Inicio COMUNIDAD EN ACCION 7 de Octubre | A dos años de la masacre, el crudo testimonio de una sobreviviente: “Me dispararon 12 balazos, no entendía bien si estaba viva o muerta”

7 de Octubre | A dos años de la masacre, el crudo testimonio de una sobreviviente: “Me dispararon 12 balazos, no entendía bien si estaba viva o muerta”

Por Iton Gadol
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Itongadol/Agencia AJN.- En vísperas del segundo aniversario de la Masacre del 7 de Octubre, la Agencia AJN entrevistó a la subteniente Eden Ram, que sobrevivió milagrosamente al ataque de Hamás y visitó recientemente la Argentina para contar su experiencia.

Ram estaba en la base Urim del Comando del Frente Interno de las Fuerzas de Defensa de Israel, cerca de Ofakim, donde recibió 12 disparos de los terroristas. Tuvo que afrontar una dura y persistente rehabilitación posterior, que hizo de la mano de Beit Halojem (el Hogar del Combatiente), la organización que acompaña a los militares heridos en combate.

“Tuve una fractura grave en un antebrazo. No tengo movimiento completo en una mano. Me duele dormir de costado y estar sentada por mucho tiempo. Se aprende a vivir con eso… Cuando las cosas se me ponen un poco difíciles, recuerdo que estoy aquí y que eso no debe darse por sentado. Estoy agradecida por ello todos los días”, expresó.

Durante su visita a la Argentina, Ram brindó su testimonio en instituciones de la red escolar judía y dio charlas en Hacoaj y Lamroth Hakol.

-¿Qué recordás de esa mañana?

–  A las 6 y media de la mañana, estaba durmiendo en la cama y de repente escuché la intercepción de un ataque con misiles (de terroristas palestinos de la Franja de Gaza), incluso antes de que sonara la sirena. Rápidamente tomé el arma, me puse las sandalias y corrí en pijama al refugio móvil. Cada una de las soldados habló con su familia, haciéndole saber que todo estaba bien. De repente, una de las madres contó que había oído que había habido una infiltración de terroristas en Urim. Nos miramos entre nosotras en silencio y dijimos: ‘Estamos en Urim, ¿esto es real? Les di a las chicas una rápida capacitación de cómo disparamos las armas. Al fin de cuentas, no somos una base de combatientes. Nunca consideré que estaba en la Periferia de Gaza. Poco a poco empezamos a escuchar disparos. Decidimos huir del refugio móvil a la Sala de Operaciones porque pensamos que ese era el lugar más seguro de la base. Elegimos el peor momento porque los terroristas acababan de traspasar la valla, nos reconocieron y empezaron a perseguirnos y dispararnos. Logré correr con una bala en la pierna hasta llegar a la sala. Me sentí a salvo. Dije que me habían disparado en la pierna y que estaba bien.

– Una de tus compañeras se sacó la capucha y te hizo un torniquete. ¿Qué pasó después, cuando se acercaban los terroristas?

– Recuerdo que quedaba la última puerta que nos separaba de ellos, ya oíamos conversaciones en árabe y nos dimos cuenta de que en cuestión de segundos estaríamos todos muertos. Dos chicas le apuntaban a la puerta para intentar protegernos de alguna manera. En ese momento, grabé muchos mensajes de voz: me despedí de mi familia, amigos y de mi pareja. Les dije que los quería mucho y que rezaran por mí… En cuanto entraron (a las 8.24 hs.), lanzaron granadas y todo se volvió negro. Oscuridad total… Empezaron a dispararnos sin parar durante unos minutos. Cerré los ojos, estaba segura de que era el fin, de que iba a morir. Estábamos debajo de una mesa. Sentí dolor. Recuerdo no entender dónde estaba la última bala que acababa de matarme… En ese momento pensé en un secuestro. No me moví, ni dije una palabra. Seguía escuchándolos, que tocaban documentos… Buscaron y tiraron cosas, tocaron a la gente, volvieron a disparar otra ráfaga y salieron de la sala, que estaba llena de balas. No había un lugarcito donde no hubieran llegado. Todo estaba destrozado, todas las ventanas… En ese momento aún no entendía bien si estaba viva o muerta… Cuando me di cuenta de que Sahar respiraba a mi lado, la toqué y hablamos. Le pedí que me ayudara, empecé a palpar todo mi cuerpo para entender dónde estaba herida, cuánto sangraba, si había algún lugar donde sangrara más… Ella realmente me ayudó a mantenerme con vida, me hizo otro torniquete, me dio mucha esperanza, que ya no tenía… Entonces ocurrió un milagro y fui salvada por combatientes que sacrificaron su vida en la batalla contra los terroristas y me rescataron.

– Eran soldados de la Unidad de Negociación del Estado Mayor, que te sacaron de debajo de los cadáveres de tus compañeras. Después estuviste tres días con respirador artificial en coma inducido en el hospital Shiba, pero lograste sobrevivir, con una larga rehabilitación por delante…

– Me dispararon 12 balazos… Tengo platino en la pelvis y en la rodilla.  Tuve una fractura grave en un antebrazo. No tengo movimiento completo en una mano. Me duele dormir de costado y estar sentada por mucho tiempo. Se aprende a vivir con eso… Cuando las cosas se me ponen un poco difíciles, recuerdo que estoy aquí y que eso no debe darse por sentado. Estoy agradecida por ello todos los días… Después de tres semanas sola en una habitación (del hospital Hadassah), fui a rehabilitación y vi a otros compañeros (soldados) heridos. Ves a uno al que le amputaron un brazo y decís: «No tengo derecho a quejarme»… Incluso cuando no podés bajarte de una silla de ruedas… Al principio te sentís reprimida y poco a poco te das cuenta de que vivís a diario sola con la lesión y nadie puede entrar en tus pensamientos. Todos tus amigos piensan en Sudamérica, Tailandia… y vos no… Porque tengo 30 cicatrices en el cuerpo y no me permiten exponerme al sol.

– ¿Cuánto cambió tu vida desde entonces?

– Cuando recibís la vida como regalo, renacés y surgen muchas preguntas: ¿por qué yo me salvé y no mis compañeros? Al principio, sentís mucha culpa, no te gusta estar viva… Poco a poco, me di cuenta de que tengo un lugar en este mundo y que mi vocación había cambiado: quería ser abogada y ahora quiero dar conferencias y abogar por otros… Siento que esa es mi misión: difundir la lucha y la historia de quienes cayeron, en Israel y en todo el mundo. No perder el tiempo porque cada día es importante y hay que trabajar por algo. Me gusta planificar con anticipación, pero de repente, la lesión me dio una razón para parar…

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