Inicio Universidad Ben Gurión Un investigador de la Universidad Ben-Gurión utiliza crustáceos para proteger el medio ambiente y combatir enfermedades

Un investigador de la Universidad Ben-Gurión utiliza crustáceos para proteger el medio ambiente y combatir enfermedades

Por Iton Gadol
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Itongadol.- Durante más de dos décadas, el profesor Amir Sagi, de la Universidad Ben-Gurión del Néguev, ha estudiado a los crustáceos como sistemas biológicos sofisticados que albergan claves sobre el crecimiento, la reproducción y la supervivencia. Ocultos bajo sus caparazones existen mecanismos genéticos que podrían ayudar a los agricultores a producir alimentos de manera más sostenible, proteger los ecosistemas frente a amenazas invasoras e incluso combatir enfermedades que afectan a cientos de millones de personas en todo el mundo.

Hoy en día, su laboratorio en la universidad se centra en dos cuestiones fundamentales: cómo construyen sus cuerpos los crustáceos y cómo esos cuerpos determinan en qué se convertirán. Su trabajo reveló la existencia de una hormona en los crustáceos y desempeña un papel decisivo en la determinación del sexo. “Resultó que esta hormona es la responsable de la masculinidad del crustáceo”, explica Sagi. “Si la hormona está presente, el crustáceo es macho. Si no lo está, el crustáceo se convierte en hembra”.

El descubrimiento abrió una nueva posibilidad científica: controlar el sexo de las poblaciones de crustáceos mediante un interruptor biológico. En el ámbito de la acuicultura representa un importante avance tecnológico. A medida que aumenta la demanda de productos del mar y las pesquerías naturales se enfrentan a una presión creciente, el cultivo de especies acuáticas ha cobrado una importancia cada vez mayor.

La tecnología desarrollada por el equipo de Sagi permite crear poblaciones de un solo sexo, una herramienta que facilita a los productores criar poblaciones específicamente adaptadas a sus necesidades.

Más allá de la producción acuícola, Sagi descubrió una aplicación sorprendente de su investigación en el ámbito de la protección del medio ambiente. Algunos crustáceos son voraces depredadores de caracoles, incluidas aquellas especies que actúan como huéspedes de los parásitos causantes de la esquistosomiasis, una enfermedad que afecta a millones de personas, especialmente en regiones donde las comunidades dependen de fuentes de agua dulce.

Su equipo investiga si los crustáceos pueden utilizarse como agentes de control biológico para reducir las poblaciones de caracoles transmisores de enfermedades. Pero una especie que se reproduce sin control puede volverse invasora y dañar el medio ambiente que debía proteger. Y aquí es donde cobra especial importancia el descubrimiento previo de Sagi. Al crear poblaciones compuestas por un solo sexo, los investigadores podrían aprovechar las capacidades naturales de los crustáceos sin permitir que establezcan poblaciones permanentes en la naturaleza.

Un proyecto que se lleva a cabo actualmente en Kenia analiza si este enfoque puede ofrecer un método seguro y sostenible para controlar los caracoles transmisores de enfermedades y las plagas en los arrozales. Para Sagi, este es el futuro de la ciencia medioambiental: no luchar contra la naturaleza, sino aprender a trabajar con ella.

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