Por Lic. Eduardo Alberto Chernizki.- Mientras dirigentes y referentes comunitarios analizan y, en cierta forma, debaten si existe o no una instancia central que represente o sea vocera de la comunidad judía de la Argentina, la realidad nos indica que en cada una de las instituciones que la integran existen “internas”, cuya magnitud está dada por la relevancia de esa entidad.
Éstas son, en definitiva, expresiones de luchas de poder, pues quienes las llevan a cabo sostienen que son ellos los que mejor interpretan los deseos de los miembros de la institución y, por eso, deben ser los conductores de la misma.
Donde en forma realmente clara se observa este proceso es en la AMIA, pues su estatuto vigente establece que su conducción será elegida entre quienes representen a su masa societaria, votados en elecciones en las cuales todo asociado con un año o más de antigüedad tiene derecho de participar.
Estas disposiciones estatutarias obligan a que las distintas corrientes de opinión sobre cómo debe ser conducida la AMIA, mediante el cumplimiento de ciertos requisitos, presenten listas electorales para elegir a quienes integrarán la Asamblea de Representantes de Asociados.
Culminada la conmemoración del 16° aniversario del atentado a la AMIA, los dirigentes de los diversos factores que participan de la “interna” deberían comenzar a dejar traslucir cuál será su tesitura frente a la próxima elección, a realizarse en el mes de abril de 2011.
Por el momento, el panorama se observa para nada claro, principalmente debido a que todavía no se han definido, oficialmente, quiénes serán los candidatos a presidir la AMIA a partir de mediados del año venidero.
La meta del Bloque Unido Religioso no sería solamente ganar los comicios, sino obtener la mayoría; es decir, la mitad más uno de los votos emitidos, como mínimo. Su referente, el rabino Samuel Levin, y un pequeño grupo de asesores serán los que designarán al candidato a presidente, a quien posiblemente anunciarán luego del acto eleccionario.
Para quienes siguen de cerca el acontecer político interno de la AMIA, el hecho que actúen de esta manera no significa que el candidato será Ángel Barman, un dirigente que conoce muy bien la institución, ya que fue tesorero en la presidencia de Abraham Kaul y vicepresidente primero en la actualidad.
Por otro lado está Plural JAI, una agrupación surgida luego de que Guillermo Borger fuera elegido presidente de la AMIA e integrada, desde sus inicios, por directivos que ocuparon cargos de máxima responsabilidad en esta entidad y que acababan de concluir su mandato: Luis Grynwald, José Adaszko, Edgardo “Nataniel” Gorenberg, Raúl Stolarza.
Desde su primera actividad pública, hace algo más de 18 meses, se supo que su objetivo era convertirse en la línea conductiva de las instancias centrales comunitarias, comenzando por la AMIA, y están trabajando arduamente para lograrlo.
Quién será su candidato a presidente dentro de 9 meses no lo han informado todavía, pero en los corrillos se da por descontado que ese puesto le corresponderá a Grynwald.
AMIA es de todos, la sorpresa de la última elección, también tiene injerencia en el desarrollo de la “interna”, aunque de manera distinta a las del Bloque Unido Religioso y Plural JAI.
Quien fuera su indiscutido referente en las semanas previas al acto electoral de abril de 2008 y durante las negociaciones que se sucedieron para conformar la actual Comisión Directiva, Sergio Bergman, parecería haber dejado en manos de los dirigentes institucionales -pues a él se lo considera un líder espiritual, por sobre todas las cosas- el entramado de cómo participarán en la elección del año que viene.
En su momento, AMIA es de todos contó con el apoyo explícito de dirigentes de las instituciones sociodeportivas, y no sería de extrañar que éstas reclamen un lugar más preponderante en la toma de decisiones.
Decimos esto pues resultan sugestivas algunas de las actividades, tanto públicas como reservadas, que está llevando a cabo la Sociedad Hebraica Argentina, de lo cual puede inferirse que su presidente, Oscar Olender, tiene intenciones de trascender el marco de su institución hacia áreas que no tengan una relación directa con los eventos sociodeportivos.
Por último, es válido preguntarse qué están haciendo los factores ideológicos tradicionales, identificados con el movimiento sionista, con vistas a abril de 2011.
Es muy difícil evaluarlos en conjunto, pero mucho más por separado. Perdieron el poder de convocatoria que los distinguió en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, aunque Avodá -gracias a alianzas- pudo triunfar hasta las elecciones de 2008.
La renovación generacional se ha hecho notar en varios de estos factores ideológicos, y por lo tanto, sus actuales dirigentes serían personas que aspiran a demostrar que están capacitadas tanto para dirigirlos como para volverlos a insertar en lugares relevantes en la conducción de la AMIA.
Para unos, el objetivo podría ser obtener dos vocales en lugar de uno en la próxima Comisión Directiva; para otros, ocupar uno de los tres cargos de máximo poder después de la Presidencia: secretario general, tesorero o vicepresidente primero. Para lograrlo, saben que necesitan negociar, y están tratando de hacerlo.
Pero como deben de existir conversaciones entre miembros del Bloque Unido Religioso, Plural JAI y AMIA es de todos, por más que no se difundan o se nieguen, a 9 meses del próximo acto electoral es imposible brindar precisiones acerca de quiénes serán los candidatos a presidente y qué alianzas o acuerdos se establecerán.
No así describir los movimientos que se observan, se perciben y se intuyen, y eso es lo que estamos haciendo.

