A un año de su liberación, Gilad Shalit contó en una entrevista para el canal 10 de la televisión israelí sobre sus años en los que estuvo bajo cautiverio en manos de Hamas. Shalit relató entre otras cosas cómo pasó sus años de vida perdidos y cómo era la relación con sus captores.
La primera vez que Shalit hizo declaraciones públicas sobre su cautiverio fue 4 meses atrás, en la primera columna con Eric Honig, en la revista “7 días” del diario Yediot Ajaronot. Shalit contó en esa oportunidad sobre sus conversaciones con sus captores de Hamas: “Teníamos un tema en común para hablar, deportes. Sobre otros temas no siempre teníamos de que hablar, y sobre política nunca quise hablar. Ellos me hablaban mal de Israel, pero yo prefería no hablar. Ellos estaban en posición de poder y superioridad sobre mí”.
La semana pasada, se publicó, vía internet, solo un fragmento de la entrevista que le hicieron a Shalit. El diario israelí, Yediot Ajaronot, adelantó y transcribió la entrevista completa. En la misma, Shalit contó cómo hizo para no perder la cordura y mantener siempre el optimismo en esos años tan difíciles que vivió.
Gilad Shalit fue secuestrado en junio de 2006 por un comando de tres grupos armados palestinos, entre ellos, la rama militar de Hamas. El soldado israelí permaneció en cautiverio en un lugar secreto durante cinco años y cuatro meses. Su liberación se dio luego de un polémico acuerdo entre el Estado de Israel y el grupo terrorista Hamas, mediante el cual Israel dejó en libertad a un total de 1027 terroristas palestinos.
Los años en cautiverio: “Intentaba ser optimista”
P:Gilad, ¿te imaginabas que tu tiempo en cautiverio se iba a extender tanto?
GS: Sí, yo sabía que las negociaciones se podían extender por mucho tiempo. Me dije que esto podría tomar años y con el tiempo las partes comiencen a ablandarse. Tuve mucho tiempo que ocurra lo mismo que con Ron Arad en ese caso, las negociaciones se volvieron irrelevantes, y no había con quien hablar y no sabían dónde estaba. Tenía miedo que pase eso conmigo, que se olviden y no haya con quien negociar. En esos momentos trataba de ser optimista, siempre pensaba que había una mínima posibilidad, y ésta me daba fuerzas para seguir viviendo. Trataba de solo pensar en las pequeñas cosas buenas que aún tenía allí. De disfrutar de lo que había, aunque era poco y la vida muy triste. Apreciar lo que tenía, porque siempre se puede estar peor.
P: ¿A qué te referís con “pequeñas cosas” que habían allí?
GS: Lo que se me permitía. Televisión, radio, comida, y que ellos no me maltrataban demasiado.
P: ¿Cómo hiciste para salir sano de esa experiencia?
GS: El secreto es mantener el orden y cierta disciplina. No quedarse todo el día en la cama y no hacer nada, eso es algo que siempre evité. Excepto al principio, que fue realmente difícil para mí, siempre me mantuve activo. Mantuve un horario regular: Levantarse e irse a dormir siempre más o menos a la misma hora, hacer lo mismo todos los días. Desde el principio siempre supe las fechas. No hubo ningún momento en el que haya perdido la noción del tiempo. Siempre supe que fecha era ese día. Incluso, aprendí rápidamente a reconocer que hora era.
P: ¿Cómo lo sabías?
GS: Básicamente, según la puesta y salida del sol. También según los rezos de ellos.
P: ¿De esta forma también sabías cuándo eran las fiestas?
GS: Las fiestas son más difíciles porque son según el calendario hebreo, pero trataba de calcularlo. No siempre sabía las fechas exactas.
P: ¿Celebraste alguna fiesta?
GS: No, no tenía cómo ni con quién.
La relación con los guardias: “Se sorprendieron del gol de Hapoel”
P: El tiempo que estuviste allí, ¿sabías lo que pasaba en Israel?
GS: Al principio no, no sabía lo que pasaba en Israel ni en el mundo. Luego, en algún momento, me dejaron ver las noticias por televisión árabe, así que sabía lo que pasaba en la zona. Más adelante, me dejaron escuchar radio y pude escuchar noticias de Israel.
P: ¿Y antes era todo en árabe?
GS: Sí.
P: ¿Entendías?
GS: Al principio casi nada. Pero luego empecé a entender de a poco árabe. Entonces, cuando ellos escuchaban las noticias, entendía. También, se creó algún tipo de comunicación o relación con los captores. Por momentos había alguna emoción, o alguna risa, cuando veíamos algún buen partido de fútbol o una película. Una vez vimos el partido de Hapoel Tel Aviv contra el Lion, en la fase de grupos de la Liga de Campeones. Fue uno de sus mejores partidos. Hubo un famoso gol de Eran Zahavi, y recuerdo las reacciones de los guardias. Ellos estaban asombrados de cómo un equipo israelí jugaba así. Fue una de las cosas que me ayudaron a mantener la cordura allí adentro. Durante el día jugaba con ellos todo tipo de juegos; Domino. Y también jugaba solo todo tipo de cosas extrañas.
P: ¿Por ejemplo?
GS: Básicamente juegos deportivos. Fabricaba una pelota con medias o alguna remera y la arrojaba al cesto de basura u otros lugares. Inventaba cosas, escribía cosas.
P: ¿Escribiste un diario íntimo?
GS: No. Escribí todo tipo de cosas, dibujaba mapas de Israel. Hice un gráfico de Mitzpe Hila, y todas las casas. Para recordar los lugares e imaginarlos. Lo hice siempre, para no olvidarme.
P: ¿Y colgabas las anotaciones?
GS: No, no. A veces los escondía. Algunos de ellos, no les gustaba mis anotaciones. Pensaban que yo estaba recopilando información.
Vuelta a casa: “Dormí bien la primera noche”
P: ¿Qué sentías cuando saliste del lugar donde estuviste tanto tiempo?
GS: Durante el viaje a la frontera en Gaza sentí mucha tensión. No sabía si iba a pasar algo, si alguien nos iba a atacar, si algo iba a salir mal a último momento. En el momento que salí del coche y pasé a Egipto por el cruce de Rafiaj, sentí una sensación de alivio. De pronto vi decenas de personas frente a mí, centenas. Eso después de no haber visto más que unas pocas personas en todos esos años, de golpe ver todas esas personas. Tenía una sensación extraña, estaba conmocionado. Luego ingresamos en un cuarto y me reconocieron, y luego fue la entrevista. (La entrevista fue forzada).
P: ¿Cómo fue la entrevista? ¿Ella te abrazó cuando entraste?
GS: No. Solo me dio la mano. Fue la primera mujer que vi después de cinco años y medio.
P: ¿Cómo fue ver una mujer, escuchar su voz?
GS: (Sonríe) ¿Justo ella? Fue una sensación diferente, pero no fue un shock. Mi presión arterial era baja y de pronto empecé a sentirme mal. Eso se puede ver en la entrevista, que yo hacía movimientos raros, no me sentía bien.
P: ¿Y cuándo llegaste a Israel?
GS: En ese mismo momento sentí que todo había terminado, toda esa experiencia había terminado. Que ese agujero en el que estuve encarcelado había finalizado, había salido de ahí. Era una sensación de alivio. Entendí que algo muy grande iba a suceder: todos los medios de comunicación, el entusiasmo de la gente. Me di cuenta que iba a tomar tiempo hasta que pueda recuperarme de todo lo que había vivido.
P: ¿Qué sentiste al volver a dormir en tu cama? ¿Dormiste bien la primera noche?
GS: Sí, estaba realmente muy cansado, así que dormí bien. Me fui a dormir a las nueve, nueve y media. Pero a las dos de la mañana me levanté y empecé a dar vueltas por la casa. Miré por las ventanas y vi todo tipo de guardias por ahí.

