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LA RETIRADA ISRAELÍ de Gaza podría provocar una violenta competencia entre Hamas, Al Fatah y los servicios rivales de la ANP.
Por Por YEZID SAYIGH

Mantener el rumbo
LA RETIRADA ISRAELÍ de Gaza podría provocar una violenta competencia entre Hamas, Al Fatah y los servicios rivales de la ANP.
Por Por YEZID SAYIGH

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La reciente decisión de Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) de posponer sine die las elecciones legislativas previstas en un principio para el 17 de julio ha precipitado una crisis en las relaciones con Hamas, el principal grupo de la oposición. Ante la perspectiva de que se produzca un importante retraso en la celebración de las elecciones legislativas, Hamas ha demostrado con furia su capacidad para debilitar la diplomacia de Abbas lanzando dos oleadas de cohetes contra una ciudad israelí al otro lado de la frontera y contra un asentamiento israelí de Gaza.

Estos acontecimientos coinciden con la reaparición de desafíos claros a la autoridad de Abbas dentro de su propio campo. La semana pasada, militantes armados de Al Fatah y agentes descontentos de los servicios de seguridad de la ANP, sobre los que pende el despido o a la jubilación obligatoria como parte de del programa reformista que proyecta el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, asaltaron la Cámara parlamentaria en Gaza y los edificios gubernamentales de la ciudad cisjordana de Nablús. Además, en su respuesta a estos desafíos, Abbas se ve perjudicado por la obstinada resistencia presentada por la vieja guardia de Al Fatah, encabezada por figuras como el primer ministro Ahmed Qurei, a sus intentos de reformar la ANP y combatir la corrupción, y mejorar con ello la imagen pública de la ANP y las posibilidades de Al Fatah de lograr una victoria en las próximas elecciones.

No menos preocupante es que, en semejante clima político, la retirada israelí de Gaza prevista para julio podría desencadenar una violenta competencia entre Hamas, Al Fatah y los diversos servicios de seguridad por el control de las zonas evacuadas. Dada la división de Al Fatah y los servicios de seguridad de la ANP en facciones rivales -basadas en lealtades políticas personales o de clan, y con la superposición en algunos casos por redes de economía sumergida-, semejante escenario dejaría en la Franja un mosaico de zonas de control rivales.

A juzgar por lo ocurrido hace un año en Gaza en las protestas de militantes armados de Al Fatah y agentes de los servicios de seguridad rivales, la ANP podría considerar de nuevo la posibilidad de decretar el estado de emergencia, lo cual imposibilitaría la celebración de elecciones.

Estas perspectivas no auguran nada bueno para la democracia palestina, ni para la esperanza de reanudar el proceso de paz tras la retirada israelí de Gaza (suponiendo se cumpla el plan previsto). La comunidad internacional -y, en particular, el Gobierno estadounidense y la UE- puede ejercer un papel firme y positivo a la hora de mantener del rumbo de ambos procesos y contribuir a que tengan éxito.

Hay dos imperativos urgentes. En primer lugar, Hamas debe obtener garantías de que no se le negará la oportunidad de traducir las importantes ganancias conseguidas en los últimos cuatro años entre la opinión pública palestina en beneficios políticos concretos, a saber, escaños parlamentarios y carteras ministeriales. Se trata de un ingrediente crítico para su transformación en un partido político legal que opere de forma abierta y para su implicación en la estabilización de relaciones con Israel y, por lo tanto, en el interés de todos. Sacar a Hamas de los márgenes de la política palestina y reconocer su pretensión de ser una fuerza importante constituye un requisito previo para que se pueda reanudar un proceso de paz creíble y para convencer a esa organización de que desmovilice y desarme voluntariamente su brazo militar.

Para lograrlo, Abbas debería fijar la nueva fecha de las elecciones generales. El Consejo Legislativo Palestino ya ha aprobado la ley electoral revisada; y, por lo tanto, Abbas debería presionarlo para que llegue a una pronta resolución de la enmienda final que él mismo ha propuesto, con el fin de convocar elecciones a principios de agosto. Israel, por su parte, debería dejar claro que no piensa retrasar la retirada prevista de Gaza, a pesar del temor de que Hamas la capitalice y la presente como una victoria de la que extraer réditos electorales.

En cuanto a Occidente, debería resistir la tentación de permitir que Al Fatah subvierta tácitamente el proceso democrático en su intento de mantener a Hamas al margen de los puestos de poder. De lo contrario, repetiría la dudosa posición política y moral adoptada en 1992 cuando los militares argelinos anularon las elecciones legislativas que auguraban una victoria islamista, lo cual condujo a un prolongado y cruento conflicto civil cuyas consecuencias aún se dejan sentir.

Occidente, pues, debería subrayar su disposición a aceptar el resultado de las elecciones palestinas, por más que eso signifique la victoria de los islamistas. La disposición a reconocer unas realidades políticas alcanzadas democráticamente, por incómodas que sean, atenuará la tendencia de Hamas a utilizar tácticas coercitivas como medio para lograr la celebración inmediata de elecciones legislativas. Para reforzar la credibilidad de su posición, Occidente debería recalcar a la ANP la necesidad de resolver el trámite de la ley electoral revisada y convocar elecciones. De forma paralela, debería intentar que el gobierno israelí se atuviera a su plan de retirada de Gaza -para el que ha pedido y recibido el beneplácito de Occidente- o, de no ser así, insistir en que Israel volviera a la hoja de ruta que tanto el gobierno israelí como la ANP han aceptado oficialmente.

En segundo lugar, Abbas debe superar la oposición existente en el seno de Al Fatah a que se convoquen las elecciones lo antes posible. Los pobres resultados obtenidos en las dos rondas de elecciones municipales celebradas desde diciembre han hecho que Al Fatah se dé cuenta abruptamente de la posibilidad de que, también en las elecciones legislativas, el electorado palestino podría conceder a Hamas una mayoría de escaños o, al menos, una minoría considerable. Por ello pretende retrasar los comicios hasta otoño o incluso finales de año para ganar tiempo con el fin de poner la casa en orden y mejorar su imagen ante la opinión pública, que considera a ese movimiento muy implicado en la corrupción de la ANP en contraste con la imagen de manos limpias de Hamas.

Sin embargo, ésta es la causa de la crisis con Hamas, que considera cualquier retraso sustancial en la celebración de las elecciones legislativas como una ruptura del acuerdo sellado con Abbas a principios de año. En términos generales, Hamas prometió detener los ataques contra objetivos israelíes a cambio de garantías de que las elecciones se celebrarían a mediados de julio, lo cual coincidiría con la retirada israelí de Gaza y permitiría a Hamas presentarse como la fuerza de la resistencia que ha expulsado a los israelíes. El hecho de que Al Fatah haya aprovechado su mayoría parlamentaria para prolongar la discusión de la ley electoral y que también haya pedido una nueva celebración de las elecciones municipales en tres ciudades que perdió en beneficio de Hamas no ha hecho más que acrecentar la desconfianza de la organización islamista. De ahí el claro recordatorio de esta semana a Abbas -por medio de los ataques con cohetes- de que un retraso prolongado violaría lo acordado y posiblemente invalidaría su compromiso de alto el fuego.

A Abbas no le queda mucho tiempo, y sus opciones son cada vez más reducidas; sin embargo, tiene por jugar una importante carta que aplacaría gran parte de la oposición procedente de Al Fatah: la celebración de unas primarias internas para elegir los candidatos parlamentarios del movimiento y los delegados del congreso que debe celebrarse en agosto. Con ello cumpliría la promesa que, a cambio del apoyo a su candidatura a la presidencia de la ANP en enero pasado, realizó a la llamada joven guardia,que domina el grupo parlamentario y la base organizativa de Al Fatah.

Las primarias estaban previstas para el 27 de mayo, pero no se han celebrado debido a la rotunda oposición de la vieja guardia, y la nueva fecha aún está por fijar. Si no se celebran, la joven guardia podría presentar sus propios candidatos a las elecciones generales, lo cual dividiría el voto de Al Fatah. Se calcula que Hamas obtendrá un 35-40 por ciento de los votos y los escaños del Consejo Legislativo Palestino, pero un voto fraccionado de Al Fatah le concedería la mayoría absoluta. Abbas debe hacer caso omiso de la hostilidad de la vieja guardia y convocar unas primarias en las próximas semanas, si quiere obtener el apoyo de Al Fatah para una fecha electoral no demasiado lejana y con ello aplacar a Hamas.

Aún tiene en su mano la resolución de la crisis y la capacidad de atajarla antes de que se vuelva insoluble, pero ello requiere una actuación rápida y decidida: establecer fecha firme para las elecciones parlamentarias y las primarias de Al Fatah. Si no lo hace, acabaría obteniendo el peor de los resultados: enajenarse a Hamas sin solucionar los problemas de su propio partido. Sería un resultado perjudicial para la democracia palestina y dejaría una vez más a Occidente con la tarea de recoger los fragmentos del proceso de paz.

Y. SAYIGH, antiguo asesor y negociador palestino, ocupará en septiembre del 2005 la cátedra de Estudios sobre Oriente Medio del Departamento de Estudios sobre la Guerra del King´s College de Londres. Autor de ´Armed struggle and the search for state: The palestinian national movement, 1949-1993´(OUP, 1997)
Traducción: Juan Gabriel López Guix

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