En su primera reacción al acuerdo alcanzado ayer entre Abu Mazen y Yaser Arafat, el ministro de Exteriores de Israel, Silván Shalom, dijo que espera del primer ministro de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) «una guerra sin cuartel contra el terrorismo».
Shalom hizo su declaración tras el atentado de un suicida de las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa» que se inmoló hoy en la entrada de una estación de trenes de la ciudad israelí de Kfar Saba y causó la muerte a un guardián y 14 heridos.
Hoy también murieron dos civiles palestinos, entre ellos un adolescente, en la escuela de una aldea próxima a Ramala, cuando soldados israelíes abrieron fuego contra los alumnos porque les estaban tirando piedras.
«El atentado -aclaró Shalom- demuestra más que nunca que no hay lugar para marchar (con los palestinos) por dos carriles paralelos, uno de la lucha contra los terroristas y otro para negociar la paz».
Shalom ratificaba las recientes declaraciones de otros gobernantes sobre que Israel sólo comenzará a aplicar medidas para reconstruir la confianza con los palestinos -tal y como lo pretende el plan de paz- una vez que Abu Mazen demuestre «un cien por cien de esfuerzos» en la lucha antiterrorista.
Abu Mazen y Arafat superaron el miércoles una grave crisis política con la mediación del jefe de los Servicios Secretos de Egipto, general Omar Suleimán, enviado por el presidente Hosni Mubarak.
El jefe del Gobierno palestino, que aún no ha completado la lista de ministros, tiene previsto pedir el voto de confianza del Parlamento la semana que viene.
Y entretanto las dos partes aguardaban que el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, anuncie el plan de paz, que prevé el fin de la violencia para encaminar nuevamente las negociaciones de paz, la retirada israelí de los territorios ocupados y la creación de un Estado palestino en Cisjordania y Gaza.
Su aplicación se produciría una vez que Abu Mazen y sus ministros presten juramento ante la Cámara Legislativa, según dijo hoy el secretario de Estado, Collin Powell También el responsable de Seguridad y Política Exterior de la UE, Javier Solana, aseguró que «la ‘hoja de ruta’ será publicada en los próximos días» y que personalmente espera que «sea aplicada de forma rápida».
Pero de igual forma que Israel exige un «cese del terrorismo» como primer paso para la aplicación del plan de paz, la ANP ha demandado estos últimos meses que el Ejército israelí se retire de las zonas de Cisjordania y Gaza que ha ocupado desde septiembre de 2000 para comenzar la pacificación y una reconstrucción económica que respalde el cese de la violencia por parte ambos pueblos.
Esta postura fue respaldada la semana pasada por EEUU como medida para reconstruir la confianza entre las partes y apuntalar el nuevo Gobierno de Abu Mazen.
En ese sentido el ministro palestino de la Gobernación Local, Saeb Erekat, manifestó hoy a EFE que una vez que el plan sea presentado de forma oficial las dos partes deberán cumplir a rajatabla los distintos pasos a seguir y de forma simultánea.
Aseguró que según el documento «ambas partes tenemos obligaciones que deben ser escrupulosamente aplicadas y supervisadas por el Cuarteto» de Madrid, formado por EEUU, la UE, la ONU y Rusia.
«El problema es que Israel sigue queriendo imponer sus condiciones y crear su propio plan en lugar de cumplir estrictamente lo que dicta la comunidad internacional», subrayó.
Y agregó: «Nosotros hemos dicho en varias ocasiones que estamos comprometidos con la ‘hoja de ruta’ y que cumpliremos nuestras obligaciones, pero hasta ahora no he oído a ningún funcionario israelí diciendo que acepta el plan».
En lo que podría tomarse ya como una respuesta a Erekat, Sharón advirtió anoche en un acto público que si bien «es muy importante que al otro lado haya alguien en el gobierno cuya voluntad sea la de cesar el terrorismo y buscar la paz, debemos recordar que el futuro del Estado de Israel depende únicamente y en primer lugar de nosotros mismos».
Se refería, a que Israel no confiará la seguridad de sus ciudadanos a los organismos de seguridad palestinos, como la derecha nacionalista sostiene que ocurrió durante el proceso de paz de Oslo.
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