Inicio CULTURA Dos años después de su rescate, Noa Argamani ayudará a fundadores israelíes a convertir sus empresas en líderes globales

Dos años después de su rescate, Noa Argamani ayudará a fundadores israelíes a convertir sus empresas en líderes globales

Por M S
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Itongadol/Agencia AJN.- (Por Melia Robinson – Business Insider) Noa Argamani pasó 246 días en cautiverio de Hamás hasta que las fuerzas especiales israelíes la rescataron y la trasladaron en helicóptero a un hospital en las afueras de Tel Aviv. Allí, un médico se acercó a ella y le dijo: “Noa, estamos muy felices de que estés aquí con nosotros”.

Argamani estaba confundida. “Lo primero que pregunté fue: ‘¿Cómo saben mi nombre?’”, recuerda. “No me había dado cuenta de que todo el mundo sabía quién era”.

A los 25 años, Argamani se había convertido en uno de las caras del ataque del 7 de octubre de 2023 contra Israel. La mañana de su secuestro, era estudiante universitaria y estaba a punto de comenzar su tercer año de estudios de inteligencia artificial (IA). Imaginaba convertirse en ingeniera de software. Quizás algún día fundaría una empresa.

Este mes comenzó un nuevo trabajo. Argamani se incorporó a la firma de capital de riesgo Vine Ventures, que invierte en startups en sus primeras etapas, especialmente en IA, ciberseguridad y tecnología de defensa. Trabaja con fundadores y empresas israelíes que buscan expandir sus negocios en Estados Unidos. Su nuevo puesto pone en juego su lista de contactos: su experiencia la llevó a un escenario global y la conectó tanto con líderes mundiales como con importantes empresarios.

“En este momento, si quiero aprender y generar un impacto, el capital de riesgo es el lugar adecuado para mí. Quiero estar rodeada de personas que sueñan en grande”, afirmó.

Para los fundadores israelíes, Estados Unidos suele ser el mercado que determina si una startup prometedora se convierte simplemente en una empresa exitosa o alcanza una escala realmente enorme. Argamani se ve como un posible puente entre ambos países: alguien que puede ayudar a los fundadores israelíes a convertir sus empresas en líderes globales de sus categorías.

“Mi misión es ayudar a las startups israelíes a entrar en el mercado y realmente romper esta frontera”, aseveró Noa. Si tiene éxito, podría llevar de regreso a su país más tecnología, redes de contactos y conocimientos empresariales de primer nivel.

Horas después del ataque inicial del 7 de octubre, una multitud de gazatíes recorrió el predio del festival de música Nova en busca de sobrevivientes. Encontraron a Argamani y la obligaron a subir a una motocicleta. Alguien la filmó. Argamani, con los ojos muy abiertos y la boca abierta, extiende los brazos hacia su novio y les ruega a sus secuestradores: “No me maten”. El video se difundió rápidamente por los noticieros y las redes sociales, convirtiendo a Argamani en una celebridad accidental.

El pasado fin de semana, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron que eliminaron al terrorista que conducía la motocicleta utilizada para secuestrarla.

En los meses posteriores a su rescate, el 8 de junio de 2024, se convirtió en una destacada defensora de los rehenes que permanecían en Gaza, reuniéndose con presidentes y diplomáticos y participando en eventos como la gala Time100. Estuvo en la tribuna de invitados de la Cámara de Representantes cuando Benjamín Netanyahu se dirigió al Congreso. Llevaba un traje prestado; su propia ropa había dejado de quedarle bien después de ocho meses de cautiverio.

Volvió a estudiar en la Universidad Ben-Gurión del Néguev, una universidad pública de investigación del sur de Israel. Descubrió que la IA había transformado el campo de la ingeniería de software durante su cautiverio. Los modelos escribían código cada vez mejor. Los trabajadores digitales, conocidos como “agentes”, comenzaban a asumir tareas que antes estaban reservadas a los seres humanos.

Argamani volvió a involucrarse. Junto con sus compañeros de clase, utilizó modelos de lenguaje de gran escala para analizar artículos de noticias en busca de patrones de retórica antisemita y luego identificar los países donde se originaban. Crearon un sitio web en el que los usuarios podían elegir una fecha y ver dónde aparecía con mayor intensidad esa retórica. A través de un programa de emprendimiento, diseñó una startup destinada a ayudar a niños con autismo.

Pero la vida que la esperaba fuera de la universidad había cambiado. “Está la persona que eras antes del 7 de octubre y la persona que eres después”, reconoció. Extraños comenzaron a detenerla en aeropuertos y calles. Habló sobre distintos escenarios y compartió momentos de su vida con sus 201.000 seguidores de Instagram: posando en las escalinatas del Capitolio de Estados Unidos, contemplando el paisaje desde la proa de un yate y haciendo una videollamada con su padre desde su asiento en la final del Mundial.

Llegaron las ofertas de trabajo. Podía incorporarse a una empresa o ayudar a crear una. Podía dedicarse a hablar en público o al modelaje. Un trabajo de oficina ya no le parecía lo suficientemente ambicioso. Tenía acceso y atención. De repente, sentarse detrás de una pantalla parecía un desperdicio de ambas cosas: “Sentí que volver a programar sería un desperdicio. Quiero hacer algo con mayor impacto, generar un cambio en el mundo’’.

A través de su trabajo como defensora de los rehenes, Argamani conoció a Eric Reiner, fundador de Vine Ventures. Reiner había desarrollado su carrera entre las startups israelíes y el capital estadounidense, primero en Insight Partners y luego en Dynamic Yield, una startup israelí que utilizaba algoritmos para personalizar anuncios digitales y sitios web, antes de ser vendida a McDonald’s en 2019.

Reiner creó Vine para invertir en empresas a ambos lados del Atlántico, pero su ventaja estaría en Israel, donde su equipo identificaría fundadores y los ayudaría a acceder a nuevos mercados. La firma, que administra unos 500 millones de dólares, invirtió en empresas israelíes de rápido crecimiento como Wonderful, Qodo y Eon.

Israel lleva mucho tiempo destacándose como centro de startups. Este año, Google completó la adquisición por 32.000 millones de dólares de Wiz, fundada por un grupo de exmilitares israelíes. Pero la guerra había puesto bajo presión a la llamada “startup nation”.

Un informe de 2025 de la Asociación de Industrias de Alta Tecnología de Israel reveló que el 53% de las empresas tecnológicas del país había registrado un aumento de empleados que solicitaban trasladarse al extranjero, citando crecientes preocupaciones de seguridad. Después de dos años consecutivos de descenso, la inversión de capital de riesgo en startups israelíes vuelve a crecer, impulsada por grandes rondas de financiación para empresas como Cyera, HiBob y Wonderful, según PitchBook.

En abril, Reiner invitó a Argamani a realizar una pasantía. Algo hizo clic. En el capital de riesgo, dice, podía ayudar a más de una empresa a la vez. Podía utilizar la red de contactos que había adquirido para abrir puertas a los fundadores. Y en Vine, cuya presencia se extiende desde San Francisco hasta Boston, New York y Tel Aviv, podía ayudar a las startups israelíes a dar el importante salto hacia Estados Unidos.

La experiencia de Argamani en cautiverio le mostró que una persona puede hacer todo lo que se le pide y aun así no tener ningún control sobre lo que sucederá después.

Durante los últimos cinco meses, estuvo aprendiendo el trabajo. Cómo dimensionar un mercado y cómo validar una empresa joven. Ayuda a los fundadores a analizar en profundidad el “no” de otro inversor. Según explica, los inversores israelíes interrumpen a un fundador a mitad de su presentación para explicarle qué está mal. Los estadounidenses tienden a ser más educados. “Pueden sonreír durante toda la presentación, pero después rechazan la propuesta y nunca te dicen por qué”, aseguró. Comenzó a trabajar a tiempo completo en septiembre y dividirá su tiempo entre San Francisco y Tel Aviv.

Abrir su red de contactos es una de las maneras en que cree que puede ser útil. El acompañamiento es otra. Su tiempo en cautiverio le mostró que una persona puede hacer todo lo que se le pide y aun así no tener ningún control sobre lo que sucederá después. También es un hecho de la vida de una startup, detalla. Noa quiere ayudar a los fundadores a atravesar los períodos de incertidumbre y entender qué pueden aprender de ellos.

Insiste en que siempre fue optimista, incluso, dice entre risas, una “optimista ingenua”. Ese instinto, sostiene, la ayudó a reconocer los milagros que marcaron el período más oscuro de su vida. Sobrevivió al cautiverio. Regresó a casa a tiempo para ver a su madre, que murió de cáncer cerebral tres semanas después. Vio regresar con sus familias a rehenes que habían sobrevivido. “Después de ver tantos milagros, eso te convierte en una persona más optimista”, resalta Noa.

Pero también vio cuánto puede ser arrebatado. Vio cómo asesinaban a amigos. Otros permanecieron en cautiverio después de ser asesinados y sus cuerpos fueron devueltos meses más tarde en intercambios de rehenes. Asistió a un funeral tras otro.

Para Argamani, el optimismo ya no es simplemente un rasgo de personalidad. Es una elección que hace a pesar de su pasado: una decisión de no permitir que lo peor que le ocurrió determine lo que vendrá.

“Perdí a mucha gente. Vi el infierno con mis propios ojos, estar en túneles, mirar a los ojos de Hamás. Pero elijo cada día tener otra parte de mi vida, mirar hacia adelante, ir a trabajar y no permitir que el duelo se convierta en mi identidad”, concluyó.

Two years after her rescue, Noa Argamani will help Israeli founders turn their companies into global category leaders.

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