Itongadol/Agencia AJN.- La solicitud de indulto presidencial presentada por el primer ministro Benjamin Netanyahu responde a consideraciones claramente políticas. Netanyahu sabe que las probabilidades de que el pedido sea aprobado no son altas, pero el movimiento cambia la conversación pública: desplaza del centro del debate el polémico proyecto de exención al servicio militar —un tema políticamente incómodo para él en este momento— y la traslada al indulto.
La maniobra también favorece su campaña electoral. Para Netanyahu, es esencialmente una situación de “ganar o ganar”. Si el indulto fuese concedido, sería un logro político significativo. Pero incluso si es rechazado, en un año electoral la jugada sigue funcionando a su favor: le permite afirmar que los cargos en su contra fueron infundados y que hasta el presidente se negó a otorgarle un indulto.

Si el presidente Isaac Herzog aceptara la solicitud, Israel podría enfrentar protestas aún mayores que las registradas durante el debate por la reforma judicial. Herzog es plenamente consciente de ello.
En las últimas semanas, diversos acontecimientos han apuntado a incrementar la presión sobre el presidente. Un ejemplo fue la visita del embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, al tribunal, donde calificó el proceso como un “juicio de Bugs Bunny”, pese a que no habla hebreo.
En esencia, lo único que cambió es que Netanyahu formalizó el pedido. Pero las señales de que la presión estaba trasladándose hacia Herzog son visibles desde hace casi dos meses.

