Inicio ISRAEL Opinión. Los Emiratos acaban de romper con la OPEP, Israel no debe desaprovechar esta oportunidad

Opinión. Los Emiratos acaban de romper con la OPEP, Israel no debe desaprovechar esta oportunidad

Por IG
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Itongadol/Agencia AJN (Por Ilan Levinsohn/Yedioth Ahronoth).- La decisión de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) de abandonar la OPEP y la OPEP+ no es solo una cuestión petrolera. Es un terremoto estratégico en el Golfo y un desafío directo al liderazgo saudita.

En teoría, Abu Dabi justificó la decisión como una cuestión de flexibilidad productiva, afirmando que busca la libertad de establecer políticas de acuerdo con sus propios intereses energéticos a largo plazo, sin estar sujeto a la disciplina colectiva del cartel. Pero en Medio Oriente, especialmente en el Golfo, nada es meramente técnico.

Los EAU no solo abandonaron un grupo petrolero. Le comunicaron a Arabia Saudita que ya no puede darse por sentado que Riad dicte la línea económica regional.

Durante décadas, el poder de la OPEP se basó no solo en la cantidad de barriles extraídos, sino también en la disciplina: los productores aceptaban límites, mantenían sus disputas en secreto y proyectaban un frente unido, incluso cuando las rivalidades bullían bajo la superficie. Los Emiratos ha desmantelado ahora esa fachada.

Una vez que un Estado tan rico, capaz y central como los EAU se retire, otros se preguntarán rápidamente por qué deberían seguir pagando el precio de la moderación impuesta desde arriba por Riad.

Esa es la primera gran consecuencia. La OPEP se debilita no necesariamente porque los precios del petróleo se desplomen mañana, sino porque el mito del control se ha visto dañado. Los mercados no solo responden a la producción, sino también a la confianza. Y el mensaje de Abu Dabi es claro: el cartel ya no es el único actor relevante.

La segunda consecuencia apunta directamente a Arabia Saudita. La relación entre Riad y Abu Dabi se ha presentado durante mucho tiempo como una sociedad en el Golfo. También es una rivalidad. Ambos compiten por la inversión extranjera, los puertos, la influencia regional, la tecnología, Yemen y la futura arquitectura del Golfo. La salida de los EAU de la OPEP deja en claro que no subordinarán su estrategia nacional a la conveniencia de Arabia Saudita.

A eso Israel debería prestarle especial atención.

Los EAU acaban de dar señales de estar dispuestos a romper con los antiguos marcos cuando dejen de servir a sus intereses, e Israel debería tomar nota. Desde los Acuerdos de Abraham, ambos países han forjado una relación basada en el comercio, la tecnología, la cooperación en materia de seguridad y la preocupación compartida por Irán, pero ella aún no ha alcanzado su máximo potencial estratégico.

La ruptura de Abu Dabi con la OPEP representa una oportunidad para ir más allá del simbolismo, las delegaciones comerciales y las conferencias formales y convertir esa sociedad en algo mucho más trascendental.

En primer lugar, Israel debería posicionarse como un socio regional en materia de energía e infraestructura.

Los EAU quieren flexibilidad, diversificación y resiliencia. Israel puede ofrecer tecnología en ciberseguridad, seguridad portuaria, desalinización, almacenamiento de energía, protección de redes eléctricas y defensa contra drones.

La guerra con Irán ha demostrado que la infraestructura energética es ahora un frente de combate. Israel y los EAU deberían construir un marco conjunto de seguridad energética centrado en la protección de oleoductos, puertos, buques cisterna, refinerías e instalaciones marítimas.

Ya hemos visto los primeros signos de esta incipiente cooperación: Israel desplegó una batería de defensa aérea Cúpula de Hierro en los EAU durante la guerra, junto con personal israelí para operarla y ayudar a defender a su aliado del Golfo.

En segundo lugar, Israel debería actuar rápidamente en materia de corredores comerciales.

Unos EAU menos atados a la disciplina de la OPEP y más centrados en un alcance global independiente buscarán rutas confiables hacia Europa y el Mediterráneo. Israel debería reactivar y ampliar los debates sobre los corredores terrestres y marítimos que unen el Golfo con los puertos israelíes, concretamente el Corredor Económico India-Medio Oriente-Europa (IMEC, por su sigla en inglés). La lógica es simple: si Ormuz es vulnerable, las alternativas importan. Israel puede ayudar a proporcionar una.

En tercer lugar, Israel debería aprovechar este momento para fortalecer al sector moderado de la región.

La frustración de Abu Dabi ante la débil respuesta árabe y del Golfo a los ataques iraníes no es una mera objeción. Refleja una cuestión más profunda: ¿en quién pueden confiar los EAU cuando Teherán escale el conflicto? Israel no debería extralimitarse, pero sí dejar en claro discretamente que comprende la amenaza y está dispuesto a cooperar en la práctica.

En cuarto lugar, Israel debería coordinarse con Washington.

La decisión de los EAU también representa un triunfo para la presión estadounidense sobre la OPEP. Israel puede contribuir a enmarcar este desarrollo como parte de un realineamiento más amplio: productores de energía, potencias tecnológicas y socios de seguridad trabajando al margen de la antigua lógica del cartel para contener a Irán y estabilizar los mercados.

El peligro es la complacencia. Con demasiada frecuencia, Israel ve la diplomacia del Golfo como un premio ya ganado y no como una relación que debe mejorarse constantemente. Los EAU acaban de dar señales de estar dispuestos a romper con los marcos establecidos cuando estos ya no le convienen. Israel debería hacer lo mismo.

El fin de la participación de los EAU en la OPEP podría marcar el inicio de un orden más flexible en el Golfo. Si Israel es inteligente, no observará desde afuera. Ayudará a darle forma.

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