Itongadol/Agencia AJN (Por Ángel Mas*/The Jerusalem Post).- La hostilidad de España hacia Israel no es casualidad y refleja dos fuerzas. Primero, un gobierno de extrema izquierda dominado por facciones que cuestionan la mera existencia de Israel. Segundo, un Presidente que gobierna como un pirómano político: un aventurero no guiado por el interés nacional, sino por su propia supervivencia. Ante los escándalos de corrupción que alcanzan incluso a su familia, el presidente Pedro Sánchez ha convertido a Israel en un chivo expiatorio y una arma política.
Las consecuencias se pusieron de manifiesto en La Vuelta a España de este año. Lo que debía ser una celebración del deporte se transformó en caos, intimidación y violencia, y en el visible colapso del Estado de derecho en España.
La violencia como moneda política
El terrorismo callejero, alguna vez conocido como Kale Borroka durante los peores años de la ETA (el grupo terrorista vasco), ha regresado. Pero ahora es diferente: es tolerado, legitimado e incluso alentado por el propio gobierno de España. Grupos radicales -algunos vinculados a la ETA y otros a movimientos yihadistas- atacaron la carrera, mientras figuras relevantes de la mayoría parlamentaria de Sánchez se unían a ellos.
Los ciclistas fueron agredidos con clavos, empujados de sus bicicletas y forzados a circular circular a alta velocidad por rutas invadidas. Etapas de la carrera fueron interrumpidas e incluso canceladas. No fue una protesta. Fue violencia, y fue recompensada.
Israel como blanco
Ningún equipo fue señalado con mayor agresividad que el equipo ciclístico israelí. No solo se enfrentaron a las turbas, sino también a la hostilidad del propio gobierno. Ministros llamaron a su expulsión. Sánchez elogió a los agitadores. Se ignoraron las reglas del deporte internacional.
La Unión Ciclista Internacional protestó, pero el daño ya estaba hecho. España mostró que la violencia contra israelíes sería tolerada -incluso celebrada- desde los más altos niveles del poder.
El lenguaje de la deslegitimación
No se trata solo de ciclismo. Se trata del uso de palabras como armas. Sánchez y sus aliados han normalizado términos como “genocidio”, “exterminio” y “hambruna”, ninguno respaldado por hechos ni tribunales internacionales.
Sabemos adónde lleva el libelo. El discurso que normaliza la violencia política contra una minoría -la minoría judía- desde el propio gobierno del país lleva directamente a la hostilidad, la agresión y el miedo.
Oposición débil, algunos aliados
La oposición española no ha sido clara. El principal partido, el Partido Popular, condena a Hamás, pero repite acusaciones contra Israel. En la práctica, ha aceptado la narrativa de Sánchez. Solo en Madrid, de la mano de una presidenta regional y el alcalde de la ciudad, el PP ha defendido firmemente a Israel. El único partido nacional consistentemente pro Israel es Vox.
Y aun así, España no es Irlanda. Aquí, pese a la retórica tóxica, aún hay aliados -en la política y los medios- que defienden la legitimidad de Israel y confrontan la narrativa del gobierno.
Comunidades judías y diplomacia
Pese a las reiteradas advertencias, algunos líderes comunitarios judíos, españoles e internacionales, optaron por el apaciguamiento. Sus contactos con funcionarios fueron exhibidos para blanquear la imagen del gobierno, incluso cuando esos mismos funcionarios pasaron rápidamente a difamar a Israel. Ingenuos y cortoplacistas, esos contactos ahora son usados cínicamente como prueba de que el gobierno no tiene “nada contra los judíos”, solo contra Israel.
La diplomacia revela la verdad. Los embajadores han sido retirados. Las relaciones están al borde de la ruptura. Sánchez ha reconocido unilateralmente un Estado palestino, impuesto sanciones extraterritoriales a Israel y promovido boicots en instituciones internacionales. España está aislando a Israel, y a sí misma.
La sociedad civil y los tribunales
La sociedad civil aún resiste. El prominente grupo pro Israel ACOM les provee información verificable a políticos, líderes de opinión y a los medios. Mantiene una presencia constante en los medios tradicionales y digitales, contrarrestando la desinformación con hechos.
Pero esa visibilidad tiene un precio. En La Vuelta, ciudadanos que ondeaban banderas de españolas e israelíes enfrentaron amenazas de linchamiento. En lugar de detener a los agresores, la Policía evacuó a los simpatizantes y los mandó a la casa. El mensaje fue claro: en la España de hoy, el mostrar apoyo a Israel es peligroso.
ACOM también ha recurrido a los tribunales, presentando denuncias en la Audiencia Nacional contra grupos vinculados a la ETA, activistas del BDS y partidos de izquierda de la coalición de Sánchez. El litigio ahora ha llegado al Tribunal Supremo, incluso mencionando al Presidente y a ministros del gobierno.
Una elección para los judíos españoles
Nosotros, los judíos sionistas españoles, creemos en el rol de la Diáspora para apoyar a Israel, especialmente en la actual campaña global de hostilidad y deslegitimación. Ahí es donde más podemos contribuir y donde más valiosos somos.
No tenemos intención de entregarle España a los antisemitas radicales. Pueden envenenar el discurso, pero no representan a la mayoría española. Los españoles no son antisemitas, aun cuando su gobierno complace a quienes lo son.
La aliá siempre es una opción. Pero por ahora, nuestro lugar está aquí, en España, donde continuaremos resistiendo la intimidación y contribuyendo de manera efectiva al futuro de Israel. Esto no es una renuncia al sionismo, es su plena realización.
* Presidente de ACOM, el principal grupo de lucha contra el antisemitismo en España y a favor de las relaciones entre España e Israel.

