Itongadol.- El sargento mayor (en la Reserva) de las Fuerzas de Defensa de Israel, Ido Kander, quien sobrevivió a una explosión provocada por terroristas palestinos durante la guerra de Gaza reveló detalles sobre el ataque del 7 de octubre y cómo logró evitar ser secuestrado por Hamás.
El 7 de octubre de 2023, recibió un mensaje de su comandante del 697.º Batallón de la 551.ª Brigada: «Vení».
Kander, entonces de 26 años, que había estado en la unidad Maglán, tenía una luxación completa de hombro.
«A pesar de la lesión, no lo dudé: me puse el uniforme y me uní a los muchachos», dijo.
Entrenó con el equipo durante algunas semanas, pero cuando llegó el momento de comenzar las maniobras, le informaron que no entraría a Gaza.
«Me quedé en la base y seguí con la fisioterapia. Fueron las semanas más difíciles de mi vida por la sensación de ser un inútil mientras mis amigos estaban adentro. Estaba muy, muy preocupado por ellos», recordó Kander.
Dos semanas después, le permitieron entrar en combate, pero en lugar de regresar con su equipo, le ofrecieron el rol de «mano derecha» del subcomandante de la compañía.
El 9 de noviembre, «organicé el equipamiento, entré a la Franja, llegué en plena noche, me reuní con el subcomandante de la compañía y luego fui a despedirme de mi equipo. Al día siguiente, a otro equipo de la compañía se le asignó una misión: encontrar un pozo importante. Por supuesto, el subcomandante de la compañía y su segundo al mando acompañaron al equipo, así que salí con ellos», contó.
Al otro día, «recibimos información de que se encontraba en las inmediaciones de una mezquita en Beit Hanoun. En algún momento llegamos a la casa, entramos a la planta baja y caminamos por el pasillo, con el subcomandante de la compañía y yo a la cabeza. Entramos a la primera habitación, vimos cables que se adentraban en el suelo y nos dimos cuenta de que habíamos encontrado el pozo. Dijimos ‘pozo’, avanzamos unos segundos más para asegurarnos, antes de empezar a trabajar, de que no hubiera ningún terrorista más adelante en el pasillo, y entonces detonaron un artefacto explosivo que hizo estallar la casa», prosiguió Kander.
Cuatro de sus compañeros -el mayor Moshe Leiter y los sargentos mayores Yossi Hershkovitz, Matan Meir y Sergey Shmerkin, todos reservistas- murieron y otros cinco resultaron gravemente heridos, como él.
«La pared se partió en dos. Estaba tirado en el suelo y no podía mover nada excepto la mano derecha. Lo primero que pensé fue en evitar que me secuestraran, así que me hice el muerto. Cuando empecé a oír voces en hebreo, balbuceé: ‘Ido, herido’. Sentí un dolor intenso y me pusieron un torniquete», contó.
Kander fue trasladado de urgencia al kibutz Erez y, desde allí, en helicóptero, al hospital Shaare Zedek de Jerusalem.
«Lo siguiente que recuerdo es llegar a la sala de traumatología. Me preguntaron si estaba consciente y dije que sí. Tenía el hombro roto y un fragmento grande me había desgarrado la arteria carótida de la pierna. Me hicieron un bypass con una vena», relató.

Allí, Kander fue sometido a dos cirugías, y a una tercera tras ser trasladado al Centro Médico Sheba de Tel Hashomer.
Durante la rehabilitación en Beit Halojem «me dijeron que algunos chicos iban a montar en bicicleta y que debería probarlo, así que fui en mi silla de ruedas y empecé a intentarlo. Descubrí que podía hacerlo: transpiraba, me sentía en forma y podía hacer ejercicio con cierta intensidad después de meses tumbado en una cama sin hacer absolutamente nada», comentó.
Esa experiencia «me reabrió las puertas a la práctica deportiva», dijo Kander, señalando que antes de lesionarse estaba entrenando para correr un maratón.
«Empecé a entrenar con pesas por la tarde para fortalecer la parte superior del cuerpo y a esforzarme al máximo. El deporte es lo único que te puede salvar. Nada te salva como el deporte después de tanto tiempo parado sin hacer nada», agregó.
«Hoy aprecio mucho más la vida. Al final, es como el juego de la silla: dos metros a la izquierda y estaría en otro lugar», concluyó Kander.
La Organización de los héroes heridos de Tzahal fue fundada después de la Guerra de la Independencia en 1949 con el objetivo de acompañar a los veteranos en su proceso de rehabilitación. El primer centro Beit Halojem, que ofrece actividades deportivas, espacios de recreación y tratamientos de rehabilitación fue inaugurado en Tel Aviv en 1974, después de la guerra de Yom Kipur. Actualmente, la organización tiene centros también en Jerusalén, Haifa, Beer–Sheva y pronto inaugurará uno nuevo en Ashdod. Además, cuenta con 15 representaciones en todo el mundo.

