Itongadol/Agencia AJN.- El Ministerio de Salud israelí enviará a la Cruz Roja Internacional un informe que detalla el daño físico y mental sufrido por 12 rehenes liberados este año, incluyendo relatos de abusos sexuales, deshumanización y lesiones que les cambiaron la vida.
El informe presenta un panorama desgarrador de graves patrones de abuso, negligencia médica y condiciones infrahumanas que constituyen tortura y graves violaciones del derecho internacional humanitario.
El ministerio exige el suministro inmediato de alimentos, agua y tratamiento médico a los rehenes que aún se encuentran en cautiverio.
Un análisis de su estado de salud muestra que se encuentran en «peligro inminente y cada día que pasa aumenta el riesgo de daños irreversibles a su salud física y mental».
El documento, elaborado por la Dirección Médica del ministerio a partir de la evaluación de 12 rehenes liberados entre el 19 de enero y el 7 de febrero, describe un panorama alarmante: desnutrición severa, carencias extremas de vitaminas y minerales, consumo de agua contaminada, heridas sin tratamiento, enfermedades cutáneas y respiratorias no atendidas, así como lesiones permanentes.
Los testimonios recabados señalan que el abuso comenzó desde el secuestro, ocurrido durante la masacre del 7 de octubre de 2023. Los rehenes sufrieron golpes, heridas de bala y metralla, y fueron esposados durante horas hasta perder el conocimiento.
La atención médica, cuando se les brindó, fue incompleta o inadecuada: se administraron analgésicos en lugar de antibióticos, agravando las dolencias. Algunos cautivos debieron tratar por sí mismos fracturas o lesiones graves.
El trauma psicológico fue igualmente profundo. Varios rehenes fueron forzados a presenciar el asesinato de familiares o amigos, y la información sobre seres queridos fue utilizada como herramienta de manipulación.
Muchos permanecieron hacinados en túneles subterráneos de menos de un metro y medio de altura, con hasta seis personas en apenas dos metros cuadrados. Otros estuvieron aislados durante más de un año.
Las condiciones eran inhumanas: duchas cada varios meses, uso de una sola toalla para múltiples personas, ausencia total de provisiones de higiene femenina. La alimentación se limitaba a una comida diaria -generalmente pan de pita y arroz con insectos o gusanos- y en ocasiones pasaban días sin comer. El agua, escasa y contaminada, provocó enfermedades gastrointestinales. La pérdida de peso alcanzó hasta un 40% del peso corporal, con casos de escorbuto, sangrado de encías, dolores articulares y curación lenta de heridas.
Las deficiencias de vitaminas K, D y A derivaron en disminución de densidad ósea, riesgo de fracturas y osteoporosis. El informe también detalla humillaciones como obligarles a defecar frente a otros y episodios de acoso sexual.
Según el Ministerio de Salud, las secuelas a largo plazo incluyen daños nerviosos irreversibles, dolor crónico, infertilidad, pérdida auditiva y afectaciones psicológicas graves como estrés postraumático, pesadillas y ansiedad.

