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Hatzad Hasheni: Tergiversando a David Ben-Gurion

Por Iton Gadol
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Por Profesor Efraim Karsh (BESA)*

El ignorar millones de documentos desclasificados del período del Mandato Británico (1920-48) y los primeros días de la creación del Estado de Israel que muestran como totalmente infundado el reclamo premeditado del despojo hecho a los árabes palestinos (la expulsión), el periodista “revisionista” Tom Segev reescribe la historia personal de David Ben-Gurion y por extensión, la historia de la creación de Israel, en una imagen propia en la que los agresores son transformados en las víctimas desafortunadas y viceversa.

Imagen: David Ben-Gurion junto a Chaim Herzog en el Muro de los Lamentos, 1967, fotografía vía Wikipedia

Recientemente David Ben-Gurion ha dejado de ser, de acuerdo a los registros oficiales, el primer ministro con mayor antigüedad en Israel. Ese honor ahora le toca a Binyamín Netanyahu, incluso cuando su futuro político se torna cada vez más incierto. La estatura de Ben-Gurion como el padre fundador de Israel, sin embargo, pareciera ser eminentemente segura, dado su papel crucial, tal vez indispensable, en salvar al pueblo judío del olvido político y restablecerlo en su patria ancestral.

A lo largo de los años una gran cantidad de biografías, en gran parte complementarias, aunque no críticas, han registrado los detalles de la ocupada vida de Ben-Gurion sin disminuir su condición casi mitológica. Aún así, un grupo de académicos y periodistas israelíes de la rama “revisionista” parecen decididos a manchar su reputación como parte de su proyecto, de décadas, con el fin de reinterpretar el período de la creación de Israel. El libro de Tom Segev “A State at Any Cost – Un Estado A Cualquier Costo” es el último esfuerzo realizado de esta dirección.

David Ben-Gurion nació en 1886 dentro de una familia sionista en la pequeña ciudad polaca de Płońsk y en 1906 se mudó al distrito otomano de Jerusalén (Palestina no existía como territorio unificado para ese momento), donde combinó sus actividades políticas trabajando como agricultor. Deportado después del estallido de la Primera Guerra Mundial junto a muchos líderes sionistas, Ben-Gurion pasó la mayor parte de los años de guerra en Nueva York, donde conoció y se casó con su esposa, antes de regresar a Palestina al final de la guerra.

Para ese entonces, Gran Bretaña había derrotado al Imperio Otomano y emitió la Declaración Balfour prometiendo un hogar nacional judío en Palestina y Ben-Gurion se sumergió por sí mismo en sentar las bases para acelerar tal objetivo. En 1920, desempeñó el papel clave en establecer la Histadrut, el principal sindicato en la Palestina Mandatoria, que también supervisó a la organización militar clandestina Haganá. Diez años después, desempeñó un papel similar en la creación de Mapai, el Partido de los Trabajadores de la Tierra de Israel, que de una forma u otra, dominaría la política sionista/israelí hasta el año de 1977.

En 1935 Ben-Gurion se convirtió en el líder del movimiento sionista mundial, guiándolo a través de los tumultuosos años de la Segunda Guerra Mundial y la lucha por la independencia a su paso. El 14 de mayo de 1948 proclamó la creación del estado de Israel, convirtiéndose en el primero de sus primeros ministros y ministro de defensa, cargos que ocupó hasta el año de 1963 (con un breve retiro del cargo en 1953-55). Dos años después, estableció un nuevo partido político solo para ser derrotado en las elecciones generales. Este se retiró de la política en 1970 y pasó sus últimos años en su modesta casa en un kibutz en el Neguev antes de morir el 1 de diciembre de 1973 a los 87 años.

Segev presenta algunos de estos detalles en una manera muy directa, agregando muy poco a lo ya dicho por los anteriores biógrafos. Pero en el centro de su crónica existe un deseo de considerar al padre fundador de Israel como el destructor de la sociedad árabe palestina, es decir, como un líder profundamente implicado en lo que Segev y sus colegas revisionistas ven como el “pecado original” de la creación del Estado de Israel: el supuestamente deliberado y agresivo despojo hecho a la población árabe palestina.

La lente a través del cual Segev ve su tema es generalmente polémico. Por ejemplo, este dice que, tardíamente a mediados del año 1942, Ben-Gurion aún tenía que “internalizar la naturaleza única del antisemitismo racial nazi”, – aunque su evidencia presentada es una cita breve y engañosa de un discurso de Ben-Gurion en el que, tal como concluiría cualquier lector imparcial, está claro que entendió totalmente la “campaña de exterminio de todo el pueblo judío” realizada por Hitler (tal como lo expresó Ben-Gurion en otra parte del discurso). Pero el principal esfuerzo desinformador del libro va dirigido a la perspectiva ideológica de Ben-Gurion – y en general, a la perspectiva del movimiento sionista – hacia los árabes palestinos.

Segev sigue tras la supuesta “esperanza de vaciar Palestina de sus habitantes árabes” al padre del sionismo político Theodor Hertzl, pero basa su acusación en una única cita truncada que Hertzl escribió en su diario el día 12 de junio de 1895 que supuestamente implicaba esta intención. Pero esta cita, que ha sido una característica habitual de la propaganda palestina durante décadas, no menciona a los árabes ni a Palestina por la simple razón de que en ese momento Hertzl aún no era sionista. Este no buscó restablecer a los judíos en su patria ancestral sino salvar a los judíos europeos de los estragos causados por el antisemitismo reubicándolos lo más lejos posible del continente. Tal como este registró en su diario el 13 de junio, 1895: “Supongo que iremos a Argentina…. [Tendría mucho a su favor debido a su distancia de la Europa militarizada y sórdida”.

Hertzl tampoco mostró el más mínimo interés en expulsar a los árabes palestinos una vez que abandonara sus reflexiones sobre Argentina y acogió la causa sionista: no en su famoso tratado político, El Estado judío de (1896), ni en su novela sionista de 1902 Altneuland (Tierra Antigua-Nueva), donde representó una imagen idílica sobre la coexistencia árabe-judía en una futura Palestina. Tampoco existe alusión alguna a la expulsión de los árabes en los escritos públicos de Hertzl, ni en su correspondencia privada o en sus discursos.

La verdad es que, lejos de tratar de desposeer a los árabes palestinos tal como afirmaba Segev, el movimiento sionista siempre había sido susceptible a la existencia de una minoría árabe sustancial en el futuro estado judío. No menos que Zeev Jabotinsky, fundador de la facción que antecedió al Partido Likud de hoy, expresó su disposición (en un famoso ensayo de 1923) “el prestar juramento incorporándonos a nosotros mismos y a nuestros descendientes en que nunca haremos nada contrario al principio de igualdad de derechos y que nunca trataremos de expulsar a nadie”. Y si esta fuese la postura de la facción más “militante” del movimiento nacional judío, no es de extrañar entonces que el sionismo dominante dará por sentada la plena igualdad de la minoría árabe en el futuro estado judío.

El propio Ben-Gurion argumentó ya en 1918 que “si el sionismo hubiese deseado desalojar a los habitantes de Palestina, esto hubiese sido considerado como una peligrosa utopía y un espejismo altamente nocivo y reaccionario”. Y a finales de diciembre del año 1947, poco después que los árabes palestinos desataran una violencia generalizada para subvertir la recientemente aprobada resolución de la partición dictada por las Naciones Unidas, este le dijo a su Partido Laborista que “en nuestro estado habrá también no-judíos y todos ellos serán ciudadanos por igual; iguales en todo sin ningún tipo de excepción; es decir: el estado también será su estado”. De acuerdo a esta concepción, los comités que sentaron las bases para el naciente estado judío discutieron el establecimiento de una prensa en idioma árabe, la incorporación de funcionarios árabes en la administración y una interacción cultural árabe-judía.

Ignorando estos hechos en su totalidad, Segev acusa a Ben-Gurion de utilizar la resolución de la partición como trampolín para implementar el antiguo “sueño sionista” del “máximo territorio, menos árabes”, aunque no aporta evidencia de este supuesto comportamiento más allá de un pequeño número de declaraciones tomadas fuera de contexto o simplemente distorsionadas o tergiversadas. Para tomar un ejemplo representativo: “Ben-Gurion anotó [en su diario] una larga lista de preguntas que aguardaban su decisión, entre las cuales estaba” ¿’Deberían los árabes ser expulsados?’”, Escribe Segev. Fechado el 8 de mayo de 1948, poco menos de una semana antes que Ben-Gurion proclamara el estado de Israel, la cita busca mostrar que este se entretuvo activamente con una posible expulsión de la población árabe del país.

Lo escrito en el diario, sin embargo, no lee “¿Deberían los árabes ser expulsados?”, sino más bien dice “¿Debería expulsarse a los árabes?” Y esta pregunta fue planteada no en relación a la comunidad árabe palestina como un todo, sino con el pequeño número de árabes atrapados en la contienda. De acuerdo al plan operativo de Haganá, adoptado a mediados de marzo de 1948, dos meses antes de la creación del estado, para revertir la agresión árabe palestina en ese momento y rechazar la anticipada invasión por parte de los estados árabes, las aldeas árabes que sirviesen como bases para los ataques contra objetivos judíos deberían o podrían haber sido destruidos y sus residentes expulsados.

Sin embargo, esta fue una medida exclusivamente táctica dictada por consideraciones militares ad hoc (cuando fuesen necesarias), en particular la necesidad de negarle lugares estratégicos al enemigo si no hubiese fuerzas judías disponibles para mantenerlos a raya. No solo no reflejaba ninguna intención política de expulsar a los árabes, sino que la lógica general del plan se baso, en las instrucciones explícitas del comandante en jefe de Hagana, sobre el estado hebreo sin ningún tipo de discriminación y un deseo de coexistencia sobre la base de una mutua Libertad y dignidad.

Existen muchas más sutilezas y distinciones perdidas en el libro Un Estado a Cualquier Costo. Pero Segev, al igual que sus compañeros revisionistas, no se molesta con simples hechos en su esfuerzo por reescribir a Ben-Gurion y por extensión, la historia de Israel en una imagen de su propia creación. La biografía seminal de cuatro volúmenes de Ben-Gurion, del fallecido Shabetai Teveth, publicada entre los años de 1976 y el 2004 – sigue siendo el trabajo de consulta más completo y justo del padre fundador de Israel.

*El profesor Efraim Karsh es director del Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat, profesor emérito en Estudios del Medio Oriente y del Mediterráneo en el King’s College de Londres y editor de la revista trimestral Middle East.

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