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Cuatro profesores de la Universidad de Tel Aviv recibieron el Premio Israel, el máximo honor que confiere el país a sus ciudadanos

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 El Premio Israel es el más importante galardón que confiere el Estado de Israel a sus ciudadanos. Este año lo han recibido cuatro profesores de la Universidad de Tel Aviv: Prof. (Emérito) Arie Verdi, Prof. Uri Shaked, Prof. Malka Margalit y la Prof. Nili Cohen.

Se entrega anualmente el Día de la Independencia con la presencia del Presidente, el Primer Ministro, el presidente de la Knéset y el Presidente de la Corte Suprema de Justicia. El premio fue entregado por primera vez en 1953 por iniciativa del entonces Ministro de Educación Ben-Zion Dinor.

El premio se entrega en las siguientes cuatro áreas: Humanidades, ciencias sociales, y estudios judaicos, Ciencias naturales y exactas, Cultura, artes, comunicación y deportes y Logro de toda la vida y contribución excepcional a la nación.

Reciben el premio ciudadanos israelíes u organizaciones que demostraron excelencia en su área o han contribuido mucho a la cultura israelí. Los ganadores son seleccionados por comités de jueces que envían su recomendación al Ministro de Educación. Los comités son Ad-hoc, nombrados por el Ministro de Educación cada año para cada categoría.

Todos los años varios destacados profesores de la Universidad de Tel Aviv reciben este reconocimiento. En 2017 fueron reconocidos los siguientes profesores:

Prof. (Emérito) Arie Verdi: Recibió el Premio Israel en Música. Fue reconocido por su contribución, a lo largo de toda su vida, al campo de la música clásica en Israel y por su rol como distinguido maestro y miembro del jurado en prestigiosos concursos de su especialidad. El Prof. Verdi se desempeñó como Director de la Escuela de Música Buchmann-Mehta de la Universidad de Tel Aviv y presidió la carrera de piano.

Prof. Uri Shaked Es profesor e investigador de la Facultad de Ingeniería Iby y Aladar Fleischman de la Universidad de Tel Aviv recibió el Premio Israel en Investigación en Ingeniería. El Prof. Shaked fue reconocido por su trabajo innovador en Ingeniería de Sistemas de Control, y más específicamente, en técnicas de “control robusto” que en la actualidad se aplica ampliamente en todas las industrias, incluso en el área de defensa Israelí.

Prof. (Emérita) Malka Margalit: Recibió el Premio Israel en Investigación Educativa. La Prof. Margalit fue reconocida por su contribución, a lo largo de toda su vida, en el campo de la discapacidad en el aprendizaje y la educación especial en Israel. Se unió a la Universidad de Tel Aviv en 1975 y se desempeñó como Directora de la Escuela de Educación Jaime y Joan Constantiner.

Prof. Nili Cohen: Profesora de la Facultad de Derecho Buchmann de la Universidad de Tel Aviv, recibió el Premio Israel en Derecho. La Prof. Cohen fue reconocida por su contribución en el estudio de contratos, daños y perjuicios, restitución, derecho comparado y derecho y literatura. La Prof. Cohen es Presidente de la Academia Israelí de Ciencias y Humanidades y se desempeñó como Rectora y Vice Rectora de la Universidad de Tel Aviv. La Prof. Nili Cohen es una destacada investigadora en el campo del derecho contractual, así como en otros sectores del derecho israelí ", escribió en su decisión el comité de premios, dirigido por la profesora Ruth Ben-Israel. Ha creado una nueva área de estudio en el campo de la ley israelí, la investigación interdisciplinaria, llamada Derecho y Literatura. Su trabajo explora la integración de la literatura jurídica, el derecho en la literatura y examinó los límites entre privado y público y entre la moral y la ley.

Los Amigos de la Universidad de Tel Aviv en Argentina expresamos nuestro orgullo porque estos reconocidos académicos de la Universidad de Tel Aviv hayan recibido este importante reconocimiento.

Discurso de la profesora Nili Cohen al recibir el Premio Israel

Premio Israel, Día de la Independencia, 5777
Sobre los hombros de gigantes
Señor Presidente de la República, señor Vicepresidente de la Knesset, señora Presidenta de la Corte Suprema, señor Ministro de Educación, señor Intendente de la Municipalidad de Jerusalén, compañeros galardonados con el Premio Israel, familiares y amigos queridos, estimado público.

Ha recaído en mí el honor de agradecer, en nombre de todos los galardonados, el gran reconocimiento que se nos ha conferido. Tenemos una honda gratitud para con quienes nos han considerado dignos merecedores, así como para con nuestras familias y amigos, quienes nos apoyaron a lo largo de todo este camino.

El Estado de Israel se basa en una amalgama de tradiciones y de revoluciones. Esta combinación trajo como resultado la concreción del sueño sionista, el milagro de la resurrección del hebreo —idioma de la Biblia y el Talmud—, la congregación de los judíos en Israel, y la construcción de un estado en que lo espiritual y la lucha van codo a codo.

Desde sus inicios el Sionismo añadió a su visión nacional la aspiración a la excelencia científica, el florecimiento de la vida espiritual y la justicia social. La idea de erigir una universidad hebrea en la Tierra de Israel ya había surgido en el Primer Congreso Sionista, y el reconocimiento de la igualdad de derechos para las mujeres, incluidos el derecho de elegir y ser elegido, fue una de las piedras fundamentales del Sionismo, incluso en aquellos años en que se negaban estos derechos en muchos países de Occidente. Ya en la época del Mandato Británico, el pequeño Yishuv le dio vida a instituciones de investigación y de educación superior y llevaba adelante una rica vida cultural y espiritual. Todos nosotros estamos parados sobre los hombros de gigantes: los pensadores del sueño sionista y quienes lo concretaron, gigantes del espíritu y creadores de cultura. Y todos nosotros nos proponemos seguir construyendo una sociedad que, de acuerdo con la Declaración de la Independencia, se base «en los fundamentos de la libertad, la justicia y la paz de acuerdo con la visión de los profetas de Israel, mantenga una completa igualdad de derechos sociales y políticos para todos los habitantes sin distinción de credo, raza o género, y garantice la libertad de culto, de conciencia, de idioma de educación y de cultura».
Durante los avatares cotidianos y sus desazones, tendemos a posar la mirada especialmente en las vicisitudes, sufrir las tensiones que dividen a la sociedad israelí y poner de manifiesto sus males. Esto mismo ya había señalado Natán Alterman en los tiempos de la guerra por las elecciones para la Asamblea Constituyente de 1949, cuando alentaba a sus lectores a poner el foco en lo esencial, que no era sino en el renacimiento nacional, y en el altísimo precio que habría de pagarse para conseguirlo:

Esta noche, al iniciarse el año 70 de la independencia de Israel, nos es posible, de acuerdo con las palabras del poeta, posar nuestros ojos en esa estrella, recordar esta historia maravillosa de la que todos somos parte, y sorprendernos de las enormes fuerzas que alberga la sociedad israelí. La amplia gama de campos que se encuentran representados este año en la entrega de los Premios Israel —y los logros de los galardonados— dan testimonio del carácter único de esta sociedad, fortalecen su calidad y elevan aún más su estatura.

David Ben Gurión se encuentra entre aquellos gigantes sobre cuyos hombros estamos parados. El creía en lo estatal, así como en la necesidad de edificar un estado ejemplar y fuerte, una luz para los pueblos que fuera capaz de firmar la paz con sus enemigos. El sentido de una nación, de acuerdo con Ben Gurión, no se deriva únicamente de su existencia, sino de la justicia social que brota de ella, y de la vida científica y cultural que le da contenido. Cuando se le pidió que, en 1961, presentara una visión del futuro del país, expuso lo siguiente: «La ciencia y la tecnología pondrán al descubierto un proceso económico para la potabilización del agua, la investigación científica centrará sus esfuerzos en desentrañar el secreto de cómo funciona el cerebro y la fuente del pensamiento, la educación superior será heredad de toda persona.» Y puso fin a su tesis con las palabras «porque de Sion saldrá la Ley».

Y, por cierto, de Sion sale la Ley. Los ganadores del Premio Nobel israelí: los grandes investigadores de la naturaleza y de las ciencias exactas, los grandes de las humanidades, la sociedad y el derecho, quienes difunden la ciencia desde Jerusalén y desde todo el país, son los gigantes sobre cuyos hombros nosotros, los investigadores, los hombres de ciencia, nos paramos.

Conscientes de los logros del pasado, tenemos que proseguir y agregar nuevos eslabones a la cadena de creación de las generaciones anteriores así sea en la literatura, el teatro, el arte, el cine, la música, la danza, el deporte. Y estos eslabones son la fuente de nuestro orgullo.

Hemos tenido el privilegio de vivir en un estado fuerte, sólido desde un punto de vista económico, cuyos logros las primeras generaciones apenas si los veían en sus sueños. Las revoluciones científicas y tecnológicas, que predijo Ben Gurión, en parte se han hecho realidad gracias a los avances revolucionarios que tienen su fuente aquí, en la habilidad profusa del Estado de Israel.

Sin embargo, este sueño no se ha terminado de cristalizar. Si bien, tal como Ben Gurión previó, la tasa de mujeres en la educación superior es idéntica a la de los hombres, la cantidad de estas como investigadoras en los niveles más altos sigue siendo bajo. Tenemos que bregar por mejorar la situación, reducir las brechas, lograr la igualdad en general y la igualdad de género en particular mediante la educación, el cambio de conciencia y también por medios económicos.

Junto con el imperativo de actuar con humildad y recordar los eslabones anteriores, recae sobre nosotros, y con más ahínco, la necesidad de continuar la obra de sus vidas. Tenemos que aspirar a vivir aquí en una sociedad ejemplar que hace énfasis en la justicia social, en la igualdad para todos y en la paz, en el espíritu y la visión de los profetas y en la visión de la Declaración de la Independencia.

Por último, quisiera concluir estas palabras con un agradecimiento profundo a todos en nombre de los galardonados.

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