mirada, a pesar de que el gobierno saudita advirtió que los rumores pudieran enfrentar penas en prisión de hasta cinco años y una multa de hasta $800.000, luego que el analista Zayed al-Amri afirmara en la televisión saudita que Turquía e Irán estaban utilizando el virus en contra de turistas árabes y en atacar a países alrededor del mundo.

El académico y estudioso de las redes sociales Marc Owen Jones dijo lo siguiente: “El coronavirus está siendo utilizado de manera oportunista como arma a través de tácticas de desinformación y de propaganda destinadas a demonizar a los opositores políticos, mientras expone prejuicios latentes”.

La crisis del coronavirus está pasando factura y está cobrando numerosas vidas, incluyendo las vidas de muchos que pudieran haberse salvado por un gobierno benévolo y transparente. En última instancia, las autoridades lo controlarán, pero no antes de que su costo sea totalizado con enormes costos.

El coronavirus no es la primera crisis de este tipo ni tampoco será la última. El riesgo es que aquellos que gobiernan optaran por equipar con armas la crisis para servir sus propios intereses a corto plazo. Esto contribuirá muy poco en construir el tipo de tenacidad y cohesión nacional y regional necesaria para enfrentar la próxima pandemia.

El Dr. James M. Dorsey, asociado sénior no-residente en el Centro BESA, es miembro principal de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam en la Universidad Tecnológica Nanyang de Singapur y codirector del Instituto de Cultura Fans en la Universidad Würzburg.

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