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Entrevista a uno de los 19 jóvenes que participaron de la primera camada de Aliá Protegida

Por Iton Gadol
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Itongadol.- El pasado 19 de enero viajaron los primeros jóvenes que realizaron su aliá a través del programa Aliá Protegida. En diálogo con Itongadol, Kevin Barischpolski brindó algunos detalles sobre su experiencia.

-¿Se sienten realmente protegidos, como lo menciona el nombre del programa, a la hora de hacer esta experiencia de aliá?

-Creo que la palabra “protegida” va más allá de lo que es el programa, conceptualmente hablando. Estamos cuidados, estamos bien asesorados, bien contenidos, tanto emocionalmente como físicamente y espiritualmente. Estamos bien asesorados de todas maneras para todas las cosas. El programa es una gran oportunidad para cualquier tipo de joven que no tenga las posibilidades, tanto económicas como de su historia de vida, como para poder hace una aliá exitosa. En ese sentido, el programa es cien por ciento exacto, porque cada vez que tenemos necesidad de hacer algo, tenemos un madrij que nos dice cómo, cuándo y dónde. A nivel institucional, tenemos a personas que están a cargo de todo el ulpán, el lugar donde estamos viviendo y estudiando, y esas personas ante cualquier duda están para nosotros, tanto para asesorarnos como para escucharnos. Porque más que nada, también en un viaje a tantos kilómetros de casa, estando tan lejos de la familia, uno no solo necesita el apoyo de saber dónde y cómo, sino también que te escuchen en diferentes momentos.

-¿Cómo fue la preparación para esta importante experiencia?

– Yo ingresé un poco tarde al programa, a lo que fue la previa. Creo que como cada persona es un mundo, para cada uno puede ser diferente. Creo que la preparación fue muy exitosa porque logró que los chicos tengan un conocimiento, un glosario, vocabulario y conocimiento del idioma muy diferente al que tenían antes de comenzar. Y eso ayuda mucho al llegar a Israel. En mi caso particular, como yo soy mendocino y viví en Mendoza hasta antes de viajar, era todo virtual. Vivía conectado al zoom, estaba en contacto con los chicos y con los coordinadores del programa.

-¿Cómo conociste Aliá Protegida?

-En Mendoza la comunidad judía si bien no es una de las más grandes del país, es una comunidad que es grande, que aporta y que tiene comunicación hacia la mayoría de sus integrantes. Yo venía con el proceso de hacer aliá casi un año antes de ingresar al programa Aliá Protegida. El programa lo conocí a través de un grupo de Whatsapp que tenemos en la Kehilá mendocina, ya que mandaron una foto en la que se difundía el programa y pedían que los interesados manden un mail. Y a los pocos días me llamó Laura, una de las encargadas del programa, y me hizo algunas preguntas para ver si podía calificar o no.

-¿Pudiste aprender algo de hebreo en la previa al viaje?

– Yo no tuve la posibilidad de asistir a un colegio judío ni en la primaria ni en la secundaria, y hasta incluso estuve alejado de la comunidad judía mendocina hasta el 2016, cuando viajé a Israel con Taglit, y luego por decisión propia decidí ingresar a la comunidad. No es que mis padres me dijeron que tenía que hacerlo, ellos me dieron la libertad de elegir. La morá que tuvimos, Vanina, fue una genia total que tuvo mucha paciencia para explicarnos las cosas. Lo que ocurrió ahí fue que yo pasé a tener ulpán cinco días por semana, incluso dos días a la semana en formato doble turno, tanto a la mañana como a la tarde (para alcanzar el nivel porque yo ingrese al programa unas semanas más tarde). Desde ya había otros chicos que habían hecho el colegio primario o secundario hebreo, yo en cambio no sabía nada de hebreo previamente. Aprendí mucho también estando en Israel.

¿Cómo fueron recibidos en el ulpán Etzión?

-Es una locura estar acá. Yo no soy una persona que haya viajado mucho por el mundo, pero estar acá, en un país de primer mundo, es algo increíble. Jerusalem es una ciudad muy espiritual, seas de la religión que seas, más allá de ser o no creyente, es una ciudad increíble. Nos recibieron muy bien desde el primer momento, desde que llegamos al aeropuerto Ben Gurión nos estaban esperando. Siempre estuvimos todos los chicos juntos, pasamos a otra habitación en la que nos comentaron, a través de traductores, cómo era todo a partir de ahora. Estábamos cansados por el viaje, ya que fueron trece de horas de vuelo, una hora de escala en Francia y otras cuatro horas a Tel Aviv. Cuando llegamos hicimos una cuarentena de cuatro días en Tel Aviv, en el hotel Dan Panorama y fue increíble por cómo nos atendían. Era una cuarentena extraordinaria, en un hotel cinco estrellas, donde la comida si bien uno no está muy acostumbrado a ese tipo de comida nos daban todo el tiempo, contábamos con los servicios que queríamos y no pasamos ni frío ni hambre. Posteriormente cuando estábamos con los tramites en regla y al finalizar la cuarentena pasamos al ulpán Etzión en Jerusalem, que es un lugar precioso, son tres edificios gigantes en el que viven y coexisten personas de todo el mundo, latinoamericanos, europeos, africanos, y hasta gente de países de los que uno hasta desconoce los nombres.

La verdad es que se nos recibió muy bien tanto de la parte del Ulpán, como la encargada de las clases, siempre con mucha paciencia y también el israelí es de esa manera cuando uno le dice que es ole tiene una actitud muy generosa.

¿Cómo consideras tu decisión hasta el momento?

La verdad estoy muy contento, todavía en este tiempo que ha pasado no he tenido altibajos muy bajos, me sentí todo el tiempo muy arriba haciendo cosas. Considero que es una de las mejores decisiones de mi vida para mí, para mí crecimiento personal y el crecimiento de mi futuro. Estoy muy agradecido a Alia Protegida y a todas las entidades que hacen que todo esto suceda.

¿Algún mensaje para la gente que esté pensando en hacer aliá?

El mensaje es que se anime, que se prepare con idiomas, que si podes comunicarte acá en Israel, podes lograr cualquier cosa como argentino. Si bien Argentina es un país muy complicado, la posibilidad que nos dan a nosotros es algo que no se lo dan a todo el mundo, hay que aprovecharlo y es bien merecido. Es una gran experiencia que ayuda a crecer en lo personal, en lo laboral, en lo creativo y en cualquier cosa que se dedique.

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