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ItonGadol.- Como lo viene haciendo desde hace casi tres décadas, Jabad Lubavitch de Argentina prendió las velas de Janucá en una Menorá gigante en la plaza República Oriental del Uruguay. El 3 de diciembre, coincidente con el encendido de la séptima luminaria se realizó un gran acto público denominado “Iluminar Buenos Aires”.
En esta oportunidad, a diferencia de oportunidades anteriores, las luminarias fueron encendidas con una antorcha debido a que los recipientes de las mismas contenían aceite. Esto se debió a la fuerte tormenta que afectó a Buenos Aires al atardecer del lunes, que obligó a posponer un día el acto.
Por primera vez los alumnos de las escuelas pertenecientes a la red educativa de Jabad Lubavitch Argentina, prendieron su propia Menorá y los alumnos de la Yeshiva participaron activamente del acto representando cuadros alegóricos a la festividad.
Luego que se encendieran las siete luminarias y el Shamash (luminaria piloto), se dirigió a los asistentes el director general de Jabad Lubavitch de Argentina, rabino Tzví Grumblatt, quien deseó felíz Janucá y expresó, entre otros conceptos que “La bendición de la alegría de Janucá llega a todos los países del mundo, pues donde haya un yehudí (judío) ese yehudí representa al pueblo judío todo. Cuando se enciende en las casas las velas de Janucá es la misión que tenemos cada uno de nosotros: iluminar alrededor, donque quiera que uno se encuentre.
Janucá nos enseña que la fuerza no está en el poder económico, en el poder político o físico o de la materia, todo eso son instrumentos y medios. La fuerza está en el espíritu de la persona, en la Emuná (fe) de la persona. Cuando una persona tiene principios sólidos de vida, que tienen su raíz en la palabra de Hashem (el Creador) que entregó en el Monte Sinai, para todas las épocas las mitzvot (los preceptos) los preceptos que dio para toda la humanidad, los siete preceptos de Noé. Haber recibido estos mandamientos no es sólo un mandato, hemos recibido la fuerza para cumplir con ese mandato. No hay persona en el mundo que no tenga la capacidad de poder transformar lo malo en bueno, de transformarse y superarse a sí mismo”, explicando que eso se debe a la palabra del creador del hombre, Hashem, y que eso está representado por las luminarias de Janucá inspiradas en las luminarias del Beit Hamikdash (el sagrado Templo) que el Creador ordenó prender.
A continuación el rabino Grumblatt se refirió al significado del milagro de Janucá, manifestando que el significado de que el aceite debía ser ‘puro’ se relaciona con que el ser humano “necesita tener una fuente de donde proviene lo puro, pues debe aspirar a la pureza y eso viene del Creador del Universo, que es insobornable, inalterable y es esa pureza la que tenemos que buscar en nuestra vida, la pureza que marca la luz de la Torá, la palabra de D’s, no alterarla, no manipulearla”; para culminar diciendo “Cuando hacemos uso de las fuerzas de Janucá logramos milagros y maravillas. Logramos milagros en nuestro hogar, en nuestra comunidad y nos preparamos de está manera para la llegada del Mashiaj (Mesías), que cómo el Rebe de Lubavitch, líder de esta generación, dijo claramente: el Mashiaj está listo para llegar en cada instante y cada uno tiene que estar preparado para recibirlo con un hogar yehudí (judío)”
El acto fue conducido por Shaúl Hochberger, animado por la orquesta Kef y con la participación del rabino Daniel Zelioni.
Entre sus asistentes se destacaban Alfredo Adriani, director de Culto de CABA; Claudio Avruj, subdirector de Derechos Humanos de CABA y presidente del Museo de la Shoá; Jorge Telerman, presidente del Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires; Julio Schlosser y Waldo Wolff, presidente y vicepresidente primero de la DAIA respectivamente; Ariel Cohen Sabban, tesorero de AMIA; Jorge Fainzaig, presidente de la Fundación Hogar Ledor Vador; Oscar Olender, presidente de la Sociedad Hebraica Argentina, entre otros.

