Por PABLO JAVIER BLANCO
Adolf Eichmann no era aún el reconocido criminal nazi, arquitecto de la logística del Holocausto. En su horizonte ni siquiera asomaba como posibilidad ser uno de los jerarcas de Hitler y partícipe de la mayor matanza que recuerde la humanidad, con más de seis millones de muertos. El domingo 22 de abril de 1934, en Múnich, cuando entró al café Schlossmühle (Molino del Castillo), en la zona de Nymphenburg, era apenas un oscuro suboficial menor de las SS, tropa de elite del nazismo.
Minutos antes de las ocho de la noche, Eichmann caminaba cerca del imponente palacio que la realeza de Baviera usaba como residencia de verano. Deambulaba por el parque, de unas 180 hectáreas y emblema de la ciudad, cuando decidió entrar al café de la calle Schlossrondell. Se sentó en una mesa y ordenó algo. De repente, una situación lo hizo intervenir. En el café sonaba en un gramófono un disco del cantante de ópera austriaco Richard Tauber.
Tauber, considerado uno de los mejores tenores europeos del momento, era perseguido por su origen judío. Es más, en 1944, tuvo que huir del país y exiliarse en Inglaterra, pero una década antes, en los albores del nazismo, su música podía escucharse en algunos lugares, a pesar de la censura nacionalsocialista.
Esa noche, en el café de Nymphenburg, dos agentes de las SS oyeron la voz de Tauber y quisieron impedir que siguiera sonando. Cuando exigieron que cesara de girar su disco, Eichmann intervino en la discusión, se enfrentó a ellos, los hizo salir del lugar y les dijo que estaba ahí cumpliendo una misión oficial.
Enseguida, esos oficiales revisaron los papeles del suboficial que los frenó en su intento de cortar la “música judía”, que para ellos era una afrenta. Descubrieron que su credencial estaba vencida y se la retiraron. Y aunque el episodio no pasó a mayores, activó la maquinaria burocrática de las SS: informes, copias, sellos, remisiones entre oficinas y una orden formal para que explicara qué hacía en aquel establecimiento.
El número escrito en esos papeles, 45.326, era el que identificaría a Eichmann durante toda su carrera.
Diez años después, ese mismo hombre dirigía desde Budapest el comando especial encargado de organizar la deportación de los judíos húngaros. Mientras cientos de miles de personas eran trasladadas en trenes hacia Auschwitz, el expediente de Eichmann acumulaba ascensos, diplomas y condecoraciones.
Heinrich Himmler lo premiaría “en nombre del Führer” y sus superiores describirían su desempeño como un mérito de guerra.
Los documentos del expediente personal de Eichmann, digitalizados por el diario alemán Die Zeit y traducidos por Clarín con ayuda de la inteligencia artificial permiten reconstruir esa transformación. No cuentan solamente la historia de un jerarca nazi. Muestran cómo las SS seleccionaron, formaron, promovieron y recompensaron a uno de los principales organizadores del Holocausto.
De una credencial vencida al corazón del Servicio de Seguridad
De los más de 100 documentos analizados por Clarín, el episodio del café es apenas un mojón de la historia. Quizás sea el más llamativo de los primeros años de carrera de Eichmann y el que permite aventurar hipótesis contrafácticas de qué podría haber cambiado si la resolución de esa discusión era otra.
El informe del episodio del café está fechado el 23 de abril de 1934. El SS-Sturmführer Fritz Birzer relató que dos integrantes de las SS vestidos de civil le habían informado que en el establecimiento situado junto a la rotonda del palacio de Nymphenburg se estaban reproduciendo discos de Tauber.
Los agentes prohibieron lo que calificaron como “música judía”. Un funcionario llamado Fritz Schaub se opuso y Eichmann, que se encontraba en el mismo lugar, también se volvió contra ellos. Dijo que estaba allí por motivos de servicio. Birzer revisó su credencial, comprobó que había caducado y se la confiscó.
“No se produjo ningún incidente de mayor gravedad”, aclaró el informe. Pero el caso siguió circulando. El Distrito Superior de las SS “Danubio” remitió los antecedentes a otra jefatura y pidió que se evaluaran posibles medidas. El 28 de abril se ordenó al Servicio Auxiliar de las SS de Dachau que exigiera una explicación a Eichmann. El 2 de mayo, la oficina del campo comunicó que enviaba el descargo solicitado.
Dijo Eichmann: “Con motivo del incidente ocurrido el 22 de abril de este año en el café Schlossmühle, en Nymphenburg, cuando exigí al SS-Rottenführer Bergmann que exhibiera su documentación, manifesté que lo hacía en cumplimiento del servicio. Yo había pedido al SS-Rottenführer —que estaba vestido de civil— que saliera conmigo del café. Al hacerlo, pasamos junto a la mesa donde se encontraba el camarada del Partido Schaub, perteneciente a la Dirección Regional de Austria”.
“El camarada Schaub me impartió entonces la orden de tomar los datos personales del SS-Rottenführer. Como considero al camarada Schaub un superior dentro de la organización del Partido y, además, se encontraba uniformado cuando me dio esa orden, pude, con la conciencia tranquila, presentar ante el SS-Rottenführer Bergmann mi intervención como una actuación de servicio”, explicó en su nota de puño y letra, escrita el 30 de abril de 1934 en Dachau.
El 2 de mayo, el Servicio Auxiliar de Dachau remitió esa declaración a Múnich, al Distrito Superior de las SS “Danubio”, que lo recibió 24 horas después. El expediente disponible termina allí: no contiene una resolución, amonestación, suspensión, degradación ni otro castigo. Pero no hay dudas de que el episodio no perjudicó su carrera: en agosto de 1934, meses después, fue ascendido a SS-Oberscharführer, el primer gran salto de su carrera.
Pocos meses después, el 3 de octubre de 1934, el Servicio de Seguridad del Reichsführer-SS solicitó que Eichmann fuera transferido desde Dachau al SD en Berlín, centro neurálgico de las operaciones del régimen de Hitler. En la hoja original, la palabra que indicaba una asignación temporal aparece tachada. En su lugar quedó el término que significaba una incorporación efectiva. No lo pedían prestado: querían sumarlo de manera estable al nuevo aparato de inteligencia y persecución del régimen.
La orden fue remitida a distintas oficinas con la indicación de acelerar el trámite. Dachau envió su credencial, un certificado de conducta, un extracto del registro de personal y otros documentos administrativos. El 23 de octubre quedó formalizado el despacho de su expediente hacia Berlín.
Religión, burocracia nazi, ascensos y hasta tickets de ropa
Los archivos de las SS registraron casi cada paso de su vida de Eichmann dentro del movimiento nazi. La burocracia del Tercer Reich era tan metódica como totalizadora: cuando decidió casarse con Veronika —Vera— Liebl, necesitó la autorización de la Oficina de Raza y Asentamiento, después comunicó oficialmente que la boda se había celebrado el 21 de marzo de 1935.
Eichmann vivía con incomodidad el hecho de que su esposa fuera católica practicante y que sólo accediera a casarse con él por iglesia. Eso era mal visto por sus camaradas nazis, según relata el escritor argentino Ariel Magnus en su obra de no ficción El desafortunado, sobre la vida del arquitecto de Holocausto en la Argentina.
El movimiento hitlerista rechazaba por igual al catolicismo como al ateísmo. Es más: estaba prohibido que los ateos formen parte del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), el partido nazi.
Tal como definió el líder supremo de las SS Heinrich Himmler: “Creemos en un Dios Todopoderoso que está por encima de nosotros; ha creado la tierra, la Patria, y el Volk, y nos ha enviado al Führer. Cualquier ser humano que no crea en Dios debe ser considerado arrogante, megalómano y estúpido y, por lo tanto, no apto para las SS”.
Por todo eso, para Eichmann, el documento que notificó la decisión de su esposa de abandonar la iglesia católica para convertirse en una Gottgläubig no era un papel más. El término identificaba a quienes se alejaban de lo eclesiástico, pero continuaban declarando una creencia genérica en Dios.
El archivo venía a poner fin a esa disonancia íntima en su fuero familiar que lo hacía sentir distinto entre los oficiales de la tropa de elite de Hitler.
Había también temas menores registrados en la maquinaria de trámites del Reich. El papeleo incluía hasta los detalles más insólitos, como una constancia de la cámara de vestuario de las SS, cuando fue trasladado a Berlín.
La minuta daba cuenta que Eichmann recibió: una gorra de plato; una chaqueta de uniforme; un pantalón de paño; tres pares de medias o prendas interiores; dos calzoncillos; un par de botas; una corbata; un abrigo y un correaje.
El comprobante aclaraba además que debía 62 marcos del Reich a pagar cinco cuotas. Días más tarde, otro ticket daba cuenta de la devolución de la mayoría de esas prendas.
En 1937, una fractura en la mano derecha puso momentáneamente en peligro su siguiente promoción. Eichmann no podía completar las pruebas para obtener la Insignia Deportiva del Reich, uno de los requisitos considerados en el ingreso al cuerpo de oficiales. Presentó un certificado del doctor Walter Rentel y prometió rendir el examen durante el verano siguiente.
“El señor A. Eichmann se encuentra en tratamiento como consecuencia de una fractura de la mano. Por ese motivo, durante aproximadamente un año, no podrá realizar ejercicios físicos o deportivos que exijan plenamente la mano lesionada”, escribió el médico.
La lesión, según se desprende de los documentos, no detuvo su ascenso. Una nota incorporada al expediente sostuvo que Eichmann poseía una forma de trabajo “confiable”, una conducta nacionalsocialista “irreprochable” y que ya había demostrado una “entrega absoluta al movimiento”. Por esas razones, recomendaba especialmente su promoción.
El 15 de septiembre de 1937, un grupo de oficiales se reunió para evaluar sus antecedentes. Leyeron su currículum, sus certificados y el cuestionario correspondiente. Nadie presentó objeciones y ningún oficial se negó a firmar. Todos quedaron obligados a guardar silencio sobre lo tratado.
Eichmann fue promovido sucesivamente a SS-Untersturmführer, SS-Obersturmführer y SS-Sturmbannführer. En noviembre de 1941 alcanzó el grado de SS-Obersturmbannführer, aproximadamente equivalente al de teniente coronel. Sería el rango más alto de su carrera en las SS.
La vida de Eichmann contada por Eichmann
En los archivos confidenciales de las SS, cada oficial tenía una autobiografía escrita de puño y letra. Esa suerte de curriculum manuscrito era uno de los documentos más requeridos a la hora de analizar ascensos dentro de la fuerza.
Lo tuvo Erich Priebke, el criminal nazi de las fosas Ardeatinas de Italia que se refugió en Bariloche; también Josef Mengele, el médico de Auschwitz que pasó a la historia como el Doctor Muerte por sus brutales experimentos en el campo de concentración.
Eichmann no fue la excepción.
Fuente: www.clarin.com

