Asistieron a la ceremonia alumnos de todas las escuelas de la red escolar judía, en especial de sexto y séptimo grado junto con padres y docentes, como así también alumnos, profesores y padres de colegios secundarios y escuelas oficiales de la Ciudad de Buenos Aires.
Frente a la reconstruida sede de la AMIA, en Pasteur 633 de esta Capital, y bajo una persistente llovizna, los alumnos encendieron 85 velas, una por cada víctima del atentado como «una forma de dar el mejor testimonio y garantía en la búsqueda de la verdad y la justicia».
Al hablar a los jóvenes la profesora Dora Kolsky reivindicó el valor de la memoria y los exhortó a «recuperar juntos la necesidad de recordar, ejerciendo el legítimo derecho de pedir justicia».
A su vez, Marina Degtiar, hermana de una de las víctimas, sostuvo que la destrucción de la AMIA «fue un atentado contra toda la sociedad argentina» y pidió a los alumnos que sean «voceros de las historias de quienes perecieron».
Por su parte, al término del acto, el titular de la AMIA, Luis Grynwald, relató que el sentido de la ceremonia era que participaran «chicos de séptimo grado, de entre 11 y 12 años» porque -sostuvo- «es el tiempo que lleva esta impunidad y no tenemos todavía ningún tipo de resultado después de 131 meses».
Grynwald sostuvo que, «si hay algo que no vamos a abandonar, es la lucha por la verdad» y dijo que «no sólo la comunidad judía, sino toda la sociedad argentina, necesita saber qué pasó, quiénes son los culpables materiales y los ideólogos del atentado».

