Itongadol.- La actividad religiosa era abierta y vibrante en el gueto de Lodz durante los primeros dos años de su existencia, a pesar de algunas restricciones que impusieron los nazis. Sinagogas improvisadas eran visitadas masivamente, especialmente en las festividades. El Judenrat tenía una sección de asuntos religiosos que estaba a cargo de una comisión de rabinos. El sábado fue reconocido como día general de descanso y los talleres y oficinas permanecían cerrados. Había comedores kasher y en algunos lugares se realizaban estudios religiosos.
La situación cambió en 1942 al comenzar las deportaciones. La comisión de rabinos dejó de existir al ser muchos de ellos deportados en la expulsión de septiembre de 1942. Los judíos fueron obligados a trabajar en sábados y días festivos, los sitios de oración fueron clausurados y toda la actividad religiosa pública interrumpida.
A pesar de todo muchos continuaron practicando los preceptos y llevando a cabo una vida religiosa en secreto, no obstante el peligro. Minyanim [quórum para orar] se reunían subprepticiamente, grupos de estudio de la Torá siguieron existiendo y los ritos mortuorios a cargo de las sociedades de “Jevra Kadisha” se cumplían en las casas de los fallecidos a pesar de las estrictas prohibiciones. Muchos se negaban a comer la carne de caballo –prohibida ritualmente- que llegaba al gueto, a pesar del hambre que reinaba. De esa forma muchos judíos lucharon por su fe y esta ayudó a levantar sus espíritus.

