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The Times of Israel | Opinión: La Franja de Gaza fue ‘‘palestinizada’’

Por M S
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Itongadol.- (Ariel Beery* – The Times of Israel) El terrible sufrimiento en la Franja de Gaza debido a la guerra de Israel para acabar con Hamás y devolver a los rehenes está bien documentado. Miles de niños inocentes fueron asesinados y decenas de miles quedaron irremediablemente dañados.

El sufrimiento de esta magnitud no es único -mire hacia el sur, el norte o el este para ver sufrimiento a una escala aún mayor en estos mismos días y tiempos-, pero eso no lo justifica. A pesar de la justicia de los objetivos de Israel, la magnitud del daño es terrible, trágica y debe ser considerada.

Sin embargo, no era inevitable. Aunque yo y otros en Israel responsabilizamos en gran parte al gobierno por el impacto de su estrategia fallida en Gaza, y yo y otros israelíes seguimos protestando para presionar al gobierno a llegar a un acuerdo para terminar la guerra, nadie con una mente moral y objetiva debería ignorar que Hamás podría haber, en cualquier momento, terminado la guerra devolviendo a los rehenes y deponiendo las armas.

Nadie debería ignorar que siguen retrasando su aceptación de los términos propuestos por el presidente Donald J. Trump y aceptados por el actual primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien viajó a Estados Unidos pensando que el acuerdo estaba prácticamente cerrado.

Si las élites internacionales creyeran que el Estado judío está perpetuando una campaña genocida, ¿no exigirían un fin inmediato de la guerra asegurando la devolución de los rehenes y la rendición militar de Hamás? Pero no lo hicieron, y no lo harán. Como las élites globales y las instituciones que lideran no están llamando a Hamás a deponer las armas y devolver a los rehenes, ¿qué significa eso?

Creo que la mejor forma de entender la actitud de las élites hacia los palestinos en la Franja es a través del lente de lo que ocurrió con muchos otros movimientos sociales que fueron eclipsados por la causa palestina en las últimas décadas. Al observar primero cómo esos movimientos fueron empujados, saliendo de nuestra conciencia, creo que podemos ver la razón por la que se ignora la responsabilidad de Hamás en este conflicto actual -y las implicaciones para los pueblos palestino e israelí-.

Por ejemplo, cuando era más joven, mi remera favorita tenía los Ojos de Buda, un símbolo de la lucha tibetana por la independencia. Pasaron décadas, y el Tíbet sigue bajo ocupación china, mientras que los activistas de hoy no parecen poder despertar interés entre las élites globales, a pesar de millones de tibetanos asesinados, exiliados y oprimidos por el imperialismo chino. El Tíbet fue ‘‘palestinizado’’.

En la universidad, conocí a Simon Deng, un esclavo que escapó de Sudán que compartió su experiencia de primera mano con el imperialismo islámico y el genocidio de africanos por fuerzas islamistas dirigidas por el gobierno. Millones de personas fueron asesinadas en todo Sudán, muchos más exiliados, violados y mutilados.

Sumado a eso la violencia continua al oeste de Sudán en el Congo, Nigeria y Burkina Faso. Incluso mientras escribo estas líneas, la destrucción continúa. Sin embargo, los activistas actuales no parecen poder generar interés entre las élites globales. Ni una sola mezquita en Estados Unidos o Europa fue atacada en respuesta. África fue ‘‘palestinizada’’.

O más recientemente, mientras la guerra civil siria causaba cientos de miles de muertes y millones de migrantes, decenas de miles de musulmanes rohinyás fueron asesinados y cientos de miles exiliados por el gobierno budista de Myanmar, en una campaña que continúa actualmente. Ahora no tienen a dónde ir, ya que el Bangladesh musulmán cerró sus fronteras a los refugiados rohinyás. Ningún santuario budista o restaurante bangladesí tiene escrito «Liberen a los rohinyás» pintado con aerosol rojo. Los rohinyás fueron ‘‘palestinizados’’. 

Finalmente, recuerdo cuando Greta Thunberg era conocida por su activismo climático, y el colapso climático inminente ocupaba los titulares. Había un consenso casi general en que el calentamiento global, que ya está matando a cientos de miles y forzando a millones a migrar desde las regiones ecuatoriales, era el problema más urgente. Los activistas se manifestaban unidos contra el dominio del petróleo. El clima fue ‘‘palestinizado’’.

Podríamos ver cada uno de estos casos como eventos distintos. Tal vez las vidas negras no importan si son africanas, tal vez los ataques islamofóbicos no importan si los atacantes son budistas. Tal vez el clima no es tan importante. O uno podría observar el patrón subyacente: hay partes que tienen mucho que perder si estas injusticias permanecen en las tapas de los diarios. A saber, los Reinos del Petróleo y su principal cliente, China. Prestar atención a su apoyo a los conflictos mencionados sería malo para los negocios.

Porque China y los Reinos del Petróleo se benefician del sistema internacional actual: el petróleo sigue fluyendo, las fábricas siguen produciendo, las élites siguen comprando. El único conflicto que no afecta ese ciclo, el único con suficiente resonancia emocional para distraer a las élites, es el que se da entre judíos y árabes en Tierra Santa. Por eso no estamos escuchando llamados para que Hamás acepte el acuerdo de Trump como lo hizo Israel, para que devuelva a los rehenes y deponga las armas. Por eso las élites están dispuestas a sacrificar al pueblo de Gaza para mantener su dinero fluyendo. Por eso la Franja fue ‘‘palestinizada’’.

Reconocer el impacto del poder y el capital en los movimientos intelectuales es crucial. Reconocer las fuentes financieras que impulsan el movimiento anti sionista y sus implicancias para Israel y los palestinos es clave. Sin embargo, imaginar que esos intereses pueden ser derrotados con un argumento bien formulado es una ilusión. Ignorar la dependencia de las instituciones internacionales de esas mismas fuentes financieras es ignorancia. Confundir las declaraciones de la ONU o Amnistía con verdades cuando esas organizaciones dependen del apoyo financiero y político de los Reinos del Petróleo y China es ingenuidad.

Quienes nos preocupamos por el sufrimiento de todos los seres humanos, quienes creemos que el camino hacia la seguridad requiere la resolución de nuestra guerra civil en esta tierra dos veces prometida, debemos reconocer que las élites globales ‘‘palestinizadas’’ no son nuestras aliadas. Tampoco lo son de los palestinos.

*Ariel Beery es un escritor, empresario y analista especializado en Israel y la geopolítica internacional. 

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