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United for Eternal Peace. Los talones del Mashiaj

Por IG
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Shiur del Rab Farkash

Por qué somos comparados con el talón

Nos encontramos en la Parashá de Ekev, cuyo nombre significa “talón”. Ahora bien, esta Parashá nos enseña cómo un judío debe vivir en la era final del exilio, la cual se denomina “ikveta deMeshija”, “los talones del Mashiaj”. Este nombre se debe a que se escuchan los pasos del Mashiaj; no obstante, hay una explicación más profunda:

El Ariza”l enseña que todo el Pueblo judío representa un gran cuerpo, de modo que hay almas que se asemejan a la cabeza, los ojos, el corazón, y otras asociadas a las manos y las piernas. Las almas de las últimas generaciones son los “talones” de ese cuerpo cósmico.

Ahora bien, cuando la Torá describe la creación de Adam, el primer hombre, esta dice que “Di-s insufló en su interior un alma viviente”, la idea es, como enseña el Libro del Tania, que “cuando uno sopla, el aire brota desde su nivel más esencial” – sobre eso, el Ariza”l explica que el alma de Adam era un alma general, una “Neshama Klalí”, que incluía en su interior todas las almas judías. Pero cuando Adam pecó con el árbol, perdió esa alma y recién fue recuperada por Abraham, nuestro primer Patriarca, quien se la transfirió a Itzjak, él a Iaacov, y así sucesivamente de generación en generación.

Así como el cuerpo posee partes más elevadas como la cabeza, los ojos, el corazón, y partes más bajas, como las manos y los pies – asimismo las primeras generaciones del Pueblo judío eran grandes Sabios y eruditos de Torá, mientras que nosotros somos cual talones.

No obstante, siendo que la creación entera existe para que el judío la eleve a través de Torá y Mitzvot, resulta que cada generación judía eleva un aspecto distinto de la creación. Por lo tanto, nosotros que somos la última generación del exilio, tenemos la tarea de elevar los últimos detalles del mundo, pues ya todo ese gran “cuerpo” de Israel está casi terminado, solo quedan los retoques finales. Por eso somos la generación de los “talones”; porque debemos elevar los detalles finales de la creación.

El verdadero Mesirut Nefesh

Cuando analizamos la naturaleza del talón, encontramos dos cosas: por un lado, el talón es la sección menos sensible del cuerpo humano, al grado de que el Midrash lo llama “el ángel de la muerte de la persona”; por el otro, el talón es lo que entra en contacto con el suelo, con la tierra, con lo más burdo y bajo.

Lo mismos se aplica a nosotros: por un lado somos la generación más insensible de la Presencia Divina que ha existido, pero por el otro, somos los encargados de proyectar la luz Infinita de Di-s en lo más bajo. A nosotros nos define la acción concreta, el hacer lo que nos corresponde más allá de cómo nos sintamos.

Pero además de eso, el talón representa la capacidad de mesirut nefesh, de autosacrificio total por el judaísmo. El Rebe Rayatz explica que justamente el judío que no es un gran erudito o un hombre sensible es el que puede entregarse sin titubear al Plan de Di-s. Él lo compara con la experiencia de una persona que desea introducir su cuerpo en agua hirviendo – nadie mete de entrada la cabeza; es mucho más práctico introducir primero el talón.

Los judíos más simples, los “talones”, fueron quienes mostraron una entrega absoluta y total, y se pararon firmes y fuertes en las peores circunstancias.

La generación del talón, aquella que vive en una oscuridad atroz, es la que se encarga de culminar la labor de todas las generaciones que le precedieron, preparando así el mundo para la era del Mashiaj – debemos meterle fervor y perseverar con toda la energía, de nosotros depende traer al rey Mashiaj.

Hay un versículo en esta Parashá que dice así: “toda la Mitzvá que Yo les ordeno hacer, cuídense de hacerla…” – comenta Rashi basado en el Midrash: ¿qué significa “toda la Mitzvá”? que cuando llega una Mitzvá a ti, la cumplas entera. Y Rashi menciona el hecho de que aunque Moshé se ocupó de llevar los restos de Yosef en toda la travesía por el desierto – siendo que él no entró en Israel y no pudo enterrarlos, se considera como si fueron los judíos quienes llevaron sus huesos debido a que ellos finalizaron la Mitzvá.

La Torá nos da un mensaje muy fuerte y revitalizador: todo este largo proceso se culmina en nosotros y la Redención llevará nuestro nombre, porque somos los “talones” – nosotros vamos a recibir a nuestro Justo Mashiaj.

La segunda porción del Shemá

La Parashá más adelante menciona el famoso “vehaya im shamoa”, la segunda mitad del Shemá: en la Parashá anterior estaba la primera parte del Shemá.

Cuando analizamos ambas secciones, vemos que son similares pero que guardan algunas diferencias:

a) En la primera habla solo en positivo, en la segunda menciona las consecuencias de incumplir la Voluntad Divina.

b) En la primera agrega que debemos amar a Di-s “bejol meodeja”, “con toda tu fuerza” – en la segunda no.

Si uno lo lee desde arriba, parecería ser que la primera es superior – los judíos están inspirados, sirviendo a Di-s sin pensar en recompensas o castigos, motivados por el “bejol meodeja” – ese amor ferviente y flameante. En cambio, en la segunda parte ya sienten la presencia del mundo, están ocupados con sus ganados, con sus campos, etc. Se encuentran en un nivel más bajo – hay que hablarles de las consecuencias, etc.

Sin embargo, el Jasidut explica que es al contrario, precisamente en la segunda, donde el amor poderoso a Di-s no está revelado, es que los judíos acceden a un vínculo que trasciende el concepto mismo de “yo te amo” – se trata de un amor sin fronteras, en el cual no hay un ego sino exclusivamente la disposición y disciplina absoluta de cumplir la Voluntad Divina y de no poder apartarme de Él bendito sea.

La Parashá de Ekev se lee en proximidad con la fecha del 20 de Av, el Hilula del padre del Rebe, Rabí Levi Itzjak, conocido como Rab Leivik. Él sufrió las peores atrocidades a raíz de su entrega total por diseminar el judaísmo en rusia. Aun en las condiciones más deplorables, se mantuvo firme y fuerte, inamovible como el talón, de hecho, murió luego de cuatro años de exilio en Alma Ata. Pero, aunque sufrió lo indescriptible, su alma se mantuvo libre hasta el último momento, porque su vínculo ferviente con el Ser Divino lo empoderó a luchar sin desistir ni ceder siquiera un ápice.

Nos encontramos en el umbral de la Redención. Sea la Voluntad Divina que a través de fortalecernos en Torá y Mitzvot con una entrega total y un auténtico mesirut nefesh, podamos ver de inmediato cómo Di-s nos muestra Su semblante y nos redime – con la llegada de nuestro Justo Mashiaj y la tan anhelada Redención. Amén.

Escrito por: Rab. Moisés Waisberg.

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