Las teorías conspirativas contra la Argentina durante el Mundial se propagaron rápidamente, retratando al país como racista y culpando a Israel y a los judíos de las victorias argentinas.
Itongadol/Agencia AJN.- (Por Cecilia Lazzaro Blasbalg* – The Times of Israel) El capitán de la Selección Argentina de fútbol, Lionel Messi, de 39 años, abandonó el domingo entre lágrimas el estadio de New York-New Jersey tras perder 1-0 ante España en el tiempo suplementario de la final del Mundial. Messi, considerado ampliamente el mejor futbolista de todos los tiempos, agradeció a sus seguidores en Instagram con un emotivo mensaje en castellano: ‘‘El dolor es muy grande y va a costar que cierre esta herida. Pero también me quedo con todo lo bueno… Hoy cuesta valorar lo que hicimos, pero este grupo llegó a dos finales consecutivas de la Copa del Mundo. Una vez más logramos unirnos como país y estar todos juntos, compartiendo el inmenso orgullo de ser argentinos’’.
Con espíritu deportivo, también felicitó a España —un equipo cuyos jugadores conoce bien tras haber jugado durante décadas en el Barcelona— por su victoria. La misma noche de la derrota argentina, cientos de miles de hinchas salieron a las calles para homenajear a su héroe nacional y agradecerle por devolverles la esperanza y llevar nuevamente al país a una final mundialista.
Al igual que ellos, me siento especialmente orgullosa de ser argentina en momentos como este. El domingo vi la final en una pantalla gigante en Buenos Aires junto a una amiga, rodeada de más de 5.000 hinchas argentinos. Fui testigo de familias enteras, con niños de apenas dos años, soportando el frío para celebrar a la Argentina y disfrutar del histórico triunfo sobre Inglaterra apenas unos días antes, que sumió al país en la euforia.
Quienes no están familiarizados con la cultura argentina y vieron a la selección levantar una bandera con la frase ‘‘Las Malvinas son argentinas’’ quizás se hayan sorprendido por esa demostración (las Malvinas, conocidas en inglés como Falkland Islands, son argentinas). Sin embargo, desde nuestra perspectiva, las Malvinas representan no solo la sucesión histórica de las islas tras nuestra independencia de la España imperial, sino también un caso de colonialismo aún no resuelto. Argentina es un país anticolonial; los influencers en internet manipularon estos hechos.
El sentimiento anti argentino se propagó rápidamente. Innumerables artículos de prensa aprovecharon una aversión hacia la Argentina y Messi, viral y artificialmente construida, con titulares como ‘‘I Won’t Cry for You Argentina’’ (The New Yorker, No lloraré por ti, Argentina), ‘‘Argentina Tried to Win Another World Cup. Neighboring Nations Cheered Against It’’ (The New York Times, Argentina intentó ganar otro Mundial. Los países vecinos alentaron en su contra) y la columna de opinión ‘‘Sorry, Messi: Why Latinos are rooting against Argentina’’ (The Boston Globe, Lo siento, Messi: por qué los latinos están alentando contra Argentina). También circularon teorías conspirativas bautizadas como ‘‘VAR-gentina’’, en alusión al uso del VAR en el partido contra Egipto, donde los conspiracionistas denunciaban un supuesto favoritismo arbitral. Incluso el alcalde de New York, Zohran Mamdani, afirmó en una conferencia de prensa que la selección egipcia había sido ‘‘robada’’ por Argentina.
Por supuesto, cualquiera es libre de alentar contra Argentina, de discrepar con los fallos arbitrales o de estar cansado del fanatismo que rodea a Messi. Pero ya es hora de dejar de lado las teorías conspirativas alimentadas por el odio.
En otro video publicado el día de la final, Mamdani invitó, de manera desafortunada, al desacreditado exfutbolista inglés Gary Lineker —quien alguna vez comparó a los judíos con ratas en una publicación en redes sociales que luego eliminó— a calificar de injusta la conquista argentina del Mundial de 1986. Si se les pregunta a los ingleses, dirán que la ‘‘Mano de Dios’’ de Diego Maradona fue ilegal; un argentino la llamará una genialidad. Pero al invocar 1986 sin la presencia de Maradona, internet y su ‘‘alcalde de internet’’ reciclaron el odio contra la supuesta ‘‘VAR-gentina’’.
La mayoría de las teorías conspirativas de este año estuvieron alimentadas por el antisionismo y el antisemitismo. Por ejemplo, la página de Wikipedia del árbitro francés François Letexier fue modificada para sugerir que había nacido en una familia judía ortodoxa de Bretaña, con el objetivo de demostrar que el partido contra Egipto había sido arreglado. Además, una afirmación viral aseguraba que Messi se había criado en Israel para alimentar las sospechas sobre un supuesto sionismo oculto. Para dejar las cosas claras, Messi creció en la calle Estado de Israel, un nombre de calle muy común en Argentina (también existe la calle Estado de Palestina), y Letexier no es judío.
Pero la teoría generalizada en internet que describía el partido entre España y Argentina como un sustituto del conflicto israelí-palestino generó más basura anti argentina de la que una persona racional podía soportar. Como ejemplo, el actor español Javier Bardem y el comentarista británico Mehdi Hasan sostuvieron que la victoria de España representaba un triunfo sobre el presidente argentino Javier Milei, citado como ‘‘el presidente más orgullosamente sionista del mundo’’.
Para volver a poner las cosas en su lugar, estas narrativas anti argentinas buscan demonizar a la Argentina, un país que alberga la mayor comunidad judía de América Latina, estimada entre 180.000 y 250.000 personas, utilizándolo como un sustituto del sionismo.
Tras la victoria de España, el actor estadounidense Samuel L. Jackson aprovechó la ocasión para aseverar, sin fundamento alguno, que Argentina es el país más racista del mundo. Escribió en Instagram: ‘‘Si eres una persona negra que alienta por Argentina, así es como te ves para mí. Te escuchamos fuerte y claro’’.
Argentina fue uno de los primeros países del hemisferio occidental en abolir la esclavitud; Brasil fue el último. Y tampoco deberíamos ignorar los últimos 500 años de racismo y abusos coloniales por parte de España.
Una forma de poner fin a la narrativa anti argentina es recuperar el pensamiento crítico. Apóyese en fuentes confiables y en sitios de verificación de datos. Salga del entorno donde solo escucha opiniones que refuerzan sus propias ideas, para cuestionar su visión del mundo y adoptar perspectivas bien fundamentadas.
Ojalá que el próximo Mundial deje atrás la toxicidad que caracterizó a esta edición.
*: Cecilia Lazzaro Blasbalg es editora de textos. Anteriormente trabajó en Haaretz en la sección de noticias de último momento y fue editora responsable de la revista cultural The Guide.

