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Si lo queréis, no será una leyenda / Por Jonathan Peled*

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 Itongadol.- Estas palabras, pronunciadas hace 120 años por Theodor Herzl, el padre del Sionismo moderno, impulsaron el gran camino que condujo al retorno del pueblo judío a su tierra ancestral y a la creación del Estado de Israel en 1948, tras 2000 años de exilio.

Ningún otro pueblo en la historia ha preservado y recreado su identidad y unidad durante 2000 años sin haber desaparecido. Ninguna otra nación ha emergido en tales condiciones y ha logrado reestablecer su autonomía en su patria después de tan largo exilio. El pueblo judío es, además, el único entre todos los pueblos de Oriente Medio que preserva su credo desde la antigüedad y sigue utilizando el idioma de sus antepasados —el hebreo—, renovándolo como sustrato de comunicación contemporánea.

Hoy, el Estado de Israel cumple 69 años de independencia y se encuentra a la vanguardia de la ciencia, la tecnología y la cultura en el mundo.

Nuestra influencia como pueblo y como país en la historia universal es también excepcional y significativa. Hoy, Israel cuenta con más premios Nobel e inventos per cápita que muchos otros países, con apenas ocho millones de habitantes y una superficie territorial igual a la del estado de Hidalgo, en México.

Quizá todo esto se debe no sólo a nuestro carácter luchador y emprendedor, sino porque, desde el principio y desde sus orígenes, el Pueblo Judío ha sido el pueblo del Libro, la Biblia.

Sin embargo, sólo con rezos, anhelos y alabanzas no hubiera sido posible gozar hoy de un Estado fuerte y vibrante, democrático y pluralista. Estos logros cobraron un alto precio y sacrificio en sangre, sudor y lágrimas.

En nuestra Guerra de Independencia, en 1948, al defendernos del ataque conjunto de siete ejércitos árabes, perdimos en aquel entonces a más del 1% de nuestra población. A lo largo de las siete décadas de nuestra independencia, miles de personas han caído en las guerras que siguieron y en el constante enfrentamiento con el terrorismo.

Hoy, Israel se ha convertido en una de las más enérgicas y ambiciosas sociedades, impulsoras del espíritu emprendedor e innovador global que contribuye diariamente a salvar y mejorar vidas en todo el mundo. Israel ha introducido grandes experiencias y emprendimientos como el Kibutz y grandes inventos tecnológicos —desde el sistema de riego por goteo, pasando por la PillCam (cápsula endoscópica) hasta WAZE y Mobileye.

Cabe destacar que este año estamos celebrando varios jubileos —eventos que han sido hitos en la formación del Israel moderno. Estos acontecimientos expresan el profundo lazo entre el pueblo de Israel y su tierra y el largo camino de esperanza y perseverancia de nuestro pueblo.

Hace 120 años, en agosto de 1897, el primer congreso sionista fue convocado por el líder visionario Theodor Herzl. Éste fue el momento clave en la transformación del sueño milenario y el esfuerzo popular que comenzó con un movimiento político que encauzaría el retorno del pueblo judío a su tierra ancestral: la Tierra de Israel.

Hace 70 años, en noviembre de 1947, la Asamblea General de la ONU votó a favor de la resolución de la partición de la Tierra de Israel en dos estados —un Estado judío y un Estado árabe. Los judíos lo aceptaron y los árabes, lamentablemente, lo rechazaron.

Hace 50 años, en junio de 1967, la ciudad de Jerusalén (Sión) fue liberada y unificada, después de que los ejércitos de Egipto, Siria y Jordania emprendieran otra guerra. Por primera vez, después de la destrucción del Segundo Templo en el año 70 AD, los judíos volvieronno a tener acceso a la ciudad vieja y al Muro de Los Lamentos, ambos, realidades y símbolos de la continuidad histórica. Jerusalén se convirtió, así, en una ciudad abierta y libre para todas las religiones y credos.

Junto a estos jubileos y celebraciones, el Estado de Israel quiere aprovechar la oportunidad para expresar su agradecimiento y su aprecio a aquellos países, sociedades e individuos que apoyaron al joven Estado desde sus inicios. Son nuestros socios y amigos en la construcción y en el desarrollo de la próspera y estable democracia que es el Israel de hoy.

En el caso específico de México, hay una historia de solidaridad, empatía y compromiso que suma una larga lista de personalidades y dirigentes como, por ejemplo, la figura de Isidro Fabela, en cuya Casa del Risco, en San Ángel, se formalizó la fundación del Comité Mexicano Pro-Palestina (Hebrea), en febrero de 1944.

Gracias a todos estos grandes esfuerzos, hoy estamos celebrando 69 años desde que Israel proclamó su independencia y el pueblo judío recuperó su soberanía.

Los retos y los desafíos no terminan aquí. Viviendo en un tiempo turbulento y en una vecindad del Oriente Medio plagada de violencia, terrorismo y tragedia, Israel sigue enfrentando amenazas y peligros. Sin embargo, seguimos anhelando la paz y esforzándonos para conseguirla con nuestros vecinos, cuyo reconocimiento a nuestra legítima existencia es necesaria para una coexistencia pacífica. Al mismo tiempo, seguimos trabajando juntos para construir un mundo mejor para nosotros y para las futuras generaciones en Israel y en el mundo.

*Embajador de Israel

 

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