Por Ruth Eglash/The Jerusalem Post.- Para las miles de personas que llegaron el último sábado a la noche a la renovada protesta por justicia social en Tel Aviv, el evento -convocado para conmemorar el primer aniversario de las masivas manifestaciones del año pasado- probablemente será inolvidable.
Mientras la concentración se estaba calmando, el residente de Haifa Moshe Silman, quien desde entonces se ha convertido en un símbolo para muchas de las personas comprometidas con el movimiento de protesta por justicia social, se roció con un líquido inflamable y se prendió fuego. Justo antes de arder en llamas, el hombre de 57 años distribuyó una carta explicando sus acciones. “El Estado de Israel me ha asaltado y robado, dejándome con nada”, dijo.
Silman llegó a culpar al primer ministro, Benjamín Netanyahu, y al ministro de Finanzas, Yuval Steinitz, por “la humillación que ciudadanos privados de sus derechos atraviesan día tras día, les sacan a los pobres para darle a los ricos y los funcionarios públicos que sirven al Estado de Israel”.
Un día después, mientras Silman yacía en terapia intensiva en el Centro Médico Sheba de Tel Hashomer, amigos y parientes del hombre que ha logrado llevar las protestas por justicia social de este verano (boreal) a un nuevo nivel describieron cómo el exitoso dueño de una pequeña empresa se había convertido en un hombre a punto de quedarse sin casa después que el sistema de asistencia social lo defraudara.
Según los informes, la espiral descendente en la suerte de Silman fue provocada por una pequeña deuda con el Instituto Nacional de Seguros (NII, por su sigla en inglés). Mientras la deuda crecía, perdió su negocio, su propiedad y su casa, y finalmente sufrió un derrame cerebral que lo dejó con una discapacidad del 100%.
A pesar de recibir un magro cheque por discapacidad del NII, apenas era capaz de afrontar los medicamentos esenciales, y mucho menos pagar el alquiler de un departamento.
Si bien sus drásticas acciones del sábado a la noche pueden no ser el camino que la mayoría de la gente elegiría seguir -a pesar de que durante la semana hubo otros varios intentos de autoinmolación-, el tono desesperado de Silman resonó a lo largo y a lo ancho de la sociedad. Lamentablemente, parece ser una historia con la cual mucha gente puede identificarse en Israel.
“Realmente espero que nadie más siga este camino, pero al fin de cuentas él estaba harto de la situación y no tenía opción”, dijo la rabina Idit Lev, gerenta de proyectos de justicia social de Rabinos por los Derechos Humanos.
Durante el año pasado, Lev trabajó estrechamente con Silman para ayudarlo a navegar a través de la burocracia del sistema de asistencia social y a luchar por su derecho a la vivienda pública.
“Sentía que nadie en el Estado de Israel lo estaba escuchando”, dijo Lev, y explicó que conoce a muchas personas y familias con dificultades similares.
“No sé cómo se deciden estas políticas de asistencia, quién recibe ayuda y quién no, pero al fin de cuentas nadie ayudaría a Moshé.”
Por supuesto, después que Silman se prendió fuego, el primer ministro Benjamín Netanyahu y otros funcionarios gubernamentales se apresuraron a responder. Pero los buenos deseos del primer ministro estuvieron lejos de comprender plenamente el alcance de los problemas de asistencia social en este país cuando se refirió a la “gran tragedia personal” de Silman.
De hecho, la profundidad de los problemas sociales del país fue expuesta claramente el martes, cuando cientos de personas que esperan que se les asigne una vivienda pública se presentaron en una reunión, prevista con anterioridad, del Lobby por la Vivienda Pública de la Knesset (Parlamento israelí) y el Foro por la Vivienda Pública.
Mientras la reunión se volvía tormentosa, con personas compartiendo sus historias personales de depravación y degradación en un intento por superar la trampa de la pobreza o simplemente sobrevivir dentro de ella, la desesperación de Silman pareció tener eco en toda la habitación.
“La historia de Silman es algo que le puede pasar a cualquiera de nosotros”, comentó la residente de Jerusalem Batela Shahar. “Soy viuda hace 25 años, tengo cinco hijos y he estado viviendo en una vivienda pública durante 30 años.”
“Si bien soy madre y no puedo dejarme llevar como hizo Silman, puedo entender totalmente cómo llegó a eso”, dijo, y agregó que hay muchas personas en Israel que están atrapadas en situaciones similares.
Tal vez el legislador de Meretz Ilan Gilon lo resumió elocuentemente cuando dijo: “Lo que le pasó a Silman no debería ser visto como una tragedia personal, sino como una tragedia colectiva porque resalta la vergüenza del Estado de Israel”.
“Es tanto una tragedia personal como una tragedia nacional”, declaró a The Jerusalem Post, el miércoles, Israel Livman, director de Mekimi, una organización sin fines de lucro que ofrece soluciones, consejos y orientación a familias en dificultades financieras.
Obviamente Silman tenía problemas más profundos, pero, al mismo tiempo, “está revelando lo que están sintiendo muchas familias en Israel”, dijo Livman, quien señaló que contribuye al creciente problema una mezcla de burocracia, falta de “protexia” (contactos personales) e ignorancia sobre derechos legales.
“La gente no entiende el sistema y los organismos gubernamentales no la ayudan a entender”, continuó, y añadió que es momento de que el gobierno “despierte”. La gente comete errores en la vida, por la razón que sea, pero sigue siendo responsabilidad de las autoridades ayudarla a atravesar esas dificultades y volver a la superficie, dijo.
Mientras que Livman cree que el Estado tiene las herramientas para ayudar a los necesitados, pero simplemente no es efectivo al proveerlas, la doctora Emily Silverman, experta en vivienda pública y planificación social progresiva, pinta un panorama mucho más sombrío de la situación.
“Decir que (Moshe Silman) ha caído a través de grietas es suponer que realmente existe algún tipo de red de asistencia social”, comentó Silverman.
Hay una red, continuó, pero “sólo alcanza a alrededor de 2.000 de las miles de personas que necesitan ayuda”. Silverman usó el ejemplo de la vivienda pública para mostrar cómo la red de asistencia social no se estira lo suficiente para ayudar a todos aquellos que lo necesitan.
“La mayoría de los países occidentales supone que siempre habrá un porcentaje de personas que nunca serán capaces de comprar o alquilar casas”, dijo, y señaló que los sucesivos gobiernos de los últimos 20 años han dejado en claro que esta filosofía no es realmente aceptada en Israel.
“No se han construido propiedades nuevas en los últimos 20 años”, afirmó Silverman, quien estimó que hay aproximadamente 2.000 familias elegibles para la vivienda pública que no la están recibiendo. Y, dijo, de las 66.000 familias que viven actualmente en viviendas públicas, la mayoría la recibió en las décadas de 1950 y 1970.
“Creo que las acciones de Moshe Silman despertaron a un montón de personas acerca de cuán mal se ha tornado la situación”, dijo Silverman. “Creo que habrá un cambio: la protesta por justicia social del pasado verano (boreal) ya causó algunos cambios y creo que ahora la gente se está dando cuenta de que esto ya ha ido demasiado lejos.”
De hecho, mientras durante toda la semana surgieron historias trágicas como la de Silman, el Ministerio de Bienestar y Asuntos Sociales, junto con el NII, se comprometieron a crear un grupo de trabajo de emergencia para ocuparse de casos extremos.
“La meta, en este punto, es asegurarse de que sepan que hay alguien por ahí que los va a escuchar y ayudar con cualquier burocracia”, dijo Nahum Itzkovitz, director general del Ministerio de Bienestar Social.
Al día siguiente de la creación del grupo de trabajo, éste ya había recibido unos 600 llamados por asistencia por parte de familias e individuos.
Si bien la mayoría de las llamadas eran sobre vivienda pública -sobre la cual el Ministerio de Bienestar Social no es responsable- muchos, dijo Itzkovitz, se referían a la burocracia del NII.
“Nuestro sistema trata a cientos de miles de personas, distribuyendo más de 70 mil millones de shekels, por lo cual es necesario que haya algún nivel de burocracia. No podemos simplemente entregar esta cantidad de dinero sin ella”, explicó el vocero del NII Haim Fitussi. “Sin embargo, si hay fallas, entonces generalmente somos conscientes de los problemas y nos esforzamos por lidiar con ellos.”
A partir de la próxima semana, los dos organismos abrirán una línea de ayuda de emergencia destinada a asistir a personas en situación económica o social extrema.
CGG
485

