Itongadol/Agencia AJN.- En 2024, cuando Milei quiso designar a Axel Wahnish como embajador en Israel, el pliego no logró las firmas necesarias en el Senado tras un duro contrapunto con el entonces presidente de la Unión Cívica Radical, Martín Lousteau, por el anunciado traslado de la embajada de Hertzlia a Jerusalem y su posible impacto en el reclamo histórico por la soberanía de Malvinas. Más tarde, el conflicto se reavivó cuando la empresa israelí Navitas Petroleum anunció que se encargaría de la perforación y explotación del yacimiento petrolífero Sea Lion, a unos 200 kilómetros al norte de Puerto Argentino. Como consecuencia, un medio israelí informó que Milei no haría el traslado de la embajada.
La relación entre el Estado de Israel y la «cuestión Malvinas» es de larga data, ya desde el punto de vista de que ambos comparten el ser víctimas del colonialismo imperial británico, que en el primer caso terminó en 1948 y en el segundo se mantiene desde 1833.
Más allá de declaraciones públicas y votaciones en las Naciones Unidas, lo cierto es que la ayuda de Israel a la Argentina fue fundamental durante la guerra de 1982, como se sabía hace décadas y se ratificó con documentación revelada en ocasión del 40º aniversario del conflicto: armamento, aviones y camperones conocidos como los famosos «dubonim», entre otros…
No obstante, el tema había dejado de estar tan presente en la agenda bilateral hasta el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, que encaró una agresiva campaña de recolección de apoyos a la causa en todo el mundo, a fin de ganar votos y presión en el Comité de Descolonización de la ONU. En ese contexto hubo varios encuentros entre funcionarios y diplomáticos de ambos países, en los cuales los argentinos les reclamaban ese respaldo a sus pares israelíes.
Ello se daba al mismo tiempo que desde la propia Presidenta hacia abajo emparentaban la «cuestión Malvinas» con la nunca concretada creación de un Estado palestino, que finalmente reconocieron pese a su inexistencia, y en paralelo al interés por la compra de un escuadrón de 12 a 14 aviones caza israelíes Kfir por alrededor de 200 millones de dólares, por primera vez desde los 39 Nesher que la Junta Militar compró en 1978, participaron en la Gesta y continuaron volando hasta 2012.
Todo ello se dio entre 2009 y 2014 e incluyó una fuerte columna en The Jerusalem Post del ex subdirector de Comunicaciones y Planificación de Políticas del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, Michael Freund, quien el 10 de enero de 2013, titulada “Locuras de Gran Bretaña en Malvinas”, aseguraba que se trataba de «una disputa que parece tan anticuada como sin sentido».
Al igual que por estos días, el exfuncionario subrayaba la contradicción de que «aun cuando el gobierno británico se sienta libre para dar cátedra a Israel sobre su supuesta ocupación de Judea y Samaria, insiste en prolongar su propia dominación de las Malvinas», que «no tienen vínculo histórico, geográfico o espiritual alguno con Gran Bretaña y fueron tomadas por la expansión colonialista».
«Por supuesto, Gran Bretaña opta por esconderse detrás de una pequeña hoja de parra que convenientemente han puesto llamando a los habitantes de las islas Malvinas a un referéndum para decidir su futuro estatus político», escribió hace 13 años.
El 18 de abril de 2013, en una comunicación telefónica que mantuvo con la entonces embajadora de Israel, Dorit Shavit, el canciller Héctor Timerman le expresó “la satisfacción del gobierno y pueblo argentino por reconocer la voluntad argentina de resolver el conflicto de la Cuestión Malvinas mediante el diálogo”.
Una delegación militar argentina visitó Israel en marzo de 2014 para finalizar la compra de los aviones y el diario israelí Haaretz explicó que ello se daba “en un punto bajo en las relaciones entre Jerusalem y Buenos Aires a raíz de un acuerdo que el gobierno de Kirchner hizo con Irán para investigar conjuntamente el atentado contra el edificio de la comunidad judía AMIA de Buenos Aires. A pesar de esto, no parece haber ningún obstáculo a que se autorice la venta de tecnología, entre otras razones debido a la larga relación entre los dos ejércitos”.
La «cuestión Malvinas» volvió a salir de los titulares bilaterales por otra década, hasta que el 22 de marzo de 2024, a poco de haber asumido Javier Milei la Presidencia de la Nación, el pliego de su candidato a embajador en Israel, el rabino Axel Wahnish, no logró las firmas necesarias y quedó trabado en la Comisión de Acuerdos del Senado tras un duro contrapunto con el entonces presidente de la Unión Cívica Radical, Martín Lousteau, por el anunciado traslado de la embajada de Hertzlia a Jerusalem y su posible impacto en el reclamo histórico por la soberanía de Malvinas.
El argumento de Lousteau fue que la ONU reconoce tanto a Malvinas como a Jerusalem como territorios “en disputa” y que un reconocimiento argentino de Jerusalem como capital israelí iría en contra del propio argumento para reclamar la soberanía sobre las Islas.
Casi un mes después, Wahnish recibió una unánime aprobación, en el especial contexto de la guerra entre el Estado judío y organizaciones terroristas palestinas de la Franja de Gaza y el reciente ataque de Irán contra su territorio.
Cuando todo parecía marchar a la perfección entre la Argentina e Israel, de la mano de un Presidente que había determinado que esa relación sería prioritaria para su política exterior, el Reino Unido convocó a una consulta popular para que la población malvinense aprobara que la empresa israelí Navitas Petroleum se encargase de la perforación y explotación del yacimiento petrolífero Sea Lion, a unos 200 kilómetros al norte de Puerto Argentino.
Más de un año después, el 28 de septiembre de 2025, la emisora pública Kan reveló que funcionarios argentinos les habían expresado a sus pares israelíes su profunda decepción por su posición respecto a las islas Malvinas pese a su apoyo en los organismos internacionales.
Casualmente o no, al día siguiente uno de los hijos del primer ministro, Yair Netanyahu, las reconoció como parte del territorio argentino. El tuit, acompañado de la bandera nacional, superó las 394 mil visualizaciones ese día.
Ello se produjo en el marco del anuncio de Milei de que trasladaría la embajada argentina a Jerusalem al año siguiente, lo cual promediando septiembre no se dio ni parece que vaya a darse, el menos en el corto plazo.
Finalmente, el 26 de diciembre de 2025 se conoció el primer pronunciamiento oficial de un funcionario israelí sobre la polémica en Malvinas. El canciller Gideon Sa’ar, hijo de un argentino, tuiteó: “Recientemente, la empresa israelí Navitas Petroleum anunció que su filial británica, Navitas Petroleum Development and Production, llevará a cabo actividades en el océano Atlántico Sur, en un área cuya soberanía es objeto de disputa entre la Argentina y el Reino Unido. Israel mantiene una relación especial, sólida y estrecha con la Argentina bajo el liderazgo del presidente Javier Milei, que el pueblo de Israel aprecia de manera especial. Por lo tanto, aunque se trata de una empresa privada y no de una actividad en la que el Gobierno de Israel esté involucrado de manera alguna, lamentamos el malestar que esta situación ha generado en la Argentina. Israel espera que la disputa entre la Argentina y el Reino Unido se resuelva mediante el diálogo entre las partes y por medios pacíficos”.
Al día siguiente, su par Pablo Quirno pareció dar por saldado el tema, al destacar por la misma vía que en esas declaraciones su colega había defendido el reclamo de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas y tomado distancia de la actividad petrolera en el Atlántico Sur que desarrollará la empresa de capital israelí: “Valoro las declaraciones del canciller del Estado de Israel, Gideon Saar, en las que reconoce la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido”.
Sin embargo, dos semanas después, el Canal 12 de la televisión israelí anunció que la ceremonia de traslado de la embajada argentina a Jerusalem, prevista para Iom Haatzmaut, el Día de la Independencia, en abril, había sido suspendida debido a las actividades de la petrolera, lo cual las autoridades argentinas definieron como una “verdadera crisis” en las relaciones bilaterales ante el “robo de un recurso natural” que les pertenece.
Es que en ese posteo Sa’ar había aclarado que Israel no tiene capacidad de impedir las actividades de Navitas porque es una empresa privada.
Fuentes cercanas a Milei afirmaron a ese medio que la crisis iba más allá del asunto de la embajada y ponía “en peligro las relaciones entre los países” porque el Presidente se había sentido personalmente decepcionado, ya que esperaba que en el marco de la «amistad» entre ambos gobiernos, «los líderes israelíes demostraran más”.
Ese mismo día, una fuente de la Cancillería israelí manifestó en diálogo con la Agencia AJN que “todos están muy sorprendidos. Nadie en Israel sabe de dónde salió (esa noticia) porque no está en línea con lo que se habló” en las altas esferas.
“Necesitamos una respuesta que diga que no es correcto, que no está en línea con el pensamiento del Presidente”, agregó.
El 13 de enero, Hagai Gilboa aseguró en Calcalist que «en Israel afirman que en Buenos Aires no estaban entusiasmados con el traslado de la embajada a Jerusalem desde el principio, por temor a un boicot árabe, y buscaban una excusa» y se preguntó si su país debería «encontrar nuevos socios en América Latina», lo cual claramente se dio en los últimos meses, e incluso otros países mudaron sus legaciones a la capital o anunciaron que lo harán.
Sin embargo, el 19 de febrero, Milei se reunió con Sa’ar en el marco de la reunión inaugural de la Junta de Paz, en Washington, y le agradeció que haya mencionado a las Malvinas en su discurso ante el Consejo de Seguridad de la ONU el día anterior.
“¿Cómo pueden los judíos vivir en Londres, París o New York, pero no en la cuna de nuestra civilización? La antigua Jerusalem, Hebrón y Bet-El son nuestro país. No están a 13.000 kilómetros como las islas Malvinas, una disputa que no resolvieron con la Argentina hasta el día de hoy”, le espetó el canciller a la titular británica del organismo, tras declaraciones antiisraelíes de la secretaria de Estado para Asuntos Exteriores, de la Mancomunidad y de Desarrollo, Yvette Cooper.
Según la prensa hebrea, el Presidente se mostró «satisfecho» e incluso le contó que lo había compartido en sus redes sociales.
La tormenta parecía haber pasado… pero la embajada siguió en Hertzlía.
El 14 de junio, la legación encabezó una reunión del Comité Israelí de Apoyo a los Reclamos de Argentina sobre las Islas Malvinas y los espacios marítimos circundantes, que se desarrolló en Jerusalem en el marco de una iniciativa destinada a promover el conocimiento y el respaldo a su posición sobre la disputa de soberanía con el Reino Unido.
Más cerca en el tiempo y en el contexto del renovado enfrentamiento entre Israel y el nuevo gobierno laborista del Reino Unido, que lo criticaba a menudo y ya amenazaba con sanciones que finalmente impondría, el 30 de agosto Yair Netanyahu volvió a tuitear que “las islas Malvinas pertenecen a la Argentina” y luego afirmó que ese mensaje había contribuido “a las relaciones” bilaterales y había sido reposteado por Milei
El 4 de septiembre, Quirno aseguró que las sanciones contra Navitas “no perjudican en lo más mínimo” la relación entre Argentina e Israel, pero la embajada nunca se movió de su lugar.
Tres días después, funcionarios israelíes dejaron trascender su preocupación por la decisión de Milei de imponerle sanciones a esa empresa y sus implicancias en los planes estratégicos conjuntos.
Pero simultáneamente, el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, tuiteó que “es hora de que el Estado de Israel reconozca públicamente que las islas Malvinas son un territorio argentino ocupado”.
“Los británicos no solo no se conforman con ocupar el territorio, sino que también realizan allí perforaciones petroleras y le roban el dinero al pueblo argentino”, continuó.
“Le hago un llamado al primer ministro Benjamín Netanyahu a reconocer la soberanía de la Argentina sobre las islas Malvinas e imponer sanciones a Gran Bretaña mientras la ocupación continúe”, concluyó el mensaje, en el que arrobó al jefe de gobierno israelí y a Milei.
Horas después, este anunció que denunciarían penalmente a Navitas y sus ejecutivos por operar en las Malvinas.
La historia se sigue escribiendo día a día y se desconoce cuál será el próximo capítulo, pero no parece ser el cumplimiento de la promesa electoral de trasladar la embajada argentina a Jerusalem…

