Al menos cuatro cables confidenciales de la diplomacia estadounidense, filtrados por Wikileaks, a los cuales tuvo acceso la Agencia Judía de Noticias, se refieren al atentado a la AMIA, dos procedentes de la embajada en Buenos Aires y los otros, de la legación en Brasilia.
En uno de ellos, el Nº 235, del 26 de febrero de 2008, Thomas Kelly, ministro consejero de la embajada estadounidense que estaba a cargo de Earl Anthony Wayne, recomendó “reanudar nuestra valiosa colaboración con el GOA (gobierno de la Argentina) para llevar a la Justicia a los autores del atentado a la AMIA, de 1994, patrocinados por Irán”, que provocaron 85 muertos y centenares de heridos el 18 de julio de ese año.
Fue el segundo ataque terrorista en este país, después del perpetrado contra la Embajada de Israel el 17 de marzo de 1992, con una veintena de víctimas fatales y otros cientos de damnificados.
En el apartado “Las más prometedoras áreas de enfoque” (ítem 14) y bajo el subtítulo “Cumplimiento de la ley e inteligencia”, el diplomático aseveró que “la cooperación en esta área era un punto brillante en la relación bilateral” y “está volviendo a la normalidad”, de modo que “necesitamos visitas de alto nivel (…) para impulsar los intereses de EE. UU. e intensificar la labor antiterrorista”.
En otra comunicación reservada, la Nº 0504, del 11 de abril de 2008, el embajador estadounidense en Brasil, Clifford Sobel, informa que el subsecretario para el Seguimiento y los Estudios Institucionales del Gabinete de Seguridad Institucional de la Presidencia local y representante de ese organismo en la Cancillería con rango de ministro, José Antonio de Macedo Soares, “criticó a funcionarios argentinos por sus comentarios vinculando a la TBA (Triple Frontera) con el atentado a la AMIA de 1994, en Buenos Aires, calificando a sus acusaciones de ‘tontas’ y ‘sin fundamento’”.
En el parágrafo “Debemos detener esta farsa” (punto 10), el diplomático norteamericano consigna que el funcionario local aseveró que “el éxito de cualquier posible ataque terrorista contra la embajada israelí en Brasilia no estará determinado por la existencia de una ley que condene el terrorismo” y destacó “las excelentes relaciones de trabajo (…) con los EE. UU. e Israel”.
Soares expresó que esperaba “seguir cooperando con los EE.UU., a pesar de lo que describió como una ‘farsa’ en el diálogo bilateral CT (antiterrorista)”, en referencia a las sospechas norteamericanas acerca de que “la Triple Frontera (TBA) sigue representando una gran preocupación respecto de una potencial actividad terrorista”, que motivaron la exigencia de pruebas por parte de las autoridades locales.
En un cable anterior, el Nº 0043, del 8 de enero de 2008, Sobel menciona que la “abstención de Brasil en Interpol por AMIA, el revés en la legislación CT y la inflexibilidad en el 3 1 (por el grupo de trabajo 3 + 1 en la Triple Frontera, entre la Argentina, Brasil y Paraguay, más los Estados Unidos) representan desafíos concretos para los funcionarios jurídicos locales y los socios regionales a la hora de impulsar la cooperación CT”.
En el ítem 9 del apartado “Preocupación Secundaria: Triple Frontera Argentina-Brasil-Paraguay”, el diplomático norteamericano da cuenta de que “el constante bombardeo sobre la Triple Frontera de las coberturas mediáticas acerca del terrorismo tiende a aumentar la sensibilidad del GOB (gobierno de Brasil), y en particular la de Itamaraty (sede de la Cancillería brasileña), aumentando su resistencia a aceptar cualquier denuncia de presencia de terroristas en alguna parte de Brasil”.
“Si bien -continúa Sobel- por lo general esta sensibilidad sólo se manifiesta en reproches públicos por las declaraciones de funcionarios” estadounidenses, “a veces se producen reacciones más que simbólicas”, como las citadas más arriba.
Finalmente hay otras dos referencias laterales a la “causa AMIA” en el documento Nº 1017, suscripto por Kelly desde Buenos Aires.
La primera tiene que ver con “Alberto Nisman, el fiscal especial que está investigando el atentado a la Asociación Mutual Judía (sic) Argentina, de 1994”, aunque en rigor sólo lo señala como esposo de la jueza federal de San Isidro Sandra Arroyo Salgado, a cargo de una causa que involucra a Aníbal Fernández, en el marco del parágrafo “Espiar a la oposición” (punto 15).
La última mención aparece en “Datos biográficos” (ítem 20) sobre el propio jefe de gabinete argentino: recuerda que en mayo de 2007 acompañó a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando ésta “brindó un discurso ante el American Jewish Committee (Comité Judío de los Estados Unidos) como senadora y primera dama”.
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