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Sharón es el favorito a pesar de la crisis interna en el Likud

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A pesar de las sospechas a raíz del escándalo, en el que pueden estar envueltos conocidos empresarios y delincuentes, y del peligro de que el hampa llegue a la Cámara Legislativa, y aún al Poder Ejecutivo, un sondeo difundido hoy por la empresa independiente «Diálogo» indica que no quedó afectada la credibilidad de Sharón.
Esto es lo que cree el 50.8 por ciento de los interrogados en general, y el 72 por ciento entre los votantes del Likud. En cuanto a los escaños que ganaría el bloque derechista, el número bajó a 35 desde los 40 que le pronosticaban sondeos anteriores.
Debido a las maniobras fraudulentas entre los votantes, importantes diputados del Likud, y aún el ministro de Defensa, Shaúl Mofaz, quedaron relegados en la lista del bloque por la presencia de «ilustres desconocidos».
Las elecciones del 28 de enero serán cruciales para el futuro del estancado proceso de paz con los palestinos, que ha sumido a Israel y a ese pueblo en una recesión económica sin precedentes.
Además, se celebrarán antes de la eventual guerra de Estados Unidos y sus aliados contra Irak, lo que, según se conjetura en círculos políticos de Israel, «producirá grandes cambios en Oriente Próximo».
Las denuncias sobre la corrupción fueron formuladas por candidatos del Likud que hace dos semanas fracasaron en las elecciones internas y que quedaron situados en posiciones de la lista del bloque sin ninguna posibilidad de acceder al Parlamento.
Sharón prometió «echar» a los «tramposos» y, según sus opositores, trata ahora de crear una cortina de humo para «tapar» el escándalo fomentando «la histeria popular» sobre el peligro que acecharía a la población israelí si estallara una nueva guerra en el Golfo Pérsico y este país fuese atacado por Irak, como en 1991.
Con treinta o más escaños entre los 120 de la Kneset, de hecho tendría asegurada Sharón su reelección y también la formación de la próxima coalición de Gobierno aliado con sus asociados naturales de la derecha nacionalista y los partidos religiosos de la minoría ortodoxa, en el caso de que no se le uniera el Partido Laborista de Amram Mitzna.
Sharón criticó ayer martes a los laborista, al inaugurar la campaña electoral en el Palacio de los Congresos de Jerusalén, por abandonar en noviembre pasado su Gobierno de unidad nacional «debido a intereses estrechos y personales por encima de los de la nación».
Las divergencias surgieron a raíz de las partidas del presupuesto nacional para los asentamientos judíos pero, según los observadores, los socialdemócratas optaron por salir de esa coalición previendo un anticipo de las elecciones y para «recuperar su identidad política».
Mitzna, el principal rival de Sharón, asegura, igual que el líder del Likud, que triunfará en las urnas y que no tiene intenciones de formar un nuevo gobierno de unidad con él, «a menos que acepte nuestra posiciones» y un cambio en las prioridades presupuestarias.
Entre sus diferencias se encuentra la que suscita la creación de un Estado palestino independiente para poner fin a un conflicto de más de medio siglo con los palestinos en la tierra que se disputan los dos pueblos desde finales del siglo diecinueve.
Sharón propone ceder un máximo del 50 por ciento de los territorios ocupados de Cisjordania y Gaza, en tanto que Mitzna y los laboristas ofrecerían al menos un 75 por ciento para que sea un Estado viable. Sin embargo, ambas posibilidades han sido ya previamente rechazadas por los dirigentes palestinos.

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