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La vida en una caravana: ‘Nosotros también somos refugiados’ en Nitzan

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Se cumplen cinco años de aquel episodio vivido como un drama para los cerca de 8.800 judíos que vivían repartidos en los 21 asentamientos de Gaza y que ahora, desde las caravanas donde todavía vive la mayoría de ellos, son añorados y recordados como aquel exótico lugar entre palmeras y a la orilla del mar.

La localidad de Nitzan, a 20 kilómetros de Gaza y a 40 de Tel Aviv, alberga hoy a 500 familias y concentra a gran parte de los evacuados de Gaza. Recibe el seudónimo de "caravilla" porque sus calles son un entramado de caravanas ordenadamente colocadas que están sin embargo muy lejos de ofrecerles un hogar.

"Esto es igual que un campo de refugiados", dice Rachel añadiendo que en Nitzan ha pasado el periodo más "deprimente" de su vida. "La imagen del Ejército quitándonos todo es algo que no podemos borrar de nuestra mente", añade esta anciana de 70 años lamentándose por vivir en una casa móvil.

La Ley Sharon

La conquista de Gaza por Israel en la guerra de 1967 abrió las puertas de la franja a la llegada masiva de colonos en las décadas posteriores. En 2005, cuando el plan Sharon fue adoptado como ley, vivían en Gaza cerca de 8.800 judíos que desacreditaban y no tomaban en serio el texto legislativo.

"No pensábamos que sucedería de verdad hasta que una noche llegaron dos soldados, entregaron una orden a mi padre y nos dieron dos días para salir de casa", afirma Reut cuarta hija de una familia de seis hermanos que vivió 25 años en Gaza.

"Cogimos cada uno una mochila y todo lo demás lo metimos en un contenedor. El gobierno nos dijo que pasaríamos dos semanas en un hotel y finalmente fueron ocho meses, pero el peor trato vino después: después de cinco años, todavía vivimos en una caravana", dice esta trabajadora del museo de Jerusalén dedicado a la retirada de "Gush Katif", como se conoce al bloque de asentamientos judíos en Gaza.

Los mismos soldados israelíes que entregaron las órdenes de desalojo y forcejearon con los colonos para obligarles a salir fueron los que tuvieron que arrasar después con las casas y parte de la industria que la población judía había construido en la franja.

Hicieron falta 5.000 tractores para tirar abajo sólo el asentamiento de Neve Dekalim, el más grande los 21 repartidos en la franja y considerado centro urbano y educativo de "Gush Katif".

"Ahora tratamos de reconstruir nuestras vidas en comunidad en Nitzan pero aquí no es lo mismo, además de perder la casa muchos de nosotros no hemos vuelto a recuperar nuestros empleos", dice Sharon, otra vecina de la caravilla que desvela otro de los traumas: el porcentaje de paro entre los evacuados de Gaza es del 18 por ciento, el doble que en el resto del país.

"Mis padres perdieron a sus 50 años todo por lo que habían trabajado durante su vida", dice Reut mientras Avin sufre el trauma de sus hijos. "El pequeño todavía me pregunta cuándo volveremos a casa y yo respondo que es ésta, una caravana, tratando de adaptarme a la situación, ¿de qué me sirve enfadarme con el gobierno?".

¿Qué queda hoy en lo que un día fue Gush Katif? Grandes dunas de arena cubren las urbanizaciones judías que hasta hace cinco años dividían el mapa de la franja en porciones gestionadas y dominadas por el Ejército israelí.

No queda nada

Las casas fueron destruidas para evitar que fuesen ocupadas por los palestinos, pero parte de los escombros siguen siendo utilizados hoy en proyectos de reciclaje de metales de la ONU. Entre ellos sobreviven los 4.000 invernaderos, sinagogas y algunos edificios públicos que dejaron los colonos y que ahora son controlados por el gobierno de Hamas. En algunos de los antiguos asentamientos se levantan hoy instituciones como la Universidad de Al Aqsa.

"Esta es nuestra tierra, ¿por qué se nos llama terroristas? Reclamamos nuestros derechos ¿qué quieren que hagamos, rendirnos?", afirma Hamed al Regeb, miembro de Hamas encargado de gestionar los invernaderos que alimentan a la franja después de que la Unión Europea los comprase y los entregase en 2005 al entonces gobierno palestino de Al Fatah.

Los 38 años de ocupación israelí en Gaza son historia pero siguen muy presentes en la memoria de los colonos que abandonaron y del millón de palestinos que permanece dentro.

El trauma de estos últimos acumula casi 40 años de ocupación y otros cuatro de bloqueo que les niega la movilidad y el abastecimiento de algunas de las necesidades más básicas.

El plan de Sharon dejó sin duda huellas que todavía hoy son imborrables dentro y fuera de Gaza.

elmundo.es

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