La reunión se prolongó durante tres horas y concluyó sin que el Gobierno anunciara, no obstante, el fin de las negociaciones que se llevan a cabo con la mediación de Egipto con el movimiento islamista palestino Hamás, informan medios locales.
El portavoz del primer ministro israelí Mark Regev, dijo a Efe que el jefe del Gobierno, Ehud Olmert, comparecerá ante los medios a las 20.00 hora local (18.00 GMT).
El Gobierno israelí celebró la reunión después de que fracasaran las negociaciones indirectas que Israel y Hamás mantuvieron en los últimos días en El Cairo para la liberación de Shalit a cambio de la excarcelación de más de un millar de presos palestinos.
Ambas partes se han acusado del fracaso en las negociaciones, en las que no se pusieron de acuerdo sobre el número e identidad de los presos palestinos que serían excarcelados, y las condiciones en que recuperarían la libertad.
El Consejo de Ministros fue asesorado sobre el asunto por los enviados especiales en las negociaciones en El Cairo Ofer Dekel, y Yuval Diskin, este último jefe del servicio de seguridad interior, Shin Bet.
Frente a la sede del Gobierno israelí varios manifestantes y simpatizantes con la familia del soldado protestaron por el fracaso de la negociación.
La familia de Shalit ha sido convocada esta tarde para reunirse con Olmert.
Ante el estancamiento de la situación, se espera que el futuro gobierno de Israel se haga cargo de la cuestión, según la radio pública israelí, que adelantó que el designado primer ministro y líder del conservador Likud, Benjamín Netanyahu, no completará la formación de su ejecutivo antes de que concluya la semana, plazo que estipula la ley.
La emisora agregó que Netanyahu solicitará al presidente del Estado, Simón Peres, otras dos semanas adicionales para consolidar una coalición de gobierno, en la que de momento y según un acuerdo pactado esta semana lo integrarán, al menos, el Likud y el partido ultra-derechista Israel Beitenu, que lidera Avigdor Lieberman.
La inminente llegada al poder de Netanyahu fue empleada como argumento por el gobierno saliente para presionar a Hamás de avenirse al canje ante la previsible postura más dura que podría asumir sobre la cuestión el futuro ejecutivo.

